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INFORME ESPECIAL. El empleo estable es una rareza en España
Precarios de por vida
La calidad del empleo en España es una de las peores en toda Europa.

Patricia Ortega Dolz, El País de Madrid

A Paloma Caballero, que por prudencia prefiere dar ese nombre al suyo propio, no le han ido demasiado bien las cosas últimamente. Esta vasca de 36 años, licenciada en filología inglesa, se fue a Madrid hace cuatro en busca de mejores oportunidades. Algo que no ha encontrado hasta el día de hoy, al menos, en el ámbito profesional. En estos años ha tenido casi una decena de empleos con contratos diferentes. "Creo que he probado todos los tipos de subempleo que pueden existir", dice. Desde su llegada a Madrid, Paloma ha ido rotando de empresa en empresa: de profesora a secretaria o administrativa, de secretaria a limpiadora... sin conseguir un empleo estable. Ahora está desempleada y se ve obligada a trabajar unas horas de asistenta para completar su seguro de desempleo y llegar a fin de mes.

Paloma Caballero es una de esas miles de personas de las que hablan las encuestas de España sobre precariedad laboral, bajos salarios y deficientes condiciones para los trabajadores de este país en relación con el resto de Europa. Según los datos de la última encuesta sobre fuerza de trabajo elaborada por Eurostat, la oficina de estadísticas europea, el 31% de los 13,5 millones de asalariados españoles tienen contratos temporales, frente al 13% del resto de los países de la Unión Europea.

Además, un informe sobre perspectivas del empleo, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), alertó hace un mes sobre el desequilibrio entre la calidad del empleo temporal y el trabajo fijo existente en España.

Una de los temas más polémicos son las empresas de trabajo temporal.

Gimena Camino, de 29 años y madre de dos hijas, después de múltiples contratos temporales en toda clase de empresas, trabaja desde hace seis años para una ETT, una empresa de trabajo temporal, de telemarketing.

Camino consiguió el año pasado, tras seis años en esa empresa, su primer contrato fijo. Hasta entonces ella había estado allí con diferentes contratos temporales por obra, en detrimento de su antigüedad y de su sueldo.

"Lo que hacen las ETT es cambiar de nombre y te contratan de nuevo, si quieren, para hacer el mismo trabajo pero sin tener en cuenta tu antigüedad y, a veces, hasta bajándote el sueldo", explica Camino. "No hay derecho. Me da risa cuando oigo al presidente Aznar decir eso de que el sueldo medio de un español es de 1.200 euros. Deben de hacer la media con el de un futbolista y el mío", señaló.

También a Gimena se refiere la última encuesta de Eurostat, que evidenciaba que el 65% de los españoles contratados en ETT tienen menos de 30 años, y su situación aparece íntimamente ligada a la temporalidad.

Según los sindicatos, los contratos temporales tienen todas las ventajas para los empresarios y casi ninguna para la mayoría de los trabajadores porque no tienen costo de despido, y, además, el empresario entiende que el mejor incentivo para un trabajador es que tenga siempre la espada de Damocles sobre su cabeza.

Con esa presión ha vivido siempre Gimena, desde que se independizó con 18 años. Para ella, llevar su casa es todo un ejercicio de ingeniería financiera para llegar a fin de mes, como el del 55,6% de los hogares españoles, según los datos presentados esta semana por el Instituto Nacional de Estadística. "Me paso, y me he pasado, la vida trabajando para pagar. Trabajo como teleoperadora de ocho de la mañana a cuatro de la tarde y hago todas las horas extraordinarias que puedo. Después de 11 años, ¿no debería poder vivir en una casa que fuera mía, en lugar de en una vieja que se cae a pedazos y con un miedo pavoroso a que me suban el alquiler? ¿No debería poder pagar el comedor del colegio de mis hijas?", se pregunta con rabia.

Según el dirigente sindical Tony Ferrer, "hay una utilización abusiva y perversa de la contratación temporal. El Partido Popular ha fomentado la temporalidad como ventaja competitiva de las empresas, pero es competir sólo en costos, y no en calidad humana y de productos".

Sin embargo, un portavoz de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) considera que, "la contratación temporal desempeña un papel de flexibilidad que permite a las empresas adaptarse ante los flujos variables de trabajo". Y añade que la dificultad de demostrar que un despido se realiza por causas objetivas y, "sobre todo, las diferencias entre las condiciones de contratación indefinida y temporal, pueden estar en el origen de este fenómeno".

El Instituto Nacional de Empleo registra, uno por uno, todos los contratos laborales que se firman en España. "Queda constancia del número de contratos que ha tenido cada persona, de cuánto tiempo, de qué tipo, en qué empresa, y se puede ver perfectamente cuándo ha habido un encadenamiento que refleja una actividad permanente cubierta con contratos temporales. ¿Por qué no se persigue?", se pregunta retóricamente el dirigente sindical Carlos Martín.

Según Carmen de Miguel, secretaria general de Empleo, "la Inspección de Trabajo está incrementado sus actuaciones en este tema, dado que constituye una prioridad. En este último año sólo se encontraron irregularidades en el 5,7% de los contratos controlados".

Pero deben seguir quedando sin analizar casos como el del último trabajo de Paloma Caballero. Fue en una empresa de transporte de arte donde trabajaba como administrativa. Primero le hicieron un contrato de prueba de cuatro meses; luego, otro, también de prueba, de otros dos; después temporales y así hasta un año y medio, "porque no lo veían muy claro", le dijeron.

El número real de desempleados en España se sitúa entre 1.607.847 y 2.085.000. Y la mayoría de los contratos (más del 90%) registrados en el Instituto Nacional de Empleo siguen siendo temporales, según los datos de los sindicatos. Contratos como los de las ofertas que pueden leerse en los periódicos: salarios de 702 euros con las pagas prorrateadas por ser auxiliar administrativo a tiempo completo, o un sueldo de 360 euros por dedicar cuatro horas diarias a ser azafata en un puesto de productos con un contrato por obra, aunque de entrada te aseguran que "la actividad dura todo el año". O contratos de mensajeros con moto propia que van a comisión porque "se cobra por una serie de conceptos", con contrato temporal de tres meses: "Estamos estudiando la posibilidad de dar un sueldo fijo, pero puedes ganar entre 800 y 1.500 euros", asegura la telefonista.

Ésa parece ser la realidad del empleo en España. Realidad que incluye también la subcontratación, ya sea mediante otras empresas o mediante personas autónomas. Los sindicatos opinan que este sistema se ha generalizado y produce un alejamiento del trabajador y el empresario. Aparecen empresas pantalla que ocultan a la empresa madre y evitan los vínculos y los compromisos directos con los trabajadores.

La visión de los empresarios es casi la contraria. "A medida que los mercados son más abiertos", argumenta un portavoz de la CEOE, "hay más incertidumbres derivadas de la competencia, y las empresas se reorganizan. Pero esos cambios no implican peores condiciones, sino al contrario, ya que si permiten ser más competitivos generarán o mantendrán más empleo".

En el mismo sentido se pronuncia José Eugenio Azpiroz, diputado del Partido Popular: "La subcontratación existe en todo el mundo. Cuestión diferente es que se regule, pero es necesaria para ser competitivo. Aún no lo tenemos bien encauzado. Es un mundo nuevo, en expansión".

La oposición apuesta directamente por poner en marcha medidas concretas que corrijan esta situación. Ramón Jáuregui, portavoz de empleo del Partido Socialista, asegura que "hay que poner coto al abuso exagerado de la contratación temporal, y, por tanto, procede una revisión de sus formas contractuales".

Desde Izquierda Unida, Javier Alcázar apuesta por incluir un sobrecosto a la contratación temporal. Y coincide con Jáuregui en la necesidad de regular la subcontratación y de fortalecer la Inspección. Además, introduce la idea de la revisión del salario mínimo, hoy, de 451 euros (unos 460 dólares), un 24% más bajo de lo considerado digno en la Carta Social del Consejo de Europa y el más bajo de los países de la zona. "Hay que darle una dimensión real para evitar el abuso de los bajos salarios", sostiene.

Son propuestas para resolver problemas concretos, visualizados a través de las vidas de Paloma, Gimena, y otras muchas personas.

Como Miguel Noya, 31 años, redactor 12 horas al día de un canal de televisión que le ha encadenado innumerables contratos, por el módico precio de 12 pagas de 751 euros, o Diana, colombiana de 34 años, que prácticamente vive en el café-bar en el que trabaja sin contrato por 480 euros al mes, o José Luis Solano, 41 años, casado y con una hija, que ha soportado años de incertidumbre con contratos temporales levantándose a las tres y media de la madrugada para trabajar 12 horas de comprador, vendedor, repartidor y contable en Mercamadrid a cambio de 12 pagas de 1.020 euros mensuales, o Andrés Moreno, 53 años, que lleva dos semanas de taxista en el vehículo de un amigo tras la reestructuración de su empresa que le ha dejado en la calle, declarándose arruinada, después de 20 años, o...



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