Los desafíos de un mundo en crisis

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El panorama mundial sigue surcado de señales contradictorias que realzan la complejidad de la situación, la profundidad de una crisis aun no resuelta y, por ende, los límites de política económica, en particular en lo que hace a los incentivos para revertirla.

Los últimos indicadores de actividad económica de Estados Unidos continúan propagando incertidumbre sobre la calidad y el alcance de la recuperación que se venía insinuando a escala mundial. Las últimas cifras de su crecimiento muestran un ritmo anualizado del 2,4%, cuando a fines de marzo era un saludable 3,7%. De confirmarse esa tendencia, estaría creciendo por debajo de su potencial a pesar de los estímulos aplicados. Analizar esa realidad por sus fuentes de crecimiento no da pistas ciertas, salvo que la tasa de ahorro privado aumentó, lo cual bajó su endeudamiento. Si eso responde a un hecho puntual de reequilibrio, implica más consumo futuro. Pero si es una tendencia, las presiones deflacionarias no serán extrañas.

Esa realidad ha llevado agua hacia el molino de quienes entienden que existen riesgos no despreciables de una recaída de la crisis o que, por lo menos, la recuperación será más lenta de lo que se esperaba. En términos prácticos, ese ritmo de crecimiento implicará un período prolongado donde coexistirán altos niveles de desempleo con niveles crecientes de endeudamiento público debido al financiamiento de las políticas de estímulo.

Eso abona los argumentos de quienes bregan por más estímulos en contraposición de quienes dicen que llegó el momento de revertir las medidas de emergencia sólo justificadas para lidiar con una situación extraordinaria y cuya permanencia agrega ruido, dificultando la toma de decisiones del sector privado y por tanto enlenteciendo la salida.

En tanto, la deuda de varios países de la periferia europea sigue siendo tema de preocupación. Hay consenso que en algunos casos la situación es insostenible en el largo plazo de no mediar alguna fórmula correctiva: el tema es el cómo. Es interesante observar ciertos paralelismos con la situación que vivieron varios países latinoamericanos en los ochenta dado que su alto endeudamiento estaba concentrado en bancos internacionales. Ahora la banca francesa y la alemana son las que están muy expuestas a la deuda soberana de varios países europeos en problemas, lo cual agrega un grado de complejidad importante a cualquier estrategia de resolución del problema.

Justamente, por escabullir esa realidad fueron criticados los indicadores (estrés test) recientemente publicados para medir la fortaleza de los bancos europeos, pues no se consideró la posibilidad de la reestructuración de los bonos soberanos en cartera. Más allá de una decisión que seguramente evitó agregar más ruido a una situación delicada, lo cierto es que segmentos importantes del sistema bancario europeo tienen que digerir esa realidad de forma no traumática. Como ya dijimos, hace tres décadas hubo con la deuda de Latinoamérica una situación similar: será entonces cuestión de tiempo, imaginación, y algo de coraje político para llevar las cosas a buen puerto.

LA OTRA CARA. Contrastando esta realidad, China viene cubriendo los espacios dejados por otros para convertirse lentamente en el consumidor de última instancia. Como ejemplo basta mirar a la industria automovilística alemana, productora de vehículos de lujo, cuya locomotora de arrastre es el mercado chino. A ello se agrega su consumo creciente de materias primas, incluidos los alimentos.

Además, resalta su cualidad de ser uno de los grandes acreedores del mundo gracias a su alto ahorro lo cual tiende a fortalecer su moneda a pesar de los esfuerzos de mantenerla subvaluada respecto al dólar. Y eso es un síntoma de fortaleza adicional, con implicancias políticas y económicas innegables. La historia muestra que los países acreedores con monedas fuertes son quienes comandan los hechos. Así empezó después de la primera guerra mundial el ascenso de Estados Unidos como potencia mundial y el ocaso del imperio británico.

Ya es posible aventurar que estamos en un quiebre de la historia parecido al de aquel entonces, donde China competirá por su lugar y más temprano que tarde ejercerá su liderazgo correspondiente. Pero hay un hecho diferencial: en aquellas circunstancias la dinámica estaba en manos de corporaciones privadas donde el Estado era pasivo salvo en algunas circunstancias donde ponía su músculo político para resolver diferendos, incluyendo el militar.

En el caso de China, opera una forma de capitalismo "autoritario" de Estado, donde el sector privado prospera encasillado, a veces fuertemente regulado y excluido de sectores estratégicos que son gestionados por el Estado. En esos rubros entran la energía, los recursos naturales incluidos los minerales y los alimentarios.

Como toda potencia que despierta, busca ampliar sus horizontes de inversión para asegurarse abastecimientos que entiende estratégicos.

Aquí se abre una interrogante interesante pues se trata de saber si sus inversiones externas provienen de una empresa privada o pertenecen al Estado chino. Lo que en primera instancia parece una distinción sutil, tiene implicaciones importantes en términos de dinámica política. Habría que remontarse bastante atrás en la historia del capitalismo para encontrar situaciones similares, y aprender de ahí las dificultades inherentes a la resolución de querellas. Una cosa es hacerlo con una empresa privada independiente de su poderío, y otra es hacerlo con una entidad cuyo propietario es una nación poderosa. En otras palabras es un conflicto entre estados.

También hay otros ejemplos a escala más reducida, pero más cercana. Brasil expande su presencia internacional a través de Vale do Rio Doce y Petrobras, adquiriendo recursos minerales o campos de prospección petrolera en los confines del mundo. Algo similar puede decirse de los Fondos Soberanos de Inversión propiedad de los grandes exportadores de petróleo, los cuales han comenzado a esparcir sus recursos en busca de rentabilidad y diversificación de riesgo financiero y de abastecimiento.

Evitando entrar en los laberintos turbios de la futurología, sin duda que esto abre un abanico de temas que recién se esbozan, que obligan a meditar sobre sus alcances y que necesariamente deberán centrar la atención de los potenciales países recipientes.

NUESTRA COMARCA. Aunque merecida en muchos aspectos por haber hecho y seguir hacer haciendo lo que corresponde, la bonanza que usufructúa nuestra región nos pone en riesgo de que caigamos en distracciones o simplemente en la complacencia. Los momentos de cambio son oportunidades de oro, pues se están repartiendo las barajas para jugar con éxito en la partida de los eventos que hacen la historia.

Hace dos décadas atrás, para mal o bien, la región tuvo una visión llamada MERCOSUR. Naufragó en muchos aspectos, dejó expectativas insatisfechas pero también enseñanzas, en particular en lo que no se debe hacer.

Por encima de las buenas intenciones, sus resultados tienen más el carácter de emparchar una institucionalidad que pierde aire por todos lados. El tema comercial es importante, pero tiene sus límites. Quizás sea el momento de potenciarla con nuevas ideas, más modestas en los titulares pero más profundas en sus alcances. Todos sus integrantes necesitan crecer, aunque pretenden hacerlo afincados sobre una infraestructura usada al máximo o insuficiente en muchos aspectos. La región cuenta con una de las matrices energéticas más diversificadas del planeta, pero pena por limitantes a veces impuestas por el clima.

En el área hay sistemas universitarios que compiten en calidad a nivel internacional, pero el intercambio intraMERCOSUR estudiantil, de investigadores es escaso. Ni qué decir de las reválidas de carreras o el ejercicio profesional segmentado por regulaciones corporativas. Lo que es moneda común en otros países, a nosotros por razones difíciles de entender, se nos hace difícil efectivizarlo.

Estamos en un quiebre de la historia donde las distracciones o la falta de visiones se pagan caro. Seguimos apostando con optimismo que a la región le llegó el momento de dar los pasos adecuados. Está en nosotros llevarlo adelante.

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