El inicio de año está siendo pródigo en noticias. Ciertamente el panorama mundial y especialmente el regional (Argentina) nos traen novedades de notoria relevancia. Todos recordarán los dichos de nuestro presidente electo acerca del futuro uso de las reservas internacionales para hacer frente a determinadas obras de infraestructura que tenía en mente. Algunos quizás, mi comentario al respecto desde esta misma columna. Sin embargo el debate se instaló fuerte en nuestro vecino, con su estilo propio, pero no debemos olvidar que en el fondo estamos hablando de la misma cosa, el uso de un dinero cuasi virtual que respalda la emisión y la deuda del Central, en algo real. Normalmente no muy aconsejable.
De todos modos hoy me convoca otro tema. En nuestro país, durante esta administración que culmina, el avance del Estado ha sido singular, sea por su intromisión directa -emprendimientos "empresariales"- en sectores donde la iniciativa individual ha demostrado notoria superioridad, sea mediante la imposición de nuevas regulaciones, registros inútiles, trámites estériles y todo eso que suele hacer la burocracia cuando se la deja crecer, generar "funciones importantes" para mantenerse entretenida. A esta altura del conocimiento humano todo lo descrito es de libro de texto, sin embargo en Uruguay queremos volver a experimentar.
Sucede que, al parecer y estar por las declaraciones del ministro de Industria, Raúl Sendic, la mano vendrá bastante más pesada en estos próximos cinco años. El funcionario nos habla de nuevas S.A. que Ancap hará a efectos de encarar otras actividades (supongo que se reformará la carta orgánica para no caer en ilegalidades). Así se piensa en desarrollar investigación en biotecnología y bioingeniería para nuevos biocombustibles; a ALUR, empresa a la que la sociedad ya le "prestó" más de US$ 115 millones, la hará productora de energía masiva a partir de biomasa; como Ancap usa el ferrocarril y, a la vez produce cemento, dado que ahora hay durmientes de hormigón, parece "natural" que se asocie con AFE para el desarrollo del ferrocarril; también deberá explotar las reservas de piedra caliza en Treinta y Tres porque el "recurso está"; iremos por la planta regasificadora propia (se importa gas congelado, un commoditie a nivel mundial) y entonces le vamos a vender gas a un país buen pagador y muy cumplidor de contratos como Argentina; ya no nos bastará con la descacharrante inversión en la planta de desulfurización cuyo costo supera los US$ 400 millones, que está en fase de construcción, sino que tendremos una nueva refinería para procesar los petróleos pesados de Venezuela y para culminar, hasta tendremos una empresa para hacer prospección de petróleo. Tenga el lector la seguridad que me siento agobiado de antemano.
REFLEXIONES. Tengo la sensación que, o bien no se ha advertido hacia dónde camina el mundo, o no se leyó atentamente lo que pasa de verdad en los países desarrollados. En estos, la famosa "intervención del Estado" ha sido, coyuntural, transitoria, limitada y sobre un sector específico al que se le había permitido, contra las lecciones supuestamente aprendidas, tomar riesgos en exceso mezclando actividades incompatibles y eliminando la imprescindible oposición de intereses. El propio presidente Obama reitera machaconamente que no quiere manejar bancos ni ninguna empresa.
Reservo para el final mi vaticinio acerca de cómo termina esta conocida historia, pero veamos algunos aspectos que entiendo los más relevantes.
En primer lugar, al menos uno de los proyectos que se plantea es importante y hay que hacerlo, me refiero a la rehabilitación del tren para carga. Pero no parece la forma adecuada que sea el sector público quien lo haga y menos bajo la asociación planteada y su débil argumento. Al respecto, en mi opinión, debe concederse la reparación y mantenimiento de las vías a privados, licitando el subsidio requerido, dejando libertad de uso por sobre ella a quien quiera. El subsidio se justifica en los ahorros que se harán en materia de infraestructura carretera, aunque habría que justificarlos. A su vez, un tren mejorado seguramente contribuya de manera decisiva para el desarrollo del puerto de Montevideo como conexión hacia el continente, en especial para terceros países.
En segundo término, la necesidad de nuevas fuentes para generar energía es clara. La planta regasificadora es una de las opciones, aunque los técnicos de mayor relevancia se inclinan por otras. Aquí el punto radica en que esta planta se haría basada en ventas hacia Argentina país que, como sabemos, bajo condiciones normales es excedentario en gas. Sucede que, desde 2002 en dicho país sus gobiernos se dedicaron a llevar a la ruina a las empresas. Pensemos ¿qué sucedería si el nuevo gobierno de Argentina, como parece natural, decide volver a lo anterior, que fue un éxito, y entonces le empieza a sobrar gas en dos años? Pensando lo contrario, si ello no sucede y todo sigue como ahora, ¿podemos basar una inversión monumental en la venta a un incumplidor contumaz?
Sobre ALUR mejor no seguir lloviendo sobre mojado. Basta recordar, además del "préstamo", la caldera instalada lleva casi cuatro años desde que se iniciaron las obras y aún no genera energía eléctrica porque no funciona la turbina y que, cuando funcione, la materia prima apenas alcanzará para generar el 0,3% del consumo actual. El "proyecto" de traer otra materia prima -residuos de madera, forestales o de girasol- no es viable a los precios actuales porque esta está disponible a una distancia demasiado grande y el costo de transporte es muy elevado. A su vez, si como se sugiere, se deberá "repetir la experiencia" en otros puntos del país la cosa suena más descabellada aún. Para generar hay que tener la materia prima, es un proceso típico de integración vertical y a menos que ALUR se convierta en forestadora, aserradero, fabricante de muebles, tableros, celulosa o algún otro producto derivado de la madera, todo a gran escala, no hay chance.
La explotación de piedra caliza, la investigación biotecnológica y la nueva refinería, se comentan por sí solas.
De todos modos es muy claro que, si el sector público quiere cometer estos dislates lo puede hacer, el problema vendrá en el futuro, ¿cuándo? Depende de los fondos disponibles y el tamaño de las "inversiones". Hasta el momento Ancap ha financiado cuanta cosa se le cruzó por la mente con el crédito de Venezuela en la compra de petróleo. Esto parece acabarse, más allá que hoy debamos más de US$ 500 millones que consumimos en nafta. Me ahorro los comentarios.
Realmente espero que el sentido común que el presidente electo ha demostrado en innumerables ocasiones prime a la hora de las decisiones y que, al menos, la enorme mayoría de estas ideas no cuajen de la manera en que son presentadas. El país jamás se lo reconocerá porque a los que previenen no se los premia, pero tenga la seguridad que indirectamente la población se lo agradecerá.
PRIVADOS AGRADECIDOS. Como se comprende, si bien la sociedad paga la cuenta, ineficiencia incluida, algunos, además de los funcionarios del Estado, igual son beneficiados. En general son los empresarios que se asocian con el Estado para llevar adelante "los proyectos". De esto también la evidencia empírica es vasta. El que conoce de verdad las cifras es el privado que, asociado con el sector público logra pasarle a éste una parte sustancial de los costos mediante el uso y abuso de los medios humanos y materiales que el segundo dispone, quedando el emprendimiento conjunto con las ganancias. Es más, a quienes dirigen el sector público y piensan que lo que hacen es maravilloso porque "genera empleo" -sin considerar el que destruye por la carga de impuestos y sobreprecios que genera- también les gustar mostrar grandes utilidades como forma de validar sus ideas, aún cuando éstas sean a costa del resto de la sociedad. El juego es perfecto para ambos y desafortunado para la población.
FINAL. Para ver lo que pasa no debemos recurrir a los libros de historia o a nuestros padres o abuelos que ya lo vivieron en carne propia, basta con atender lo que sucede en Argentina con las compañías re - nacionalizadas, o en Venezuela donde no hay ¡agua ni energía eléctrica! Llega el momento en que, como siempre, la realidad gana y todo se cae pero, mucho peor, en el medio habremos perdido años de generación de riqueza, dilapidado riqueza que se genera por otro lado para volcarla en aras de una quimera ideológica y luego deberemos empezar la reconstrucción.
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