En un momento en que el mundo está carente de motivos de celebración, aquí hay un candidato: en los próximos meses las mujeres van a cruzar la barrera del 50% y convertirse en mayoría de la fuerza laboral estadounidense. Las mujeres ya significan la mayoría entre los graduados universitarios en los países de la OCDE y la mayoría de los trabajadores profesionales en varios países ricos, incluyendo Estados Unidos. Las mujeres dirigen muchas de las grandes compañías mundiales, desde PepsiCo en Estados Unidos hasta Areva en Francia.
El creciente poder económico de las mujeres es posiblemente el mayor cambio de nuestros tiempos. Sólo una generación atrás, las mujeres estaban en su mayoría confinadas a trabajos con poca calificación, repetitivos. Normalmente estaban sujetas a un sexismo casual y se esperaba que abandonaran sus carreras al casarse y tener hijos. Hoy están dirigiendo algunas de las organizaciones que una vez las trataron como ciudadanos de segunda categoría. Millones de mujeres han conseguido más control sobre sus propias vidas. Y millones de cerebros han sido objeto de un uso más productivo. Las sociedades que tratan de resistir esta tendencia -sobre todo los países árabes, pero también Japón y algunos países del sur de Europa- deberán pagar un precio alto en talento desperdiciado y ciudadanas frustradas.
Esta revolución se ha logrado con un mínimo de fricción. Los hombres por lo general han bienvenido la invasión de las mujeres en el mundo laboral. Sin embargo, incluso los cambios más positivos pueden ser incompletos o insatisfactorios. En particular, este avance particular tiene aún dos problemas. El primero es que las mujeres todavía están sub-representadas en la cúspide de las empresas. Sólo 2% de los jefes de las grandes compañías estadounidenses y 5% de sus pares en Gran Bretaña son mujeres. También se les paga significativamente menos en promedio que a los hombres. El segundo es que hacer malabares entre el trabajo y la crianza de los hijos es difícil. Las parejas de clase media habitualmente protestan porque tienen muy poco tiempo para sus hijos. Pero los grandes perdedores son los pobres niños, en particular en lugares como Estados Unidos y Gran Bretaña que tienen una combinación de niveles altos de participación femenina en la fuerza laboral con una renuencia a gastar dineros públicos en el cuidado de niños.
DIFICULTADES. Estos dos problemas están estrechamente relacionados. Muchas mujeres sienten que tienen que elegir entre sus hijos y sus carreras. Las que ascienden en las jerarquías de compañías muy competitivas en sus veintes, desertan en cantidades dramáticas en sus treintas y después encuentran casi imposible recuperar su anterior momentum. Mujeres menos calificadas están atrapadas en trabajos mal pagos con arreglos precarios para el cuidado de los hijos. La maternidad, no el sexismo, es el problema: en Estados Unidos, las mujeres sin hijos ganan casi lo mismo que los hombres, pero las madres ganan significativamente menos. Y esa pobreza relativa de las madres también perjudica a sus hijos.
La demanda de cerebros femeninos está ayudando a aliviar algunos de esos problemas. Incluso si algunas de las nuevas teorías sobre bondadosas mujeres que son trabajadoras inherentemente superiores son infundadas, varias tendencias favorecen al sexo más educado, incluyendo la "guerra por el talento" y la creciente flexibilidad de los lugares de trabajo. Firmas de abogados, consultoras y bancos están reconsiderando sus sistemas de promoción "arriba o afuera" porque están perdiendo demasiadas mujeres capaces. Más del 90% de las compañías en Alemania y Suecia permiten flexibilidad en el trabajo. Y las nuevas tecnologías están haciendo más fácil rediseñar el trabajo de forma más amigable para las familias.
Las mujeres ciertamente se han desempeñado mejor que los hombres en la última década. En la Unión Europea las mujeres han obtenido 6 de los 8 millones de nuevos puestos de trabajo creados desde el 2000. En Estados Unidos tres de cada cuatro personas despedidas desde que empezó la "homb-recesión" han sido hombres. Y el viraje hacia las mujeres es probable que continúe: para el 2011 va a haber 2,6 millones más mujeres que hombres estudiando en universidades en Estados Unidos.
LA MANO DEL ESTADO. Todo esto apoya, en gran parte, la teoría que dice que hay que dejar al mercado actuar. Esto no ha detenido los pedidos de una intervención estatal fuerte del tipo de la escandinava. Noruega ha usado las amenazas de cuotas logrando un efecto dramático. Alrededor del 40% de los legisladores son mujeres. Todos los países escandinavos proporcionan guarderías financiadas por el Estado. Tienen los mayores niveles de empleo femenino en el mundo y muchos menos de los problemas sociales que plagan Gran Bretaña y Estados Unidos. Seguramente, sigue el razonamiento, hay una forma de acelerar la revolución y mejorar las duras vidas de muchas mujeres trabajadoras y sus hijos.
Si eso significa una intervención masiva, en la forma de programas de discriminación positiva y beneficios generalizados para padres de toda clase, la respuesta es no. Para comenzar, promover a las personas sobre la base de su sexo no es liberal y es injusto, y estigmatiza a sus beneficiarios. Y hay problemas prácticos. Períodos extensos de licencias maternales pagas pueden hacer que las compañías disminuyan la contratación de mujeres, lo que ayuda a explicar por qué la mayoría de las mujeres suecas trabaja en el sector público y Suecia tiene una proporción menor que Estados Unidos de mujeres en cargos gerenciales.
Pero hay una cantidad de maneras sutiles, más baratas, en las que los gobiernos pueden hacer más fácil la vida para las mujeres. Los estados de bienestar fueron diseñados cuando la mayoría de las mujeres se quedaban en sus casas. Necesitan modificar la forma en que operan. Las escuelas alemanas, por ejemplo, cierran a mediodía. Las escuelas estadounidenses cierran dos meses durante el verano. Estas cosas pueden ser modificadas sin un costo enorme. Algunas populares escuelas piloto norteamericanas ahora ofrecen días escolares más largos y vacaciones de verano más cortas. Y, sin llegar a los niveles escandinavos, Estados Unidos podría invertir más en sus niños: gasta una porción menor de su PIB en guarderías estatales que cualquier otro país rico, y es el único país rico que se niega a proporcionarles a las madres licencias maternales pagas. Barack Obama necesita ponerse a la altura de su retórica de campaña sobre "valores reales de familia".
De todas formas, estos problemas persistentes no deberían ensombrecer el progreso notable que las mujeres han obtenido en décadas recientes. Durante la segunda guerra mundial, cuando los hombres norteamericanos estaban en el frente, el gobierno tuvo que recurrir a la imagen de Rosie de Riveter, la remachadora sacando músculo y con su eslogan "Podemos hacerlo", para motivar a las mujeres a unirse a la fuera laboral. Hoy las mujeres están entrando en el mercado de trabajo en números cada vez más grandes y dándole con una maza a los techos de cristal remanentes.