El crédito otorgado por bancos extranjeros es un componente importante de los flujos de capital internacionales hacia los mercados emergentes, y constituye una característica distintiva de la globalización financiera.
En los años previos a la crisis reciente, dicho crédito se expandió con rapidez, y fue canalizado tanto desde las casas matrices de los bancos en el extranjero, como a través de sus filiales locales establecidas en los países emergentes. En muchos países, sobre todo en América Latina y en los mercados emergentes de Europa, los bancos extranjeros fueron una fuente significativa de financiamiento para hogares y empresas. Con sus pros y sus contras, la actividad de los bancos extranjeros parecía haber fomentado la competencia y contribuido a la estabilidad financiera global.
Durante la contracción crediticia mundial, los bancos extranjeros se tornaron en un potencial mecanismo de transmisión de la crisis de las economías avanzadas hacia los mercados emergentes. Lo que más se temía era que los flujos bancarios se interrumpieran repentinamente, trastornando la estabilidad macroeconómica y desbaratando los esfuerzos de recuperación económica.
Pero la situación de América Latina tomó un rumbo bien distinto del de las economías emergentes de Europa. América Latina no sufrió un cese repentino de los flujos de capital, sino que el crédito de los bancos extranjeros continuó creciendo, aunque a un ritmo más moderado. A fines de septiembre de 2009, el total de créditos activos de bancos extranjeros en América Latina era ligeramente superior al nivel de un año antes, cuando el colapso de Lehman Brothers hizo tambalear las finanzas internacionales. En los mercados emergentes de Europa, por el contrario, el crecimiento de los préstamos de los bancos globales sufrió una caída pronunciada cuando el crédito mundial comenzó a desacelerarse a mediados de 2007, y para comienzos de 2009 había entrado en terreno negativo.
DIVERGENCIAS. ¿Qué explica esta divergencia? Una diferencia clave entre ambas regiones fue la contribución de los bancos extranjeros al rápido crecimiento del crédito interno en los mercados emergentes de Europa durante la gestación de la crisis. La mayoría de estos mercados experimentaron un boom crediticio alimentado por bancos de Europa occidental con operatoria internacional. Estos bancos transfirieron grandes capitales a sus subsidiarias, que a su vez los canalizaron dentro del mercado nacional. Como consecuencia de esta agresiva estrategia de expansión de los bancos occidentales, la mayor parte de esos sistemas bancarios quedó dominada por bancos extranjeros, alcanzando en algunos casos cuotas de mercado de más de 90%. En América Latina, en cambio, el crecimiento del crédito bancario del exterior fue más moderado y los préstamos de las subsidiarias dependían mucho menos del financiamiento externo procedente de las casas matrices (mayormente España, Estados Unidos y el Reino Unido). Al mismo tiempo, la participación extranjera en la propiedad del sector bancario doméstico ha sido en términos generales más baja.
Cuando la crisis estalló, los mercados emergentes de Europa eran financieramente más vulnerables que América Latina: el crédito había crecido más rápido, la deuda externa era más alta y los déficits en cuenta corriente eran más profundos. La contracción crediticia que siguió al derrumbe de Lehman Brothers golpeó con especial dureza la actividad de estas economías europeas, causando profundas recesiones. La fuerte desaceleración del crédito privado probablemente haya sido resultado de la disminución tanto de la demanda como de la oferta de crédito. Por tanto, la distinta dinámica del crédito de los bancos extranjeros a los mercados emergentes de Europa podría explicarse en parte por condiciones macroeconómicas más cíclicas en estos mercados en comparación con América Latina.
DISTINTAS ESTRATEGIAS. Otro factor importante que puede explicar la mayor desaceleración del crédito en los mercados emergentes de Europa en relación con América Latina tiene que ver con las diferencias en los modelos de negocios y estrategias de expansión que los bancos internacionales aplicaron en una y otra región. Entre ellos, se destacan dos. En América Latina, las filiales locales estaban financiadas principalmente a través de depósitos nacionales (relativamente estables durante las crisis), y no a través de préstamos o transferencias de capital de sus casas matrices.
Por ende, el crédito que otorgaban fue menos vulnerable a la interrupción repentina del financiamiento externo de corto plazo y a la contracción de la liquidez internacional. En las economías emergentes de Europa, por el contrario, el crédito de los bancos extranjeros dependía en gran medida de las casas matrices de bancos radicados en Europa occidental, que se enfrentaron a un estrés financiero significativo y a una escasez de liquidez interbancaria durante la crisis. Esto los empujó a recortar el financiamiento a las filiales locales, que a su vez replegaron el crédito concedido en los diversos mercados nacionales.
La composición por monedas del crédito de los bancos extranjeros también es sustancialmente diferente entre las dos regiones. En América Latina, el 60% estaba denominado en moneda local. La dolarización financiera es baja en la mayoría de las grandes economías latinoamericanas, y disminuyó sistemáticamente en las más dolarizadas a lo largo de la última década.
En los mercados emergentes de Europa, el 60% del crédito bancario externo está denominado en moneda extranjera. Dado que las subsidiarias locales dependían de fondos en moneda extranjera procedentes del exterior y tenían que mantener calzada la composición en divisas de sus activos y pasivos, el grueso del crédito de las filiales locales de los bancos extranjeros estaba denominado en euros, y no en la moneda local.
De acuerdo con algunos trabajos recientes, estos dos factores jugaron un rol importante durante la reciente crisis. Kamil y Rai estudiaron en detalle cómo las fuentes de financiamiento y la composición en divisas del crédito afectaron la robustez del crédito bancario extranjero ante shocks externos en América Latina. En concreto, evaluaron los efectos de tres factores determinantes de la reciente turbulencia financiera internacional: la escasa liquidez interbancaria, el deterioro del patrimonio de los grandes bancos de las economías avanzadas y el endurecimiento de las normas crediticias de los sistemas bancarios de las economías desarrolladas. Habiendo controlado otras variables que influyen en el financiamiento bancario externo, los autores encuentran que la propagación de estos shocks financieros mundiales fue considerablemente más atenuada en los países latinoamericanos en los cuales el grueso del crédito estaba denominado en moneda local y los bancos extranjeros se financiaban a través de depósitos nacionales.
LA VOLATILIDAD. El comportamiento del crédito de los bancos extranjeros a América Latina y los mercados emergentes de Europa durante la crisis reciente sugiere algunas lecciones para reducir la volatilidad financiera, y es relevante para el debate sobre los costos y los beneficios de abrir el sector bancario nacional a la competencia extranjera. El crédito bancario externo financiado con depósitos nacionales y denominados en moneda local tiene más probabilidades de resistir los shocks financieros externos y, de hecho, en América Latina sirvió de barrera contra su transmisión. Esto parece explicar por qué las economías latinoamericanas no sufrieron tanto como otros mercados emergentes los efectos del desapalancamiento mundial y el repliegue del crédito de los bancos extranjeros.
Jorge Iván Canales-Kriljenko y Herman Kamil son Economista Principal y Economista, respectivamente, del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. Brahima Coulibaly es Economista Principal de la División de Finanzas Internacionales de la Junta de la Reserva Federal de Estados Unidos.
Fuente: Finanzas & Desarrollo.