Economía & mercado
Por razones más del corazón que de la cabeza, el eventual relanzamiento de una nueva ronda de negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea me ha despertado una cierta ilusión. Parece curioso es cierto, que un Mercosur lleno de incumplimientos, con un affectio societatis disminuido, ingrese en negociaciones entre bloques. Es más; no sólo falta voluntad de avanzar en común sino que esto es prácticamente imposible, mientras Argentina apueste a un modelo de sustitución de importaciones, con agravios permanentes al comercio y a la libre circulación, con subsidios directos o indirectos a las exportaciones como su régimen de detracciones, con importaciones cerradas por teléfono, etc. En definitiva, ni su modelo económico ni la institucionalidad que lo acompaña, hacen posible avanzar. A esto se suman las crecientes dificultades que plantea la política de Brasil, que mira antes que nada la autosuficiencia alimentaria, lo que genera cíclicamente problemas a nuestras exportaciones de lácteos y arroz. Ello no obstante, como no se negocia para los países de hoy sino los de pasado mañana es posible conversar, del mismo modo que lo hacíamos con el Brasil de la inflación pre Fernando Henrique, sabiendo que ese flagelo debía algún día desaparecer.
Hay sin embargo algunas condiciones que pueden favorecer una cierta aproximación mayor, quizás mínima, quizás lenta. Así lo recogí de la conferencia de un experto, el Ing. Agr. José María García Álvarez Coque, de la Universidad de Valencia, traído por la Asociación Rural. Aunque el tema trasciende lo agropecuario, es obvio que como en cualquier proceso de integración para Uruguay, esta materia es insoslayable. Es interesante pues repasar en los llamados "tres pilares" de la negociación agrícola -subsidios a la exportación, ayuda interna y acceso a mercados- el estado de la disposición de la Unión Europea a continuar modificando su PAC (Política Agrícola Común) a partir de la revisión prevista para el 2013.
SUBSIDIOS. La falta de un cierre próximo de la Ronda de Doha, en la que ya había acuerdo para eliminar todos los subsidios a las exportaciones en el año 2013, va a hacer correr esta fecha. No obstante, en la medida que el mundo, en particular los países como China e India, continúen sosteniendo la demanda de alimentos, este tema de los subsidios a las exportaciones no es de esperar que moleste mucho. Cabe recordar que aunque Europa prácticamente no aplica hoy este tipo de instrumento, cualquier contratiempo podría hacerlos volver a aparecer ya que no hay compromisos hoy de eliminación total, como se verificó en el año 2009. El cierre de Doha consolidará esta eliminación que hoy, dados los precios internacionales, no cuesta mucho políticamente.
AYUDA INTERNA. En este pilar de la negociación hay abundantes transformaciones en las dos últimas décadas en Europa tanto en el monto por país (aumentó el número de países) como en la naturaleza de las ayudas. Es sabido que la ayuda interna, si tiene efectos en el precio doméstico, genera distorsiones enormes en la asignación de recursos, en la oferta global, y a la vez exige aranceles altos que preserven ese precio alejado del internacional. Por eso, luego de la Ronda Uruguay, las ayudas fueron derivando desde los precios hacia el ingreso, a programas vinculados al desarrollo rural, al medio ambiente, etc. Es interesante a este respecto considerar que en el año 1995, los gastos de la PAC se componían casi completamente de subsidios a las exportaciones, apoyos al precio de mercado, pagos directos no disociados de la producción, y porcentajes menores de pagos desconectados de ella. En la actualidad, las ayudas casi no incluyen los tres primeros tipos de apoyo que son los más distorsionantes del comercio; en cambio, casi el 80% de esas ayudas son las desconectadas de la producción, es decir las teóricamente menos objetables. Este proceso se pronostica debería profundizarse aunque sin reducirse el monto. Yo creía que la crisis económica europea podía lograr reducciones en las ayudas por razones presupuestarias; pero el especialista mostró no sólo la escasa proporción de la PAC en todo el gasto público europeo, sino las dificultades políticas de tocar estas ayudas. Pronosticó en cambio una modificación entre países, ya que las ayudas son demasiado asimétricas entre ellos.
ACCESO A MERCADOS. El experto fue muy claro al señalar que la reforma de la PAC, prevista para el 2013 y con una vigencia del 2013 al 2020, contendrá muy escasas modificaciones en materia de aranceles a la importación y en general de otros mecanismos de acceso como por ejemplo cuotas. Esto es malo en general pero podría no serlo en particular para algún producto. En efecto, el valor de una cuota, su renta, es mayor cuanto más altos son los aranceles y más chica es la cuota global respecto del consumo. En otras palabras, si continúan existiendo aranceles altos, la situación es mala si no tenemos cuotas. Pero las que logremos valdrán más cuanto más cerrada se mantenga esa economía.
En definitiva, puede aspirarse a que desaparezcan en unos años los subsidios a la exportación si cierra la ronda de Doha, a que las ayudas no se reduzcan aunque sean algo menos distorsivas, y puede esperarse poco de caídas arancelarias aunque a lo mejor algo en la negociación por cuotas. Este panorama de la Política Agrícola Europea, que no es diferente al de los últimos tres años, no configura un escenario demasiado estimulante en una negociación con el Mercosur desde la perspectiva del sector agrícola y agroindustrial, salvo por la obtención de algún incremento en cuotas actuales.
¿Y NOSOTROS? Sin embargo, la limitación mayor se encuentra por el momento en la ausencia de un proyecto de integración en nuestros cuatro países, que no hemos podido encontrar modelos económicos compatibles con una libre circulación poco entendida. Los países nunca vieron al espacio aduanero único como lo que es, un espacio de competencia, y prefirieron tomarlo como una forma de complementar la oferta doméstica, competitiva o no. Y el rebrote proteccionista mundial post crisis no sólo fortalece estas opciones anti comercio, sino que termina por abroquelar, en especial a Argentina, en un modelo de reindustrialización incompatible con la construcción de zonas de libre comercio o de uniones aduaneras. Ni el Mercosur de "compañeros", logró que las cosas se arreglaran; de hecho nunca anduvieron peor.
Por suerte existen China e India para mover todo el mundo agrícola y no tener que soñar ni con Europa ni con más y mejor Mercosur. Estaría bueno, sin duda, pero hay que esperar algunos años…