Los problemas políticos constituyen el riesgo central de América Latina

| Existe una sensación de incertidumbre permanente, que sólo desaparece temporalmente cuando aparecen líderes confiables

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JORGE REBELLA

Si Estados Unidos empieza a aplicar medidas proteccionistas, es muy factible que los países latinoamericanos contragolpeen para proteger la industria local. De ese modo, volveríamos a embarcarnos en un proceso de sustitución de importaciones que, quizás, funcione razonablemente bien en el corto plazo, pero va a perder fuerza al cabo de un par de años, dijo el profesor de la Universidad de Columbia Guillermo Calvo, Ph.D en economía. En su chacra marítima cercana a la Barra de Maldonado, el ex Economista Jefe del BID conversó con ECONOMIA & MERCADO sobre la crisis global y las perspectivas de crecimiento de América Latina. A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Cómo vislumbra la evolución de la crisis financiera global?

-Esta crisis se parece mucho a una corrida bancaria, fenómeno que conocemos muy bien en América Latina, donde se les suele atenuar con bastante éxito a través de la liquidez que crean los bancos centrales. La diferencia radica en que las instituciones que experimentaron mayores dificultades en el presente episodio no pertenecen a la banca comercial tradicional. Fueron bancos de inversión internacionales que utilizaron ciertos instrumentos financieros que tenían garantías implícitas, pero cuando los tenedores quisieron ejercer sus derechos se encontraron con que esos papeles no tenían liquidez. Si bien en estos casos hubo un prestamista de última instancia, por ejemplo la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, su acción estuvo limitada porque los fondos que manejan los bancos de inversión no se encuentran protegidos por la normativa bancocentralista. Tampoco la compañía aseguradora AIG estaba cubierta por la regulación, pero el gobierno norteamericano la rescató para evitar males mayores.

-Sin embargo, no se hizo nada para detener la caída de Lehman Brothers…

-Esa actitud agravó la crisis en septiembre de 2008. Ahí se vio que todos los índices se derrumbaron porque la Fed decidió no hacer un salvataje de ese banco tan importante, lo cual hizo cundir el pánico en Wall Street.

-¿Entonces, la moraleja es que no se debe dejar caer a ningún megabanco?

-En principio, debe evitarse la caída de los bancos de cierta talla. Por tanto, la actividad bancaria debe estar regulada cuidadosamente, previéndose las graves consecuencias que genera la quiebra de un banco grande.

-¿Qué es lo que hoy está pasando en el mundo financiero?

-Luego del salvataje de los bancos en varios países desarrollados, los índices económico-financieros han vuelto a subir y el mundo está comenzando a vivir un nuevo período de bonanza a nivel global, excluyendo a los países que fueron muy poco cuidadosos con su política financiera, como Islandia y las repúblicas de Europa del Este.

-¿Es factible que se produzca algún retroceso durante esta etapa de reactivación de los mercados?

-Los bancos centrales y el fisco de los países desarrollados están demostrando que se sienten muy comprometidos con el proceso de recuperación. Desde ese punto de vista, es improbable que se profundice la crisis. En el corto plazo, podría producirse una desaceleración de la reactivación de la economía por cuestiones técnicas, lo cual no tendría un efecto preocupante para América Latina. Tampoco vislumbro que se vuelvan a producir episodios como el de Lehman Brothers, pero los países latinoamericanos deben estar preparados para enfrentarlos, especialmente si ocurre un colapso económico en alguna esquina del mundo, donde el sistema financiero no pueda conseguir la protección que ha tenido la banca estadounidense y europea.

Riesgo político

-Ante esta incipiente reactivación de la economía global, ¿cuáles son las grandes vulnerabilidades de la economía latinoamericana en su conjunto?

-Si nos remontamos al siglo pasado, América Latina ha sido un fracaso desde el punto de vista económico dentro del mundo emergente. Sólo puede comparársele favorablemente con el África, lo cual es un triste consuelo. Nuestra región ha quedado muy relegada respecto a los otros países en vías de desarrollo. Incluso, en los últimos treinta años, hemos crecido menos que los países centrales que registraron tasas de expansión económica muy modestas durante este período.

-¿Cuál sería el mayor riesgo para nuestra región?

-Mi conjetura es que los problemas políticos son el riesgo central debido a la propia idiosincrasia latina. Esperamos que el Estado haga mucho por nosotros, pero los contribuyentes no queremos pagar impuestos. Por consiguiente, los gobiernos están siempre al borde de no poder satisfacer las demandas de la ciudadanía y, por lo general, toman medidas antimercado porque son las más fáciles de adoptar ante la presión popular. En consecuencia, existe una sensación de incertidumbre política permanente, que sólo desaparece temporalmente cuando aparecen figuras políticas capaces de lograr la confianza de amplios sectores de la población. Sin embargo, esa dependencia de un líder confiable, como es el caso de Lula en Brasil, desmotiva a los inversores que necesitan al menos tener garantías de seguridad política durante un plazo prudencial.

Proteccionismo

-¿En qué medida las exportaciones latinoamericanas con mayor trabajo incorporado podrían verse perjudicadas por la adopción de políticas proteccionistas en los países centrales dada la marcada reducción del empleo en esas economías?

-Lo veo como un riesgo que podría ser muy dañino porque la estructura política de América Latina es muy endeble. Si nos retrotraemos en la historia, el gobierno estadounidense aplicó altas barreras aduaneras a las importaciones durante la Gran Depresión. Algunos investigadores piensan que esas medidas contribuyeron a profundizar la crisis, lo cual es materia de discusión. Lo que sí es seguro es que esa política alentó el proteccionismo en América Latina. Por ejemplo, una década más tarde le resultó muy fácil ser proteccionista a Perón.

-¿Cuál debería ser la reacción de América Latina ante una eventual imposición de barreras proteccionistas a la entrada de sus bienes manufacturados en Estados Unidos?

-La teoría económica nos dice que cuando las grandes potencias obran de ese modo, lo mejor que pueden hacer los países menos desarrollados es tratar de negociar una solución aceptable. Lo peor es entrar en una confrontación estableciendo medidas similares que distorsionan aún más la economía, porque eso equivaldría a pegarse dos veces.

-¿Se puede pensar que los gobiernos de la región tomarán en cuenta esa advertencia?

-Me temo que si Estados Unidos empieza a aplicar medidas proteccionistas, es muy factible que los países latinoamericanos contragolpeen para proteger la industria local. De ese modo, volveríamos a embarcarnos en un proceso de sustitución de importaciones que, quizás, funcione razonablemente bien en el corto plazo, pero va a perder fuerza al cabo de un par de años. Después de adoptarse un modelo proteccionista para la industria local, difícilmente se le puede poner fin porque se crea una clase industrial que adquiere mucho poder político. El mensaje a los gobiernos latinoamericanos es evitar contagiarse de las malas políticas económicas del Norte, empezando con los aumentos del gasto fiscal y siguiendo con el proteccionismo, lo que significaría dar marcha atrás al reloj de la historia.

Gasto fiscal

-Las recomendaciones del FMI y los planes de Estados Unidos y la UE se basan en una expansión del gasto público para combatir la crisis. ¿Debería aplicarse esa receta en América Latina?

-Hay que empezar por entender el rol de la política fiscal en la región. No soy keynesiano y creo que Keynes, si viviera, tampoco lo sería porque las economías latinoamericanas son muy pequeñas. Su propia pequeñez hace que un aumento de la demanda local tenga muy poco impacto en la demanda mundial. Imponer a los países emergentes la carga de expandir el gasto para combatir la crisis, lo que tarde o temprano va a generar más deuda, es una injusticia al igual que en el tema del cambio climático.

-¿Por qué no cree conveniente que la reactivación económica se base en un apoyo continuo del Estado como ocurre en buena medida en Estados Unidos y Europa?

-La crisis global actual proviene del Norte y son esos países que deben ingeniarse para orientar el gasto agregado si es que consideran que esa política es necesaria. Tal vez puedan negociar algo al respecto con algunos países emergentes de gran dimensión como China, pero no pueden involucrar a países con recursos limitados en ese proyecto. Por el contrario, nuestra región tiene que continuar perseverando con la política de los equilibrios macroeconómicos, lo cual le va a dar fuerza e independencia y, además, le va a reducir las incertidumbres políticas que genera el endeudamiento. Bien sabemos que cuando asume una nueva administración se suele plantear el dilema de si la deuda contraída por el gobierno precedente es justa o no. El ejemplo más reciente fue durante la presidencia de Néstor Kirchner.

-Entonces, ¿cuándo debe recurrirse al gasto fiscal en el sentido general del término?

-Si un gobierno se enfrenta un serio problema como el colapso de una firma financiera de la magnitud de Lehman Brothers y, en consecuencia, surge la imposibilidad de concretar un buen proyecto de exportación por falta de crédito, en ese caso se pueden poner las reservas internacionales a disposición de los exportadores a través de créditos del Banco Central, tal como lo hizo exitosamente Brasil el año pasado. Ese no es gasto fiscal en un sentido estricto, sino un subsidio del crédito.

Otra posibilidad es que se produzca una caída de las exportaciones de bienes transables y, por consiguiente, también descienda la demanda de los bienes no comerciales a nivel internacional. En el corto plazo, los gobiernos pueden aumentar el gasto fiscal para "fogonear" a ciertos sectores no comerciables, como el de la construcción, a efectos de que no se desplomen los precios. Pero esas medidas transitorias son de efecto muy modesto porque están destinadas a esperar que el panorama económico se aclare y que no sea necesario realizar un ajuste de precios.

En resumen, no se puede pensar que si se aumenta la demanda del gobierno, se va a reducir el desempleo. Tal vez se pueda evitar un colapso adicional al financiero, pero siempre va a ser de corto plazo. Es una solución de patas cortas ya que no es posible mantener ese nivel del gasto por más de doce o, a lo sumo, dieciocho meses. Sería suicida si se continuara con esa política, que terminaría llevando la tasa de déficit fiscal a los niveles de Estados Unidos que alcanza el 13%-14% del PIB.

-¿Cómo puede el gobierno estadounidense seguir adelante con ese enorme déficit fiscal?

-Se explica porque las economías de Estados Unidos y de América Latina son muy diferentes. Washington se puede dar el lujo de pedir prestado porque consigue créditos a tasa cero, mientras que los latinoamericanos deben pagar varios puntos por encima de la Libor por cualquier préstamo.

Ficha técnica

Guillermo Calvo, argentino, 68 años, es profesor de Economía, Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia. Fue Economista Jefe del BID entre 2001 y 2006. Recibió su doctorado de la Universidad de Yale en 1974. También ejerció la docencia en las Universidades de Pennsylvania y Maryland. Entre 1988 y 1993 ocupó el cargo de Asesor Senior del Departamento de Investigación del FMI. En el año 2000 recibió el Premio de Economía del Rey Juan Carlos.

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