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 Lunes 28.06.2010, 00:58 hs l Montevideo, Uruguay
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Economía y Mercado


DATO | Hay una mayor permanencia laboral femenina a lo largo de los años, que no se interrumpe en las edades reproductivas

Salarios relativos tienden a reducir en promedio la brecha de género

Aun cuando en determinados períodos los ingresos de las familias no caen, las mujeres continúan trabajando fuera del hogar

JORGE REBELLA

La mayor demanda de trabajo en Uruguay ha afectado positivamente la disposición de las mujeres a participar en el mercado laboral y en sus decisiones sobre inversión en capital humano, afirmó la economista Alma Espino, investigadora del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República. La entrevistada analizó diversos aspectos del trabajo "Cambios en la conducta de la oferta laboral femenina: el incremento de la actividad de las mujeres casadas. Diagnóstico e implicancias. Uruguay: 1981-2006", que preparó junto con los economistas Martín Leites y Alina Machado. A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Cuáles han sido los cambios más importantes en el mercado laboral uruguayo en las últimas décadas?

-Uno de los cambios más llamativos consiste en la disminución de las brechas de participación laboral por sexo, en donde se observa un aumento del trabajo femenino, en particular de las mujeres casadas. Esta tendencia también se verifica en diversos estudios tanto en el ámbito regional como internacional.

-¿Qué datos existen sobre la división sexual del trabajo en el hogar en Uruguay?

-En 2008, la Encuesta Continua de Hogares del INE preparó un módulo de uso del tiempo, cuyos resultados señalan diferencias muy importantes entre ambos sexos sobre sus roles en el trabajo en el hogar y en el cuidado familiar. Esta diferenciación de roles significa que, pese al fuerte incremento de la presencia de las mujeres en el mercado de trabajo, aún prevalece una brecha importante entre la participación masculina y femenina en el trabajo no remunerado en el hogar. Los hombres ocupados destinan casi el 80% de su tiempo al trabajo remunerado y sólo el 20% al no remunerado; en cambio, las mujeres ocupadas dedican 54,4% al trabajo remunerado y 45,6% al no remunerado.

-¿Qué factores incidieron para la mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo uruguayo?

-Entre las explicaciones acerca de los cambios estimulados por el lado de la demanda, pueden señalarse las modificaciones ocurridas en la estructura productiva del país -donde los servicios han cobrado una mayor importancia relativa respecto al resto de los sectores-, el proceso de apertura de la economía uruguaya, y las variaciones en los precios relativos. Estos factores contribuyeron a la creación de empleos en nuevas actividades y, en particular, dieron lugar a una reasignación de recursos desde la industria manufacturera al sector terciario.

-¿En qué medida esos cambios económicos han influido en la inserción de la mujer en el mercado laboral?

-La disminución del empleo en la industria a favor de los servicios beneficiaría las ventajas comparativas de las mujeres en relación a los hombres y aumentaría la demanda por trabajo femenino, debido a que diversos servicios demandan la participación femenina por determinadas características de género, como es el caso de los empleos para la atención al cliente y promoción de productos. Asociado a este fenómeno, los salarios relativos tienden a reducir en promedio la brecha de género, lo cual redundaría en modificaciones en las oportunidades de empleo y remuneraciones, afectando la evaluación de los hogares en cuanto a la asignación de recursos. Es decir que las mejoras salariales relativas de las mujeres las incentivan a permanecer en el mercado de trabajo.

-¿Qué otros cambios vinculados con la demanda de trabajo se han observado en las últimas décadas?

-Sin duda hay que mencionar el aumento de los retornos de la educación desde la década del noventa, tendencia que se ha mantenido luego de la crisis económico-financiera de 2002. Probablemente, la mayor demanda de trabajo en Uruguay también ha afectado la disposición de las mujeres a participar en el mercado laboral y en sus decisiones sobre inversión en capital humano.

Por su parte, estos fenómenos reflejan tendencias de largo plazo relacionadas con cambios culturales e institucionales que podrían ayudar a explicar el comportamiento reciente de la oferta laboral femenina. En efecto, al observar las distintas series de indicadores (actividad, empleo, etc.) se evidencia no sólo un mayor ingreso de las mujeres al mercado de trabajo, sino también una mayor permanencia a lo largo de los años, que no se interrumpe en las edades reproductivas.

Tasas de actividad

-¿Cómo han evolucionado las tasas de participación de las mujeres según tramo de edad y generación en el mercado laboral?

-Si bien el incremento de la participación femenina se da en todos los segmentos etarios y para cualquier estado civil, el aumento es más marcado para las mujeres casadas o en unión libre. Cabe señalar que, pese a las transformaciones ocurridas, en los tramos de edad reproductiva las mujeres con hijos presentan sistemáticamente menores tasas de actividad.

-¿Cuánto se han incrementado las tasas de actividad de las mujeres, especialmente de las casadas o en unión libre, durante los últimos treinta años en Uruguay?

-La evolución de la tasa de actividad femenina en el período 1981-2006 acompaña la tendencia internacional, exhibiendo un incremento e impulsando la tasa de actividad global. En efecto, la tasa de actividad promedio se incrementó 18%, lo cual da cuenta de un aumento del 50% en el trabajo femenino, mientras que la tasa laboral masculina permaneció estable. Como resultado de dicha evolución, tiende a reducirse la brecha de participación por sexo. La tasa femenina representaba el 51,2% de la masculina en 1981, mientras que esa cifra pasa a ser de un 70,8% en 2006. Esto cobra mayor importancia entre las mujeres casadas y en unión, sobre todo en la década del noventa. Mientras en la década del ochenta la participación de las mujeres casadas entre 25 y 54 años era en promedio de 50,8%, ese guarismo aumentó a 70% entre 2000 y 2006, o sea que, de cada diez mujeres casadas en ese tramo de edad, siete buscan empleo o trabajan en forma remunerada. También se verifica un aumento en la evolución de la tasa de actividad entre las mujeres con hijos en hogares nucleares, o sea conformados por los dos cónyuges y los hijos.

Ingresos

-¿A qué obedece esa tendencia de mayor participación laboral femenina?

-En Uruguay las mujeres salieron a trabajar en forma masiva cuando se produjo una importante caída en los ingresos familiares, sobre todo en los salarios de los hombres, a fines de la década del setenta, lo cual coincide con estudios tradicionales a nivel internacional. Lo llamativo de nuestra investigación es que, aun cuando en determinados períodos los ingresos de las familias no caen, las mujeres continúan trabajando fuera del hogar. Es probable que el estrechamiento en la brecha de ingresos por sexo haya estimulado la mayor participación femenina, tanto al aumentar su ingreso laboral real como al disminuir el de sus parejas.

-¿Sólo la necesidad de contribuir al ingreso familiar explica la mayor participación femenina en el mercado laboral?

-También las mejoras educativas en Uruguay aparecen como uno de los factores claves para la mayor presencia de las mujeres en el mercado laboral. Al comienzo de nuestro estudio en 1981, el 44% de la población económicamente activa (*) femenina menor de 64 años tenía hasta seis años de educación formal, mientras que en 2006 esta proporción se redujo a 21% del total. Las mujeres con más de doce años de educación, es decir con estudios terciarios, representaban el 14% en 1981 y el 25% en 2006. Los restantes 42% en 1981 y 54% en 2006 estaban compuestos por mujeres con secundaria incompleta y completa.

A principios de los años ochenta, la tasa de actividad (**) de las mujeres que tenían seis años de educación era de 36% y en las que contaban con más de doce años de educación ascendía al 70%. Veinticinco años más tarde, las tasas de actividad femenina para los mismos niveles de educación alcanzaron 53% y 82% respectivamente. En resumen, esos incrementos están asociados a las mujeres que accedieron a niveles de educación superior y este fenómeno se acentúa en el tiempo. Sin embargo, pese a que las mujeres son estimuladas a estudiar cada vez más, no acceden generalmente a determinados cargos que podrían ponerlas en la misma situación jerárquica que los hombres.

-¿Y cómo han evolucionado las brechas de ingresos laborales entre hombres y mujeres entre 1981 y 2006?

-Hay una tendencia muy marcada, en promedio, a la disminución de las brechas de ingresos laborales entre hombres y mujeres a lo largo del período estudiado. Eso no significa que, cuando se controla por otras variables, las brechas varíen en su intensidad como es el caso de las mujeres más educadas. Para las personas más educadas las brechas de ingresos a favor de los hombres son más amplias. También existe una diferenciación en el comportamiento entre el sector público y privado, ya que la administración estatal es más homogénea y prácticamente no existe la brecha de género.

Horas de trabajo

¿Ha aumentado proporcionalmente el número de horas que, en promedio, las mujeres trabajan fuera del hogar?

-No. Los datos disponibles ilustran que la cantidad de horas de trabajo femenino remunerado es bastante estable. En 1981 sumaban 39,3 horas semanales y 36,7 en 2006. Asimismo, por tramo de edad no se observan cambios significativos en el promedio de horas trabajadas a nivel de las distintas cohortes, evidenciándose que para todos los tramos de edad, el promedio de horas de los hombres supera ampliamente al de las mujeres.

-¿Qué resultados surgen sobre las determinantes del número de horas de trabajo fuera del hogar de las mujeres uruguayas?

-Como cabía esperar, la decisión acerca de cuántas horas destinan las mujeres activas al trabajo remunerado está fuertemente influida por su ingreso laboral potencial, es decir que las mujeres se ofrecen a trabajar más horas cuanto mayores son las remuneraciones.

Empero, los resultados de nuestro estudio permiten afirmar que la elasticidad de la oferta femenina con respecto a su ingreso laboral ha registrado una caída en los últimas dos décadas. Dicho en otras palabras, las mujeres están más dispuestas a ingresar al mercado laboral con independencia relativa de la evolución de las remuneraciones. Esa tendencia, que no se verifica en los hombres, da lugar a una reducción de la brecha entre ambos sexos. Esto confirmaría la existencia de cambios en la toma de decisiones sobre asignación del tiempo al trabajo remunerado, no remunerado y el ocio por parte de las mujeres, relacionado con un conjunto de factores que ya han sido comentados.

Notas de Redacción: (*) La PEA está constituida por todas las personas mayores de 14 años que suministran la mano de obra disponible para la producción de bienes y servicios. (**) La tasa de actividad por sexo es la relación entre la PEA de cada sexo y el total de población del mismo sexo. (Fuente: INE-CELADE)

Nupcialidad y participación laboral femenina

-¿En que medida los cambios en la nupcialidad y la formación de los hogares está asociada a la participación laboral de la mujer?

-Los cambios en las tendencias en el estado civil de las mujeres también contribuyen a caracterizar la evolución de las tasas de actividad. La proporción de personas unidas en 2006 mostraba un incremento del 270% respecto a 1981, mientras que las personas casadas disminuyeron 31% y las solteras aumentaron 10,6%.

Para las mujeres casadas o unidas, la tasa de actividad femenina muestra un crecimiento intergeneracional, pero se mantiene por debajo de los otros estados civiles. Esto podría estar explicado por las responsabilidades en el trabajo del hogar y el cuidado de los hijos asumido generalmente por las mujeres, lo que estaría vinculado a un mayor costo de oportunidad en la decisión de ingresar al mercado laboral dada la división del trabajo predominante. En la medida que se consideran tramos superiores en la edad reproductiva de las mujeres, la diferencia entre estos dos grupos parece reducirse.

-¿Qué comentarios se desprenden de esos resultados?

-Eso estaría dando cuenta de la importancia que cobra la unión libre respecto al matrimonio, particularmente en el caso de las mujeres. Las características socioeconómicas que prevalecen en los hogares con este tipo de uniones y, eventualmente, su inestabilidad podrían contribuir también a una mayor tasa de actividad global. La proporción de quienes declararon estar divorciados aumentó 78,4%, habiendo pasado de 5% en 1981 a 8% en 2006. El aumento de los divorcios puede incrementar la tasa de actividad femenina agregada, tanto por la necesidad de contribuir a los ingresos de los hogares como para prevenir la disminución de sus ingresos ante el mayor riesgo de una disolución del matrimonio.

ficha técnica

Alma Espino, uruguaya, es licenciada en economía egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es investigadora en el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UdelaR. Es consultora para varios organismos internacionales e integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo (Ciedur). Es coautora, junto con Martín Leites y Alina Machado, de "El incremento de la oferta laboral de las mujeres casadas en Uruguay" (Universidad de los Andes, Colombia).

La imagen de "hombre proveedor" se sigue constatando en las investigaciones

-¿Es previsible una mayor participación de la mujer en el mercado de trabajo remunerado en Uruguay?

-Puede pensarse que este proceso no tiene reversión, pero las tasas de crecimiento serán menores a las registradas en las últimas décadas. Los resultados de nuestro estudio dejan traslucir que continuará el rol de las mujeres en los hogares, pese a los cambios registrados, impidiendo su mayor dedicación al trabajo de mercado.

-¿Cuál sería el factor determinante al respecto?

-La existencia de hijos menores incide de forma diferente en la oferta de trabajo masculina y femenina. Esta variable está asociada a una menor dedicación al trabajo remunerado en el caso de las mujeres, mientras que los hombres reaccionan en forma distinta a la presencia de hijos, o sea que la existencia de hijos menores en el hogar es un determinante negativo para la oferta laboral femenina. Como ilustración de la división sexual del trabajo es interesante destacar que a mayor cantidad de dependientes, los hombres se ven más predispuestos a aumentar sus horas de trabajo remunerado. Esa imagen de "hombre proveedor" se sigue constatando en las investigaciones, aunque en una medida algo más limitada.

-¿Cree necesario introducir nuevas normas que estimulen la oferta laboral femenina en el mercado de trabajo?

-La facilitación de la inserción laboral femenina supone tratar de encontrar ciertas soluciones para el conflicto que se da entre la familia y el mercado de trabajo. Por ejemplo, cuando las mujeres tienen que conciliar el trabajo remunerado y el trabajo en el hogar, hoy lo resuelven contratando una empleada doméstica y/o enviando a sus hijos a un colegio de doble horario si cuentan con suficientes ingresos. Si la mujer no dispone de recursos y tiene necesariamente que salir a trabajar, los menores y los ancianos dependientes quedan desprotegidos. Por lo tanto, esa conciliación debe basarse en la promoción de las responsabilidades compartidas entre ambos géneros, incluyendo la participación activa de los hombres en las actividades de cuidados en el hogar.

-¿Quién es el responsable de laudar en el conflicto que se plantea para la mujer entre el mercado laboral y la familia?

-Si bien la reproducción social es responsabilidad de sus integrantes, el Estado no puede quedar excluido. No sólo por la existencia de desigualdades de género, sino también por las desigualdades sociales. Es muy difícil pensar en la igualdad de oportunidades y de trato en el empleo sin distinción de género si no hay políticas públicas que permitan que esas condiciones puedan darse. Algunos primeros pasos se están dando en esta materia como son los proyectos de licencia parental cuando nace un hijo y la posibilidad de que los padres tengan días libres cuando los hijos a su cargo estén enfermos.

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