La preciosa

| El perfeccionamiento del aguardiente de caña típicamente brasileño llevó a pagar U$S 650 por una botella

Hubo un tiempo en que la cachaa que se fabricaba en Brasil, se vendía en los locales sólo por un real y generalmente se pedía con una tapa en el mesón y la sencilla frase: "Deme una cachaa". Esa cachaa aún existe y la manera de pedirla es la misma. Pero el aguardiente de caña típicamente brasileño evolucionó y lo hizo con estilo. A finales de noviembre pasado, hubo quien pidió una botella de cachaa con un leve movimiento de los dedos y al final pagó 500 euros ( unos US$ 650) por la bebida.

Ése fue el valor pagado cuando se remató cada botella de la exclusiva cachaa Sagatiba Preciosa, en el segmento de Finest and Rarest Wines en una subasta realizada en Christie`s, en Amsterdam, Holanda.

¿Qué tiene de especial ese líquido dorado de alto grado alcohólico? La Preciosa reposó por 23 años en barriles de roble que fueron llevados desde Europa hace casi un siglo por Francisco Schmidt, fundador del Ingenio Central, de la destilería más antigua del estado de San Pablo, fundada en 1906, en Ribeiro Preto. Después de ser filtrada y purificada, una muestra del contenido fue enviada al Beverage Testing Institute (BTI), que evaluó su calidad. Resultado: la Preciosa es la única cachaa en haber ganado la medalla de platino de BTI, con 96 puntos de un máximo de 100.

Según la descripción del instituto, el licor tiene un color levemente ámbar, aromas de coco quemado, ciruela seca y pasas, además de un toque de miel y vainilla. Además del líquido, el embalaje también es precioso. La botella de vidrio incoloro de 700 mililitros exclusivo de Sagatiba Preciosa fue desarrollada y tuvo todos sus proveedores contratados en Francia.

El layout fue creado por Linea Design, especializada en la creación de botellas premium. El vidrio extra fino lo hizo Saverglass, quien también utilizó una tinta especial mezclada con oro para hacer los apliques en el cuerpo de la botella. Las tapas y las roscas de corcho natural fueron desarrolladas por Segede y el papel que recubre el cuello lo fabricó Domeq.

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