Aunque todavía conserva una fisonomía de pueblo detenido en el tiempo y su escasa población apenas supera los 200 habitantes, hay quienes avizoran para el Pueblo Garzón un futuro ligado al desarrollo de emprendimientos pequeños con tinte gourmet, y por añadidura, una segunda oportunidad para una localidad con pasado comercial.
Con la construcción del molino en la década de 1920, pueblo Garzón comenzó a crecer rápidamente, llegando a 2.000 habitantes entre 1930 y 1950 cuando la actividad industrial y comercial giraba en torno al molino y a la estación de AFE. Para abastecer a sus habitantes existían en ese entonces seis carnicerías, cinco fondas, cuatro tiendas, cinco peluquerías, seis almacenes, tres zapaterías, una farmacia y siete herrerías.
Había también una línea de ómnibus a San Carlos; carruajes que trasladaban gente desde y hacia la estación con cada frecuencia de tren (cuatro diarias) y un ómnibus chico que cumplía la misma función que los carruajes.
Pero ahora, el tren fue sustituido por camionetas 4 x 4 de productores agropecuarios, empresarios deseosos de ampliar sus horizontes y turistas extranjeros que buscan un lugar distinto para poder recomendar como inversión a sus amigos al regreso.
Los valores de las tierras se multiplicaron por diez en los últimos años, y una hectárea de campo "pobre" que costaba US$ 500 hace cinco años hoy se cotiza en US$ 5.000. Por Internet, y fundamentalmente en páginas argentinas, se ofrecen chacras marítimas, de alrededor de 25 hectáreas "aptas para olivos o arándanos" a más de US$ 100.000.
En la zona urbana, adentrándose 11 kilómetros desde el kilómetro 176 de la ruta 9, la oferta de casas "a reciclar" pegó un salto al igual que sus precios. Según operadores de la zona, por "ranchos", que prácticamente eran regalados hace una década, piden "cualquier plata". Muchos le auguran un destino mixto que combine el desarrollo de un polo agroindustrial que despierte la curiosidad de visitantes locales y foráneos.
GOURMET. Quizás ya con visión de futuro o escapando de la multitud de José Ignacio, el chef argentino Francis Mallmann fue el primero en redescubrir el pueblo. Recicló una antigua casona que mira a la plaza y la transformó en un hotel boutique de cinco habitaciones (la noche cuesta unos US$ 400) y un restaurante para 50 comensales. Hoy es un punto de referencia en el circuito gastronómico veraniego.
Por su parte, en Agroland aseguran que la zona es el "último tesoro" del complejo turístico Punta del Este y auguran que en sus alrededores "se desarrollará una cuenca olivícola con numerosas plantaciones y plantas industriales productoras de aceite de oliva, como así también nuevos viñedos y bodegas como corolario de impulsar un proyecto vitivinícola de gran envergadura".
La firma es propiedad de un grupo de inversores encabezado por el empresario petrolero argentino Alejandro Bulgheroni, que se propusieron crear "una pequeña Toscana" en el este uruguayo.
La empresa desarrolla desde el año 2000 varios proyectos agroindustriales. Ya fabrica aceite de oliva con la etiqueta "Altos de Garzón" y está implementando un proyecto vitivinícola de 200 hectáreas enfocado a la producción de vinos con destino a mercados externos. El mismo proyecto contempla la producción de aceto balsámico para el mercado local y la exportación.
VIÑEDOS. Estimulado por el proyecto vitivinícola de Agroland SA y seducida por el promisorio futuro gastronómico y turístico de la zona, hace poco más de un año, Establecimiento Juanicó adquirió 19 hectáreas de campo en la localidad rochense de Garzón, con el fin de ampliar su provisión de uvas. "El año pasado iniciamos un proyecto de viñedo. Plantamos 4,5 hectáreas y vamos a tratar de completarlo este año con otro tanto" dijo a El Empresario el ingeniero agrónomo Gustavo Blumetto, subgerente agrícola de la empresa y responsable del emprendimiento, ubicado a unos 10 kilómetros del pueblo. "También tenemos un proyecto con un vecino, que tal vez se una a la propuesta, con la intención de llegar a unas 16 hectáreas" completó.
La bodega aspira a producir vinos de alta calidad aunque en una primera instancia se fabricará en el establecimiento de Juanicó. Los campos tienen buena capacidad de drenaje, son suelos de basamento cristalino, muy profundos y poco fértiles, aptos para plantar viñedos que se pueden balancear muy bien para lograr calidad. A su vez está cerca del mar, lo que es bueno desde el punto de vista de las temperaturas al momento de maduración de la uva.
"Este emprendimiento tiene un tinte tradicional para nosotros", por lo que la producción va a estar basada en variedades como tannat, merlot, syrah o petit verdot. La primera vendimia, dependiendo de la respuesta del viñedo, se realizará en 2010 o 2011.