POR VIRGINIA DÍAZ | vdiaz@elpais.com.uy
Con cerca de un millón de hectáreas reservadas para la producción orgánica de carne, leche, cereales, frutas, verduras, hierbas, miel y vinos, la actividad gana terreno en Uruguay impulsada por la demanda doméstica y externa de productos cuyo proceso no involucre fertilizantes químicos sintéticos, agrotóxicos ni conservantes.
Actualmente existen más de 31 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura orgánica en el mundo. América Latitiene el 19% del área dedicada a la actividad y el 90% de su producción se destina a la exportación, según datos aportados por Carolina Leoni, ingeniera agrónoma del Programa Cooperativo para el Desarrollo Tecnológico Agroalimentario y Agroindustrial del Cono Sur (Procisur).
SE PIDE AFUERA. Actualmente el mundo parece rendir culto a este tipo de producción, sobre todo Estados Unidos y países europeos. Vista esta oportunidad de negocio, los frigoríficos locales Tacuarembó y PUL apostaron parte de su producción a la carne orgánica y decidieron exportar. En 2007 las ventas superaron los US$ 10 millones y el área destinada a esta actividad superó las 900.000 hectáreas, estimó Hugo Bértola, presidente de la Asociación de Productores Orgánicos del Uruguay (Apodu).
César Marquisá, jefe del departamento de Extensión de PUL, explicó a El Empresario que las exportaciones del frigorífico son principalmente Estados Unidos y también a Alemania. "En los últimos años está aumentando la cantidad de carne orgánica que se comercializa. El 80% de nuestra producción se vende a Estados Unidos y el 20% restante a Europa", afirmó. Lo más pedido, agregó, son los cortes traseros.
El mercado interno no conoce la carne orgánica. El motivo: los altos costos y que Uruguay no vive problemas sanitarios graves como la Vaca Loca. "En Uruguay no es fácil comprar lomo y si a eso le sumamos que el precio aumentaría por ser orgánico, no se vende", agregó y explicó que adquirir este tipo de corte en un supermercado estadounidense puede salir 30% más que una pieza normal. Los frigoríficos, por su parte, ganan un 15% adicional al venderla.
En Uruguay existen alrededor de 600 productores certificados, de los cuales alrededor de 400 son ganaderos y cerca de 200 agrícolas. La mayor parte de estos trabajadores se encuentra en el sur del país: San José, Canelones, Colonia y Montevideo y los orígenes se remontan a los años de la década de 1980.
INTENSIVA. El movimiento de la agricultura orgánica surge como respuesta a la agricultura tradicional. Bértola recalcó que son 1.500 las hectáreas destinadas a esta actividad con una producción de más de un millón y medio de dólares y destacó casi un 60% de la mercadería se vende en los supermercados y el 40% restante en ferias ecológicas y tiendas dedicadas exclusivamente a este tipo de productos.
La agricultura orgánica implica una capacitación muy grande, explicó el ingeniero Alfredo Blum, quien agregó que están los productores cuyo trabajo se alinea a determinada filosofía de vida y aquellos que se reconvierten. Cuando un trabajador decide reconvertirse existe una baja en el rendimiento por un tiempo, dijeron los entendidos.
UN TERRENO COMPLICADO. Exportar no es fácil. El productor necesita que una certificadora internacional avale que su mercadería se produjo respetando ciertos requisitos internacionales y es muy costosa. La ingeniera Madelaine Chifflet de la Dirección de Servicios Agrícolas explicó que se está instrumentando una normativa a nivel de país y trabajando en la legislación de un sistema de certificación que facilite la exportación.
Hacia un packaging completo
Aunque el packaging "eco amigable" todavía no llega a ser la principal prioridad para los compradores, ciertamente es una demanda en potencial crecimiento que la industria alimenticia no puede ignorar.
Según una encuesta global sobre packaging de alimentos realizada por The Nielsen Company, el 90% de los consumidores mundiales "ecoconscientes" mencionaron estar dispuestos a renunciar a ciertos aspectos o roles del packaging, si esta acción ayudara a mejorar la calidad del medio ambiente.
Sin embargo, algunos roles del packaging son indispensables y estos consumidores no están dispuestos a prescindir de ellos. Menos del 30% en el nivel mundial, estaría dispuesto a prescindir de los beneficios de higiene y protección de un packaging, aunque esta acción pudiera ayudar a mejorar la calidad del medio ambiente. En tanto, roles de funcionalidad y conveniencia son más negociables.
Así, el packaging sustentable se constituye como uno de los principales desafíos actuales a la hora de la innovación. (LA NACIÓN, GDA)