L.H.
En la página 11 de esta edición se publica una breve crónica sobre una entrevista mantenida por dos periodistas de radio Oriental y el sacerdote Jorge Techera, vicario de la Iglesia católica, quien dentro de unos días pasará a dirigir la programación de esa emisora.
En la entrevista, Techera asegura que radio Oriental, ahora que fue adquirida por la Iglesia, podrá seguir informando sobre todos los temas. Sólo agrega que la Iglesia dará sus puntos de vista sobre cada asunto sobre el que se informe. Y que cada media hora se transmitirán buenas noticias.
Techera puso un ejemplo: dijo que en ese momento había muchos voluntarios trabajando en los merenderos para alimentar a los niños pobres y esa era una buena noticia que merecía conocerse.
¿Buena o mala? Que haya voluntarios puede considerarse una buena noticia. Que tengan tanto trabajo porque Uruguay es un país donde casi la mitad de los niños viven en la pobreza es muy malo.
Ese es el problema con las buenas noticias. A veces no es tan sencillo encontrarlas en estado puro.
Claro que ese detalle no le importa demasiado a la legión de entusiastas de las "buenas noticias" que ha aparecido últimamente. Los que piden "buenas noticias". Reclaman y exigen "buenas noticias". Recortan y pegan "buenas noticias" viejas.
En general, son gente que cree tener la verdad revelada: saben con precisión qué es bueno y qué es malo. Son propagandistas, publicistas, políticos, religiosos, casi nunca periodistas. Algunos quieren llevar agua a su molino. Otros quieren un mundo que coincida perfectamente con sus ideas y sus creencias. Creen que la realidad puede ordenarse como una milanesa con puré en la rotisería de la esquina.
El oficio del periodista es otra cosa. Es mostrar la realidad tal cual es. El público quiere saber qué pasa.