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El Tacuarembó se vendió para que pudiera seguir creciendo

Aunque Fernando Secco se ofusque al recordar que de adolescente quería ser abogado y su padre lo indujo a "carreras vinculadas a la actividad productiva", la industria pronto lo apasionó. Es técnico agropecuario pero su primera tarea fue de agricultor: plantó soja en 1975. Ya a los 23 años pasó a la dirección del frigorífico Tacuarembó, empresa que fundó su progenitor Fernando Secco Aparicio. Previo a la planta, la familia tenía una carnicería en Paso Carrasco y negocios agropecuarios en Tacuarembó.

El empresario destacó los comienzos de la empresa "ya que sin ese descomunal esfuerzo primario no hubiera sido posible todo lo demás", dijo. "Es difícil imaginar lo que era ese departamento: no había energía eléctrica ni pavimento y muchos operarios iban a caballo", recordó, aunque resaltó que "la satisfacción de superarse tapa las dificultades vividas".

OTROS RUMBOS. Los hermanos de Secco, Martín y Marcelo, unos 15 años menores, también se sumaron al Directorio de la empresa, pero cuando ésta pasó a manos del grupo brasileño Marfrig en 2006, el mayor quiso desvincularse. "Al haber visto esto desde el comienzo, debía hacer un corte total", reconoció. "A veces hay que desprenderse de lo que uno no quisiera", agregó.

De todos modos, está seguro de que la venta fue una buena decisión: "Enfrentar los nuevos tiempos con una escala pequeña no era buen negocio para nadie", sostuvo y añadió que "significaba enormes inversiones para competir en un mercado cada vez más complejo y en el que ya se estaban desarrollando grandes grupos de frigoríficos".

Pero la dificultad vino al tener que decidir a qué dedicarse, ya que se sentía en plena actividad. La alternativa vino sola porque desde hacía mucho tiempo tenía ganas de desarrollar energía eléctrica propia para el frigorífico, "previendo dificultades que el país iba a vivir"; entonces comenzó a vincularse con personas que estaban en esos temas.

Es así que un proyecto de energía eólica en Tacuarembó, sumado a otros negocios agropecuarios ocupan parte de su tiempo. Además, este empresario de 57 años, casado, con cuatro hijos y dos nietos, "por suerte todos hincha de nacional", ahora disfruta más del fútbol y comenzó a hacer gimnasia, aunque reconoce bromeando que es de esas actividades "en las que se inician los viejos".



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