Alicia Rivera, El País de Madrid
El Exxon Valdez, un barco que en 1989 protagonizó el derrame de petróleo más grave de la historia, no quedó fuera de circulación tras la tragedia. Reparado y rebautizado como Sea River Mediterranean, siguió transportando crudo hasta octubre, cuando su empresa propietaria, Sea River Maritime, decidió retirarlo.
Pese al cambio de nombre, el buque no pasó la década de los 90 tan desapercibido como sus dueños hubieran deseado. Activistas de Greenpeace intentaron varias veces repintarle su nombre original y en 1994 lograron escribir en el casco: "Deténganme antes de que vuelva a derramar petróleo".
Construido en 1986, el Exxon Valdez se dedicó al transporte de crudo desde Alaska a las refinerías de la costa oeste de Estados Unidos hasta que el 24 de marzo de 1989 encalló, llevando una carga de casi 200 millones de litros de crudo.
El capitán Joseph Hazelwood, sometido a un programa de rehabilitación por alcoholismo, había bebido ocho vasos de vodka; el buque quedó a cargo de un tercer oficial inexperto, y de una tripulación agotada. Como resultado del accidente, 40 millones de litros de crudo cayeron al mar y 750 kilómetros de costa en el estrecho de Prince Williams fueron contaminados.
El derrame del Exxon Valdez no sólo fue un dolor de cabeza para los ecologistas y los habitantes de la bahía de Alaska sino también para sus propietarios, aunque por otras razones. A la petrolera Exxon le costó 2.000 millones de dólares limpiar el vertido, además de las multimillonarias demandas a las que tuvo que hacer frente.
Tras reparar el barco, Exxon lo rebautizó, lo transfirió a una de sus empresas subsidiarias y lo mando a navegar muy lejos de las costas en las que había hecho estragos, ya que una ley estadounidense le prohibió expresamente volver a Alaska. En su nuevo destino, las aguas del Mediterráneo, el barco resultó poco rentable y por eso fue finalmente retirado de circulación.