Socios mayores desatendieron a Uruguay

| Se licenció en Economía Política en la UBA y se posgraduó en Bruselas. En su trayectoria en el sector público, académico y privado destacan la fundación y dirección de la consultora Ecolatina, haber sido negociador jefe frente a Brasil, secretario de Industria y Comercio Exterior, embajador ante los organismos internacionales y la Unión Europea y ministro de Economía desde 2002 hasta fines 2005. Artífice de la recuperación argentina tras la crisis, se postuló a presidente en 2007 con partido propio ubicándose tercero con 13% de los votos. A sus 67 está casado y tiene tres hijos. Ya no milita activamente.

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Por Ignacio Quartino - iquartino@elpais.com.uy

¿Cuál es la situación actual de la economía argentina?

Empezó a desacelerarse en 2007, pero en ese entonces todavía registraba índices altos de producción. En 2008 esa desaceleración fue más fuerte, fundamentalmente en el último trimestre, que registró una caída de los valores reales de la producción y se repitió el mismo panorama en los tres primeros meses de 2009.

¿Cuáles son sus debilidades?

Durante 2006 y, sobre todo en 2007, hubo una tasa de inflación relativamente alta que se comió una parte del poder adquisitivo de la población y, en consecuencia, debilitó el motor esencial de la economía que es la expansión del consumo. Obviamente, cuando se debilita el consumo inmediatamente viene el debilitamiento de la inversión, porque los empresarios apuestan al país en tanto tenga una situación favorable. Todos esos sectores vinculados a la demanda interna empezaron a restringir sus inversiones y, en consecuencia, la generación de empleo.

¿Cuáles son los principales socios comerciales de Argentina?

China y Brasil son, sin duda, sus principales socios. En el caso de Brasil hay un componente industrial mucho mayor que en el caso chino, que está más enfocado a los agroalimentos.

¿Qué es lo que más importa?

Básicamente bienes de capital y energía. Justamente en los últimos años se debilitó la inversión y en consecuencia el ingreso de bienes de capital. En cambio, hubo que importar energía porque hace años que se cortó la inversión. Incluso hubo una restricción de energía a Uruguay, lo que marca que en ese sector hay problemas y hay una importación fuerte de energía eléctrica, de petróleo.

¿Qué visión tiene sobre el Mercosur?

Yo estuve en el origen de la creación, en 1986, y el balance que puedo hacer es que ha avanzado por debajo de su potencial. No obstante deben existir cambios que se aproximen a lo que habíamos diagramado en 1986. También es cierto que muchas críticas que se hacen al Mercosur es porque se pretende que solucione problemas para los que no ha sido creado el bloque. Por otra parte, los países de mayor tamaño relativo desatendieron a Uruguay y Paraguay durante mucho tiempo. Creo que tanto Brasil como Argentina debieron realizar un mayor esfuerzo. Nosotros fuimos los primeros propulsores de un fondo estructural de unos US$ 100 millones originariamente destinados para Uruguay y Paraguay, pero en ese entonces Brasil se oponía a hacerlo.

Después, cuando Brasil cambió de posición, el que se demoraba era Argentina. Con esto quiero reflejar que hay una responsabilidad fuerte de los países grandes de no generar políticas específicas para dos economías más pequeñas.

Usted que formó parte del proceso ¿para qué había sido creado el Mercosur?

Hay un desencanto de imaginar lo que no era. En ese entonces se había dispuesto una serie de instrumentos muy fuertes en materia de desarrollo industrial, tecnológico, entre otras cosas.

Buena parte de esos instrumentos la barrieron los gobiernos que se sucedieron en los países del bloque a principios de los años de la década de 1990 y entraron en un mecanismo más liberal, que es lo que le hizo perder al Mercosur parte de la potencialidad que tenía. Así fue que le hicieron perder buena parte del desarrollo integral.

¿Intuye cambios a un mediano plazo?

Debería, lo que pasa es que no es fácil porque, en el caso de Uruguay, hay fuerzas no menores que piensan un rumbo orientado hacia otros horizontes. Además, Argentina y Brasil tuvieron políticas macroeconómicas muy disímiles que afectaron al conjunto.

¿La mala relación entre los gobiernos de Uruguay y Argentina a raíz del conflicto por la instalación de Botnia incidió comercialmente?

Por encima de las simpatías que puedan existir, el tema de las papeleras llegó a un límite impensable. Me parece un absurdo que Uruguay y Argentina diriman el conflicto en una Corte internacional y eso tiñó toda la relación.

¿Encuentra una explicación concreta a este conflicto?

Creo que hubo errores de los dos lados. Cronológicamente, el gobierno de Jorge Batlle no supo manejar el tema en su etapa inicial y después, en los últimos años, hubo un pésimo manejo del lado argentino. Esa politización del conflicto afectó todo. De todas maneras, las relaciones entre Uruguay y Argentina son de tal profundidad que en algún punto alguien le pondrá racionalidad a esto. El tiempo y el cambio de los funcionarios pueden cambiar esto.

¿Qué aconsejaría al futuro gobierno uruguayo para encauzar las relaciones comerciales con Argentina?

Nunca recomiendo a un país hermano. Creo que hace falta un cambio de personas para reencauzar las relaciones a raíz del conflicto. Nada más.

Sin embargo, trascendió que usted asesoraría a José Mujica...

Vuelvo a lo anterior. No doy consejos y mucho menos fuera del país, porque respeto al pueblo uruguayo y a sus gobernantes. Doy la pregunta por contestada.

¿Cree que Uruguay puede buscar nuevos acuerdos, como un TLC con EE.UU.?

No conozco muy en profundidad la situación de Uruguay para hacer un TLC con Estados Unidos. Me cuesta imaginar a Uruguay en ese contexto, buscando otro tipo de asociaciones. Ahora, si cree necesario hacerlo, a Argentina y Brasil le toca no enfrentarlo, sino facilitar esos acuerdos pero regularlos de manera que no se conviertan en una brecha que lleve a violar normas muy obvias del Mercosur y que no afecte la economía del resto de los países del bloque.

Es como ocurre en los paraísos fiscales que, en lugar de negarlo, hay que trabajar para articular lo que necesita una economía más chica con reglas específicas del Mercosur.

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