Puerta abierta para la inflación

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JORGE CAUMONT

Economía & mercado

La economía uruguaya crece a buen ritmo; su inflación es relativamente baja y su sector externo es superavitario. Tal vez se comprendan mejor esos tres resultados usando un lenguaje más común. La economía uruguaya crece a buen ritmo porque la producción y las importaciones se expanden en los últimos dos o tres trimestres para atender a la demanda de consumidores -empresas e individuos- privados y públicos, a la demanda de inversores -empresas e individuos- privados y públicos, a la del Gobierno Central y a la demanda de los extranjeros que requieren exportaciones uruguayas de bienes y de servicios. La expansión ha reducido la tasa de desempleo y aumentado la tasa de empleo; la primera de ellas a un nivel muy bajo para la serie histórica que se considere para nuestro país y, la segunda marcando que el empleo está próximo o en el nivel de pleno empleo.

La inflación es baja porque a pesar del incremento de la demanda de consumidores, inversores, Gobierno Central y extranjeros, la respuesta de la producción local y de las importaciones ha sido suficiente para evitar el racionamiento de esas demandas a partir de aumentos de precios. Y el sector externo es superavitario porque las transacciones comerciales, financieras y de capital entre las personas, empresas e instituciones que residen en el país arriman más moneda extranjera o divisas, que los montos que se llevan las que residen en el exterior: en definitiva, porque sobran las divisas en el mercado de cambios.

MEZCLA DE POLÍTICAS. Los resultados, vistos aisladamente, son buenos y reflejan el uso combinado de una serie de instrumentos de naturaleza fiscal, monetaria y cambiaria y mezclados con una política salarial determinada (consejos de salarios en el contexto de pautas del Gobierno Central). Es necesario y de orden indicar que la combinación de políticas que se emplea en nuestro país difiere de la que se utiliza en Brasil, Colombia y Perú y sustancialmente de la de Argentina. Y en todos estos países las tasas de crecimiento de la actividad económica -producción local e importaciones de bienes y de servicios- superan largamente el promedio histórico. Brasil, por ejemplo, tendrá una expansión superior al 7% este año, una inflación de 5,1% y un resultado externo superavitario. Perú crecerá 6,8%, tendrá una inflación de 2,5% y su resultado externo -balanza de pagos-, será también superavitario. Colombia crecerá casi 4%, tendrá una inflación de 3,1% y su balanza de pagos será excedentaria. Argentina crecerá 6,5%, tendrá una inflación que para quienes informan al Banco Central será de 10,8% pero que en sus informes privados a empresas ubican en no menos de 25% y el resultado de la balanza de pagos será positivo. En todos los países comentados la tasa de desempleo ha caído a niveles de los más bajos históricamente. Considerando esta información sobre países que emplean combinaciones de políticas macroeconómicas -fiscal, monetaria y cambiaria- diferentes, lo lógico es pensar que los resultados están vinculados además de a ellas, a circunstancias externas: precios internacionales de los commodities de exportación bien por encima de los promedios históricos y, sobre todo, a tasas de interés mundiales y de rendimientos de títulos públicos de los países desarrollados muy bajas y que continuarán en el futuro por un lapso importante en la medida en que un "double dip" o regreso de la recesión en los desarrollados se desee evitar.

CÓMO CIERRA. En Uruguay desde 2008, además de las circunstancias favorables externas, se han aplicado -con alguna excepción trimestral de ese lapso- políticas fiscal y monetaria sumamente expansivas. El gasto primario del Gobierno Central -excluido el pago de intereses de deuda- ha trepado 60% en dólares en los últimos dos años y medio y la deuda pública total ha crecido 38%. En el caso de la política monetaria, la expansión de la cantidad de dinero ha llevado a las tasas de interés en pesos a niveles bajísimos que estimulan el gasto antes que el ahorro. Y la política cambiaria actúa como freno a la inflación en algunas oportunidades y para restituir la competitividad de las exportaciones y de las actividades que sustituyen importaciones en otros. Todas esas acciones, conjuntamente con los buenos precios internacionales de los commodities y con las muy reducidas tasas de interés y de rendimientos, relevantes internacionalmente, han estimulado a los componentes de la demanda global de la producción uruguaya. Al consumo privado lo impulsan las bajas tasas de interés y el propio aumento de la riqueza real y financiera que provocan las bajas tasas así como el crecimiento del ingreso al crecer la producción. Lo mismo ocurre con la inversión privada. Y el aumento del gasto público se suma a la demanda de consumidores e inversores mientras que los buenos precios externos -y el crecimiento de la región-, elevan los montos y volúmenes exportados. La demanda global en aumento se nutre de la producción local y de las importaciones y su crecimiento es la base para el aumento del empleo y la reducción de la tasa de desempleo.

Hacia el futuro, la combinación de políticas macroeconómicas que impulsa el gobierno no parece diferir de la descripta. El presupuesto quinquenal incluye nuevas alzas del gasto público y si bien se persiguen fines compartibles, no menos cierto es que engrosan la demanda global e impulsarán la producción local. Por otro lado, el Banco Central mantiene y no hay indicios de que vaya a cambiar su política monetaria expansiva con muy bajas tasas de interés para lo que han sido históricamente, reforzando el estímulo para consumir e invertir en activos reales. A ello se agrega una política cambiaria que busca un tipo de cambio nominal y real más alto lo que en un contexto de superávit externo -abundancia de moneda extranjera- implica intervenciones compradoras de divisas del Banco Central con aumentos en la cantidad de dinero circulante para adquirirlas. Ese conjunto de políticas expansivas se ve acompañado por aumentos salariales nominales y, ante la baja tasa de desempleo -que en algunos sectores es reflejo de sobre empleo-, también reales. La respuesta a todo ello no puede ser otra que la intención lógica de los productores locales de aumentar los precios lo que iniciaría tras los esfuerzos de evitar la inflación del gobierno vía manejo de tarifas públicas, una carrera inflacionaria que, a mi juicio, será en las condiciones descriptas, inevitable. No es lo mismo mantener políticas expansivas con una tasa de desempleo alta que continuarlas cuando el sobre empleo caracteriza a sectores importantes de la economía.

El futuro nunca llega pero momentos futuros próximos siempre arriban y es entonces que podremos verificar si efectivamente la inflación se irá instalando en Uruguay si no se modifica ni el objetivo de crecimiento actual ni las políticas que se emplean para lograrlo.

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