ISAAC ALFIE
"Si el país crece y el Estado recauda más, no significa que pueda salirse a gastar alegremente". "Un 3% de déficit fiscal sería lisa y llanamente el resultado de un enorme carnaval electoral". "Los uruguayos tienen que aprender de una vez por todas que en tiempos electorales, con recaudación constante o en alza, el déficit no puede superar el 1% (del PIB). Si eso no ocurre, si se toleran y se generan déficit mayores, el responsable de las finanzas públicas deberá dar cuenta a la ciudadanía y sufrir la correspondiente censura". "Quizás, por qué no, responder también ante la Justicia".
Le quiero proponer una adivinanza al lector. ¿Quién pudo haber expresado esto? Verdad que algún gorila neoliberal, de esos que quieren que la pobreza crezca porque se alimenta de ella. Seguramente algún "insensible" que solo mira los números macro. Quizás, puede ser. Estas son las expresiones que cita Búsqueda (03/06/2004), recogidas de una columna del Senador Michelini en El Observador. El jueves 27 de mayo de ese mismo año, el también senador Rubio decía en un club (La República, 28/05/2004), "Le advertimos a Alfie -o sea a mí- que si hace un estrago en materia de déficit fiscal no coyuntural, lo haremos responsable ante la ley", y agregaba, "que no dejen un agujero fiscal gigante, diciendo que las cuentas cierran y consiguiendo que los técnicos del FMI le digan que cierran ... ".
¿Usted no escucha y ve ahora al gobierno, apoyándose en los dichos de técnicos del FMI, decir que está todo fenómeno? ¿No asistimos impávidos a sesudas explicaciones de por qué casi US$ 1.000 millones de déficit no son nada, y que nada habrá que hacer para reducirlo? ¿No oímos que el aumento de la deuda, que terminará siendo cercano a los US$ 6.000 millones -sí leyó bien- (1) , es algo "razonable"? y, no se cuánta otra serie de cosas.
¡Qué maravilla!, pensar que el gobierno anterior terminó con un déficit de 1,4% del PIB (US$ 195 millones) pero que, marginalmente, había pleno equilibrio fiscal y 0% (cero) de inflación en el último semestre. En los hechos, de los últimos seis meses de gestión, y luego de haber reducido fuertemente los impuestos, tres tuvieron superávit, uno resultó equilibrado y dos mostraron déficit, básicamente porque la carga de intereses, con un dólar a $ 27, pesaba bastante. Por otra parte el resultado primario -ingresos menos gastos sin tener en cuenta el pago de intereses-, era ampliamente superavitario, 4,1% al momento del traspaso del mando y, si lo medimos como ahora lo hace el gobierno, alcanzaba el 4,4% del PIB.
CIFRAS FISCALES. Sobre fin del mes, como es habitual, se conocieron toda una serie de datos acerca de la evolución de la economía. En los doce meses cerrados en agosto, el déficit fiscal, correctamente medido, como lo toma la metodología internacional y tal cual se informa al FMI, llegó a 2,6% del PIB -no 2,2% como informa el comunicado oficial- (2) equivalentes a unos US$ 820 millones.
Por ende de aquí hasta fin de año lo más factible es que el déficit real del gobierno central se sitúe en el orden de 3% del PIB, unos US$ 960 millones tal cual habíamos previsto y anticipamos desde esta misma columna ya casi un año atrás. Una vez más, el comunicado oficial que emite el MEF, el que en general es repetido sin análisis por la prensa, contiene afirmaciones que no son corroboradas por las cifras que difunde, a saber:
a. el déficit aumenta porque los egresos de inversiones crecen por mayores stock de petróleo. Las cifras publicadas dicen que el stock en el último año cae en $ 481 millones.
b. los ingresos caen en el acumulado a agosto en función que el BROU no traspasó utilidades en este año, y sí durante el 2008. En el acumulado enero - agosto, el BROU traspasó $ 3.668 millones durante el 2009 y $ 1.987 millones en 2008.
c. Los ingresos de la DGI caen por la normalización del efecto desfasaje entre el dinero que recauda la DGI y cuando ingresa efectivamente a la caja del Tesoro. En el último año el desfasaje total es del 0,085%.
Lo real es que la recaudación de la DGI está creciendo al 6% en valores constantes, en tanto la del BPS (sin considerar las correcciones que deberíamos hacerle, en función de los cambios en la forma de contabilización de ingresos y la llegada del IASS, que aumentan el resultado final), crece al 13,5%. En todo caso ambas, las principales fuentes de recursos del Estado, crecen a tasas significativas y ligeramente por encima de lo esperado. A su vez, como recién expresé, los ingresos del Gobierno Central incluyen $ 3.668 millones -0,54% del PIB- (3) de transferencias del BROU por dividendos, éstas habían sido 0,34% del PIB durante el 2008. En el período enero-agosto de 2009, las utilidades que informa el BROU son de $ 1.600 millones, por lo que resulta muy claro que el nivel de transferencias hacia rentas generales difícilmente en el futuro pueda superar el del 2008, sea por la performance histórica o la que muestra en este 2009. Correspondiendo que aporte de manera significativa, no es razonable que se viertan prácticamente el 100% de las utilidades, entre otras cosas porque con éstas se financia parte del aumento en las necesidades adicionales de crédito. Entonces, debemos tener en cuenta que hay, al menos 0,2% del PIB de ingresos (unos US$ 64 millones) que son totalmente imprevistos y extraordinarios, lo que implica que en la base para el 2010 no se podrá contar con los mismos, lo que equivale a decir que el nivel de déficit de partida será mayor.
Observados de manera complexiva los ingresos totales éstos se expanden, promedio ponderado, al 6.9% real.
Por el lado de las erogaciones, la única sorpresa es que su crecimiento supera a las estimaciones. En los hechos éstas, sin considerar la carga de intereses, crecen al 15,4% en términos reales, muy por encima de los ingresos.
Desde el punto de vista del resultado primario, la conjunción de la evolución de ingresos y erogaciones arroja que, a fin del presente 2009 el mismo apenas si rondará el equilibrio global, habiéndose partido de un superávit de 4,1% del PIB. Esto, para un país con el volumen de deuda como el nuestro, constituye un serio problema ya que, en los hechos, el peso de la carga de intereses en relación al PIB se encuentra en los mínimos registros que se tendrán en mucho tiempo en función de la baja cotización de la moneda extranjera y que el 70% de la deuda está nominada en ella. Una suba en la cotización del dólar aumenta el costo de los intereses y el déficit global. Las cifras son elocuentes, el gobierno central en los últimos cinco años pasó de pagar intereses por unos US$ 650 millones anuales, al entorno de US$ 870 millones, un aumento de 33,9%, en tanto que medidos en pesos constantes éstos bajan casi 23%. Esta es la "mágica" razón que financia una parte importante del aumento del resto de los gastos sin que el desborde sea insalvable. Hay que tener cuidado porque el dulce produce caries en los dientes.
INFLACIÓN. Otro dato de relevancia fue el registro inflacionario de septiembre. El mismo lució bajo y, en los hechos, lo fue pero en una perspectiva apenas un poco más amplia, la situación no me resulta tan fácil ni dominada como parece. En efecto, cualquier medida de inflación subyacente o núcleo inflacionario nos indica que, si bien en lenta trayectoria descendente, la misma sigue en el entorno del 8% anual. Pensar que un porcentaje de esta magnitud es algo normal, no genera complicaciones, no es fuente de inestabilidad potencial o no puede en "cualquier pestañeo" convertirse en un problema, pertenece al campo de los buenos deseos. Mientras en Uruguay tenemos esta inflación, en Brasil no llega a la mitad y en Estados Unidos y Europa los precios caen, al tiempo que, medida entre extremos, las paridades cambiarias son prácticamente similares, en tanto que medidos en promedios, tanto el real como el euro no han variado su cotización en la plaza local. Esto es el síntoma que algo interno está jugando.
Analizando en detalle la evolución de los precios se advierte la presión que ejerce la indexación de la economía (salarios incluidos). Aquí debo ser preciso, no es que el aumento de salarios reales cause inflación, sino que, si la variación de los salarios y otras variables nominales se hacen por encima de aumentos de la productividad, el exceso debe compensarse con aumento de precios. Es lo mismo tener aumento de salarios del 12% e inflación de 8%, que aumento de 6% e inflación de 2%. En el mundo lo decente es tener inflaciones bajas (entre 1% y 3%) y estables, siendo ésta la única manera de realmente tener una moneda propia demandada por el público (pesificar).
Por tanto, la inflación sigue siendo alta, muy alta y reducirla a estándares internacionales no será posible a menos que se corte la indexación. Mientras esto no pase, el riesgo latente de un desborde ante cualquier shock de oferta está presente.
CONSTATACIONES. Volviendo al inicio, algunas constataciones no están demás. En primer lugar, tal cual informan la DGI y el BPS, la recaudación está creciendo en términos reales y a tasas importantes. En segundo lugar, el gasto público crece "alegremente" a la nada despreciable, insólita e insostenible tasa de 15,4% real. En tercer lugar, estamos en tiempos electorales. En cuarto término, el déficit es superior al 1% (por muerte) y en quinto, este déficit está llegando al 3% del PIB. Repasando los dichos de los Senadores Michelini y Rubio, estamos en presencia de un desprejuiciado gobierno que hace un enorme carnaval electoral, cuyos responsables, sean mentores, ideólogos o ejecutores, deberían rendir cuentas ante la Justicia. Por cierto que al menos el actual titular del MEF no está en esta categoría. Sería bueno que los consejeros del reino empezaran por casa ¿no le parece?
(1) A junio el aumento de deuda bruta llegaba a los US$ 5.000 millones y el mero efecto de la apreciación cambiaria adicionaba a fin de septiembre otros US$ 478 millones.
(2) Se excluye de la medición al BSE y no se consideran, por carecer de cifras oficiales, los déficit que implican las operaciones para fiscales de la CND y las EE.PP., en ambos casos a través de S.A. de derecho privado.
(3) Según el BCU, la utilidad total del BROU en 2008 ascendió a $ 3.744 millones.