Habiendo escapado casi indemne de la crisis financiera global, la banca brasileña está hoy en un proceso de crecimiento. Las grandes instituciones bancarias locales han puesto en práctica diversas políticas para consolidarse a nivel nacional, desestimulando a los competidores extranjeros que aspiran a tomar una porción del prometedor mercado sudamericano. Los bancos líderes también han empezado a considerar su expansión al exterior, de acuerdo con la creciente importancia de Brasil en el escenario mundial y el mayor poder de las empresas nacionales en diversos sectores de la actividad económica.
El Banco do Brasil y el Itaú Unibanco han estado tratando de conseguir una "pole position" en el negocio bancario brasileño desde fines de 2008, cuando dos instituciones privadas, Itaú y Unibanco, anunciaron sus planes para fusionarse y convertirse en el mayor banco en América Latina. Al poco tiempo el Banco do Brasil, de propiedad estatal, lanzó una contraofensiva que condujo a una serie de adquisiciones de instituciones controladas por el Estado -como, por ejemplo, Nossa Caixa de San Pablo- y una expansión agresiva en la actividad crediticia.
Ahora, con un posicionamiento muy firme en varios mercados de productos financieros muy lucrativos, los bancos nacionales están exhibiendo claramente sus intenciones de expandirse más allá de las fronteras de Brasil. El volumen de los rumores es cada vez más alto y es sólo una cuestión de tiempo antes de que alguno de los planes discutidos sea aprobado.
PRIMEROS PASOS. Actualmente el Banco de Brasil y el Itaú Unibanco tienen una presencia limitada fuera del país. Itaú adquirió el Banco del Buen Ayre en Argentina en 1998 e ingresó a Chile y Uruguay en 2006 a través de la compra de los activos del Bank Boston que estaban en manos del Bank of America. Previo a su fusión con Itaú, Unibanco había tomado el control de la segunda mayor institución bancaria paraguaya, Interbanco.
El Banco do Brasil tiene representaciones en 23 países, pero esos negocios ofrecen un limitado rango de servicios en comparación con los que la casa matriz proporciona localmente. Su presidente, Aldemir Bendine, ha esbozado una estrategia de expansión tras la diáspora brasileña, especialmente en Estados Unidos, donde residen alrededor de 1,5 millones de inmigrantes, Japón (550.000), Paraguay (450.000) y Portugal (220.000). El banco estatal también ha puesto sus ojos en las compañías brasileñas que a su vez se están expandiendo en varios mercados externos, como el gigante minero Vale en Canadá o el productor de alimentos JBS en Estados Unidos y Argentina.
A fines de 2006 el Banco do Brasil solicitó una licencia bancaria a la Fed, el banco central de Estados Unidos, sin haber obtenido respuesta hasta ahora. Quizás, pueda poner pie en el mercado estadounidense mediante la adquisición de algunas sucursales de Citizens Bank, cuyo propietario es el RBS del Reino Unido. La institución brasileña señala que utilizaría esa plataforma para establecer sus actividades en cinco estados: New York, New Jersey, Connecticut, Massachusetts y Florida. Mientras tanto, el banco instaló una empresa de transferencia de remesas, BB Money Transfers, para los inmigrantes brasileños en Norteamérica. Jerarcas del Banco do Brasil confirmaron haber sostenido conversaciones con el Banco Patagonia, la cuarta mayor institución bancaria de Argentina, y señalaron que también tienen planes para operar en Colombia, Perú, Paraguay y Uruguay. En Europa, el banco estatal intenta armar una red regional con sede en Viena. En África, los dos países de habla portuguesa, Angola y Mozambique, son considerados mercados prioritarios dado que allí operan varias empresas brasileñas.
Por su parte, el Itaú Unibanco es más cauteloso en sus ambiciones internacionales. Según sus autoridades, el banco prefiere enfocarse en la integración de sus dos partes constituyentes, que deberá completarse a fines de este año. En 2009, se estableció una junta asesora internacional, presidida por el ex ministro brasileño de Finanzas, Pedro Malán, para conducir ese proceso. A comienzos de 2010, trascendió que el Itaú Unibanco consideraba la posibilidad de comprar los activos de RBS y Lloyds Banking Group en el Reino Unido, así como de la unidad mexicana de Citigroup, Banamex, pero luego tales rumores fueron desmentidos.
El Banco Bradesco, otra de las grandes instituciones bancarias brasileñas, también tiene intenciones de salir al exterior, habiendo firmado un acuerdo con ese propósito con Espirito Santo de Portugal. Sin embargo, sus planes de expansión no parecen tan agresivos como los de sus otros dos grandes rivales brasileños.
PASO MESURADO. Aunque puedan tener grandes ambiciones, los tres mayores bancos de Brasil no parecen estar urgidos por salir al exterior. El presidente del Banco do Brasil sostiene que la institución no tiene una agenda específica para concretar sus planes internacionales. Por cierto, los bancos brasileños pueden permitirse el lujo de dejar pasar un buen tiempo antes de tomar una decisión en ese sentido ya que se están beneficiando del inmenso mercado local, la apreciación de la moneda y la valorización de su mercado de capitales.
Cuando, en 2007, el Grupo Santander adquirió el Banco Real que estaba en manos del ABN Amro (Holanda), los ejecutivos de los bancos Itaú y Unibanco se vieron urgidos por la necesidad de fusionarse como respuesta a "un nuevo nivel de competencia que no se había visto antes", según Roberto Setubal, CEO de la nueva institución. La suerte que corrieron las otras partes involucradas en el negocio del ABN Amro -RBS (Reino Unido) y Fortis Bank (Holanda)- también debería ser tomada en cuenta por los bancos brasileños. El ambicioso "takeover" demostró la inviabilidad de ambas firmas, que tuvieron que ser rescatadas por sus respectivos gobiernos y están ahora en vías de ser declaradas en quiebra. Por más dominante que un banco sea en su país, es conveniente que camine con pies de plomo en el exterior.
Fuente: Condensado de Business Latin America, un semanario del Economist Intelligence Unit
Una sucursal flotante navega 1.600 kilómetros por el Alto Amazonas
t Bradesco, el tercer mayor banco brasileño, va a hacer el máximo esfuerzo para llegar a una clientela potencial en el Alto Amazonas. La institución instaló una sucursal bancaria en un barco que va a navegar 1.600 kilómetros a lo largo del río Amazonas, desde Manaus hasta la frontera occidental brasileña. Desde fines de diciembre pasado Bradesco proporciona servicios financieros a los once municipios del lejano estado de Amazonas, a través de la nave Voyager III. Este crucero de tres cubiertas, funciona como medio de transporte y como centro bancario minorista, incluyendo un cajero automático, para cincuenta localidades emplazadas sobre las riberas del Solimoes, como se denomina uno de los tramos del río Amazonas.
Le lleva siete días al Voyager III navegar río arriba desde Manaus, la capital del estado noroccidental Amazonas, hasta Tabatinga, una ciudad ubicada en el margen izquierdo de la triple frontera de Brasil, Colombia y Perú. El viaje río abajo insume sólo tres días. El lanzamiento de esta sucursal bancaria flotante obedece que no existen carreteras que unan a las poblaciones de esa vasta área de selva tropical.
La nueva sucursal habilita a Bradesco a captar depósitos y conceder créditos a los 210.000 habitantes de la región amazónica. Al incorporar esa zona a su red bancaria, Bradesco se convierte en el único banco con servicios que cubren todo el territorio brasileño, superando incluso al Banco do Brasil, la principal institución bancaria de propiedad estatal que tradicionalmente tuvo la mayor presencia a lo largo y ancho del país.
Aunque recientemente anunció su primera adquisición en el exterior: Ibi México, una pequeña financiera de consumo que pertenecía a Cofra Holdings (Suiza), Bradesco ha construido su posición en base a los negocios en el mercado interno. En 2009 sus utilidades fueron de R$ 8.000 millones, equivalentes a US$ 4.600 millones, que superaron en 5,1% a las cifras registradas el año anterior. La institución ha obtenido una rentabilidad estable en los dos últimos años, cuando la mayoría de los bancos en el mundo sufrieron pérdidas, desvalorizaciones y, en algunos casos, quiebras.