Cuando los socios de la empresa Agrobiotruf S.A. se decidieron a poner en marcha productiva el estudio de la UC del Maule, que confirmó la opción de cultivar trufas de forma artificial en Chile, cundió el escepticismo.
Y es que las complicaciones para producir este hongo llamado "oro negro" pueden decepcionar a cualquiera, pese a ser muy apetecido por la alta gastronomía internacional y alcanzar elevados precios de venta. Por ejemplo, un cultivo puede demorar diez años en dar resultados.
Sin embargo, la dedicación y el esfuerzo son premiados con la venta del producto, ya que un kilo de trufas se transa en US$ 1.500 en Europa.
La primera vez
La semana pasada se marcó un hito que excedió los cálculos de los más optimistas. En un predio ubicado cerca de Panguipulli, en la provincia de Valdivia, limítrofe con Argentina, se extrajeron las cinco primeras trufas a cinco años de la plantación de los árboles -principalmente olivillo y roble chileno-, que fueron inoculados en sus raíces con cepas españolas para el crecimiento del hongo.
El encargado de hallarlas fue "Polo", un ágil perro labrador que fue adiestrado especialmente para la cosecha, tal como se hace en los países en donde la actividad suma décadas de tradición.
"Polo" avanzó rodeando los árboles, husmeó moviéndose en círculo alrededor de los olivillos y tras escarbar un poco para marcar el punto exacto, se echó a un costado esperando su recompensa en comida. Luego, sólo se debe hundir una pequeña pala en el sitio para sacar una trufa de unos 250 gramos, oscura y redonda.
Es esa misma forma y el color café intenso las que llevaron a que las tradicionales bolas de chocolate, propias de la pastelería, preparadas bajo diversas recetas, hayan sido bautizadas con el mismo nombre. En Chile (como en Uruguay) al hablar de trufas se asocia con chocolate y no pocos se extrañan al saber que las verdaderas, las originales, salen de la tierra y poco tienen de dulce y de aroma a cacao.
En el hemisferio norte, sobre todo en países como España, Francia e Inglaterra, donde el nombre no llama a confusiones, un pequeño "raspado" del producto sobre un exquisito plato constituye un agasajo inigualable para el comensal. Las trufas en conserva, del tamaño de una avellana, pueden costar más de US$ 18 y una botella de aceite de oliva aromatizada más de US$ 32.
La ministra de Agricultura chilena, Marigen Hornkohl, presente en la primera cosecha, calificó como "casi un hallazgo de petróleo" lo que ocurrió en Panguipulli.
No fue la única cara sonriente. La Fundación para la Innovación Agraria del Ministerio de Agricultura (FIA), que invirtió cerca de US$ 350.000 en este proyecto; Agrobiotruf S.A. -la empresa de cinco privados que invirtieron otros US$ 240.000-, y los dueños de los predios que son trabajados desde Talca a Coihaique no esconden su alegría al surgir la prueba definitiva de que este cultivo es viable en Chile.
"Afortunadamente, el FIA nos apoyó. Hay mucho esfuerzo para llegar a esto y queremos que esto sea una verdadera alternativa agroforestal", dice Ricardo Ramírez, gerente de Agrobiotruf.
Hoy existen en Chile 70 hectáreas plantadas, aún jóvenes para entrar en producción; y la meta es llegar a 100 anuales. Cada hectárea podría entregar entre 40 y 60 kilos. Datos más que suficientes para que algunos, sin siquiera sumar, saquen cuentas alegres. EL MERCURIO, GDA
El murillo le compite
En Concepción, el restaurante "Le Chateau" ofrece en su carta la "salsa murillo", una preparación que acompaña carnes o pescados en base a otro hongo conocido como "murillo" o "mochela", que se extrae desde la tierra bajo plantaciones de árboles nativos en zonas cordilleranas, entre agosto y octubre de cada año.
Los habitantes de la zona del Alto Biobío lo extraen y comercializan desde hace décadas.
De hecho, en el restaurante penquista se ofrece desde hace al menos 15 años, cuenta su dueña Ariane Maira. El gusto es similar al de un champiñón.