En 2008 China volverá a desempeñar un papel decisivo para América Latina. Con un crecimiento promedio anual de 9%, el país ya se convirtió en la cuarta mayor economía del mundo, y ha contribuido a mantener alto el precio de los commodities. El alza provocada por la demanda china es responsable de mantener positiva la balanza comercial de países como Brasil o Chile, a pesar de la revaluación de sus monedas.
Pero al mismo tiempo, los chinos volverán a ser una amenaza para las economías de la región. Con sus prácticas comerciales agresivas, su mano de obra barata y, ahora, con su rápido avance tecnológico, el país podrá robar espacio a las empresas y países que no estén a la altura del desafío. Basta ver el crecimiento de su industria automovilística, que hace temblar a brasileños y mexicanos.
Según el francés Yann Duzert, coordinador del máster en Negocios Internacionales de la FGV-Ebape, en Rio de Janeiro, los latinoamericanos deben estar atentos para la nueva fase del desarrollo chino. "China ha estado siendo impulsada por inversión extranjera directa, mano de obra barata y productos de poco valor", dice. "Ahora, tenemos una consolidación de la clase media y el país está realizando cada vez mayores inversiones en el extranjero". El experto señala que los latinoamericanos no deben ver a China como la olla con monedas de oro al final del arcoiris.
Finalmente, está la gran duda de qué pasará con el dinamismo de China después de los juegos olímpicos de Beijing. Diversos expertos han alertado que parte importante del crecimiento que se ha visto en el gigante asiático recientemente, obedece en parte a las obras de infraestructura que el evento deportivo requiere, pero también a un dinamismo artificial alentado por el anhelo chino de mostrar al mundo su economía con una mejor forma de la que en realidad tiene.