POR LAURA V. MELÉNDEZ | lmelendez@elpais.com.uy
¿Se identifica con la definición de emprendedor nato?
Me gusta mucho emprender. En toda mi vida logré emprender; encontré nuevos horizontes, nuevas tecnologías y nuevos productos. Forma parte de mi vida desde niño. Recuerdo que cuando estudiaba en secundaria un día un profesor de química preguntó a los alumnos qué día era. Nadie respondió. Yo pensé un poco y me arriesgué: "Hoy se conmemoran 40 años de que Santos Dumont realizara el primer vuelo autónomo de un aparato más pesado que el aire". El profesor hizo una disertación sobre Santos Dumont y cuando terminó yo pregunté: "¿Si tenemos a Santos Dumont, si tenemos un país grande que precisa de aviones para la integración, por qué no los fabricamos?". Eso fue en 1946. Ya pensaba en la idea de que Brasil tenía condiciones para hacer aviones y orienté mi vida en esa dirección.
Acabé siendo oficial de la Fuerza Aérea; la Fuerza Aérea pagó mi curso de Ingeniería Aeronáutica, hice un posgrado en EE.UU., y a partir de 1965 empezamos a hacer nuestro primer avión. Con una idea básica, que nos parecía fundamental y que probó ser acertada: los aviones que se fabricaban desde 1960 eran cada vez más pesados, para gran número de pasajeros, y tanto en Brasil como en el mundo se dio la tendencia de abandonar las pequeñas ciudades.
Nos imaginamos qué tipo de producto reemplazaría la ausencia de aviones en las pequeñas ciudades y empezamos a estudiar el desarrollo de un avión robusto, capaz de operar en pistas no pavimentadas, cortas, con la infraestructura precaria de las pequeñas ciudades, y fue con esa idea que hicimos un avión de 12 asientos.
¿De dónde salió el dinero?
Es una larga historia, llena de discusiones y presentaciones en todo el país buscando inversores. Pero no conseguí inversión privada, así que fui al gobierno. Y un día encontré un ministro de Aeronáutica que creyó en la idea. Empezamos en 1970; conseguimos un contrato con la Fuerza Aérea por 80 aviones Bandeirantes. Ese fue el punto de partida. Luego hicimos un avión presurizado, logramos la certificación internacional en Europa y EE.UU., y en 10 años estábamos vendiendo para 40 países.
Embraer fue ganando reputación como compañía estatal, pero en Brasil -creo que en Uruguay pasa lo mismo- los gobiernos no son estables, y cuando cambió el gobierno las dificultades para la empresa crecieron. Al inicio de la década del 90 tuvimos el coraje de proponer la privatización de la compañía.
¿Cómo fue recibida la propuesta?
Es curioso decir que fue una gran dificultad crear Embraer y también fue una dificultad privatizarla. A pesar de la resistencia a los cambios, tuvimos mucha firmeza, logramos conquistar la opinión gubernamental y finalmente la privatización fue aprobada a fines de 1994.
La compañía, privatizada, ganó una nueva dinámica. Con la administración privada la empresa enfrentó nuevos horizontes. Y este año, si ocurre lo previsto, Embraer estará fabricando más jets que Boeing y Airbus. Será la primera del mundo en fabricación. Tiene ventas pactadas por U$S 33.000 millones.
¿Quiénes son los dueños actuales?
Es una compañía totalmente abierta y cotiza en bolsa. Ningún accionistas tiene más del 5%.
¿Usted tiene acciones?
Sí, claro. Poquitas. Si tuviera el 5% de Embraer sería millonario.
¿En qué proyectos está ahora?
Soy rector de la Universidad de Santo Amaro y creé una empresa nueva de biotecnología que se basa en una tecnología absolutamente innovadora.
¿Qué produce?
Del caucho sacamos una proteína que induce la intensificación de la vascularización sanguínea. Como la sangre es el vehículo de la vida, si se intensifica en algún punto de su organismo la cantidad de sangre, se crea un ambiente de regeneración celular y de tejidos. Esto ayuda mucho a los diabéticos; no cura la enfermedad pero mejora su calidad de vida.
¿En qué etapa está la empresa?
En pleno desarrollo. Está empezando como Embraer.
¿Cómo fue su pasaje por la presidencia de Petrobras?
Muy interesante. Nosotros estábamos en el comienzo del programa de alcocombustible, que hoy es un suceso en Brasil. El 90% de los autos fabricados en Brasil son híbridos. Recuerdo que fue muy curiosa mi primera reunión como presidente de Petrobras. Me senté en la cabecera de la mesa con toda la gente de producción, tecnología, industrialización, comercialización y les dije: "Estoy sentado aquí esperando que ustedes me convenzan de que sólo tenemos petróleo en la bahía de Rio de Janeiro". Silencio general. Estaban convencidos de ello. Así que empezamos a explorar otras regiones; descubrimos petróleo en varias áreas, y descubrimos gas en la bahía de Santos. Lamenté mucho, cuando dejé Petrobras en 1989, que el plan que habíamos elaborado para la explotación de gas fuera sustituido por la negociación con Bolivia que fue un desastre.
La región atraviesa problemas energéticos. ¿Cómo se sale?
Yo diría que hay problemas pero también inmensas oportunidades.
¿Cuáles?
EE.UU. es la nación del mundo que más consume energía. De modo que si sacamos los 400 millones de habitantes que tenemos en América Latina, y aplicamos los parámetros de consumo de energía de los estadounidenses, vamos a llegar a una demanda fantástica. Hay que ver esto como una oportunidad. Tenemos que aumentar mucho la capacidad de generación de energía del continente en todos los ítems. Incluso, en los posibles nuevos paradigmas de la energía.
¿En qué tipo de energía se basan esos posibles nuevos paradigmas?
El más fantástico es la energía de hidrógeno. Es el elemento químico más abundante del Universo, y se puede producir hoy energía eléctrica a partir del hidrógeno. El proyecto de producción de energía eléctrica que existe en el mundo es la hidroelectricidad, con reservorios inmensos de agua o combustión interna. La combustión interna es uno de los peores problemas físicos que se conocen. Con el hidrógeno podemos establecer un nuevo sistema de producción de energía eléctrica que es mucho mejor que los sistemas actuales. En lugar de tener grandes centrales produciendo electricidad, el hidrógeno permite producir energía eléctrica en casa.
¿Qué falta para hacer ese cambio de paradigma en América Latina?
Cabeza.
¿Y voluntad política?
Sí, pero la voluntad política que no es la voluntad de los políticos, sino la voluntad de la sociedad para enfrentar los cambios.
¿Qué le falta a América Latina para desarrollarse?
Otra vez, cabeza. Los líderes nacionales, y no hablo sólo del gobierno, no perciben la riqueza que tenemos. Yo procuro estimular a las personas a pensar en el futuro y crear una fábrica que piense todo el tiempo cómo sucederán las cosas en el futuro.
¿Cómo se enseña a pensar en el futuro?
Es muy importante focalizar. El latinoamericano es un pueblo fantástico, pero tiene deformaciones como por ejemplo elegir a Hugo Chávez; aunque los estadounidenses eligieron a George Bush. Nos quedamos esperando que otros hagan y no nos consideramos responsables. La empresa tiene que tener un dueño, alguien que decida.
¿Cómo encaja en su visión el concepto de compromiso social empresarial?
No podemos pensar en la responsabilidad social de las empresas como si fuera un proceso de donación. En las relaciones humanas siempre tenemos que pensar en los intereses bilaterales de una conversación. La responsabilidad social tiene que establecerse sobre la base de necesidades de ambos lados.
Actualmente estoy fabricando un caso concreto en la universidad donde tenemos 15.000 estudiantes. Reuní a todos los directores y les pregunté si estaban de acuerdo con que el volumen de conocimiento mundial se expande según tasas geométricas, y si la metodología de enseñanza que utilizamos prepara a los jóvenes para ser vencedores en el mundo global del futuro. Tuvieron una duda enorme.
La competencia internacional no está en la esquina, está en Asia, Europa, América del Norte. ¿Quién hace la diferencia? Las personas, que tienen que estar preparadas para pensar globalmente. En ese escenario, creo que tenemos que enfrentar un nuevo tipo de enseñanza y asegurarnos de que los estudiantes del futuro puedan estar preparados.
Perfil
Nombre: Ozires Silva
Cargo: Rector de la Universidad de Santo Amaro
Edad: 76
Estado Civil: Casado, tres hijos y siete nietas.
Es brasileño y vino a Uruguay invitado por la Asociación Cristiana de Jóvenes para dar una charla sobre "Compromiso social de la empresa" un tema que predica desde la Universidad de Santo Amaro. Ex ministro de Infraestructura y ex presidente de Petrobras y de Varig, es uno de los mayores emblemas del mundo corporativo brasileño. "Me divierto trabajando", acostumbra decir. Reza la leyenda que duerme poco y menos toma vacaciones. Con la misma ilusión con que fundó Embraer, sueña con crear una "fábrica" de brasileños capaces de pensar globalmente y de atravesar fronteras.