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JULIO PREVE FOLLE
El relato de hechos que sigue a continuación bien merece el título que elegí: un papelón increíble vivido por Conaprole, pero más aún por el intermediario encargado de vender leche en polvo a Venezuela, que no fue ni más ni menos que el senador Mujica. Ambos, la empresa y el senador, colaboraron a un desorden serio, que contribuye a hacer caer la calidad institucional del país, que determina en base a reglas quién debe hacer cada cosa en el Uruguay.
HISTORIA. A mediados del 2008, el senador Mujica resolvió atender un pedido de la Mutual de Futbolistas Profesionales, y para ello se fue en agosto a Venezuela a pasar el sombrero al Presidente Chávez, en el momento en que éste se mostraba más dispendioso con sus petrodólares. Y hacia allí partió el senador. Pero para mejorar los resultados de su viaje, resolvió llevar empresarios aparentemente necesitados de su intercesión: alguna empresa de repuestos, de galpones, de cobranzas, y Conaprole.
Llegados a Caracas, los empresarios no tenían armada agenda alguna, y aunque no vieron por allí al senador Mujica, resolvieron aprovechar el viaje y, gracias a nuestro buen embajador, realizaron algunos contactos. En el caso de la leche, la empresa encargada de sus negociaciones fue Pedeval, sector de la petrolera estatal Pdvsa dedicada a los alimentos. Llama la atención que una empresa petrolera se encargue del comercio exterior, en este caso de alimentos; pero cuando es el Estado el que hace las cosas por orden del gobierno, no se puede aspirar a entenderlo todo.
Algunos meses y viajes después, Conaprole concretó una operación de exportación de nada menos que 20 mil toneladas de leche en polvo a un precio superior al internacional de ese momento, lo que llamó al entusiasmo de muchos. El negocio suponía comenzar las entregas a partir de diciembre, tal como lo estableció el contrato que se firmó.
En septiembre un director de Conaprole, el Sr. Wilson Cabrera, en un gesto absolutamente desubicado, en la asamblea anual de la Sociedad de Productores de Leche de Florida y en su sede, pedía la palabra para hacer aplaudir a la concurrencia al senador Mujica por sus gestiones.
A mediados de diciembre, ante el incumplimiento del gobierno venezolano, Conaprole renegocia su contrato esta vez a un precio algo menor, aunque igualmente superior al internacional del momento, que seguía cayendo. Llegados a febrero sin vender ni un kilo, Conaprole solicita la intercesión del Presidente de la República, porque el nuevo contrato se estaba incumpliendo; y el 11 de ese mes el ministro Agazzi, a la salida de un Consejo de Ministros, anuncia -aparentemente a partir de gestiones del Presidente- la concreción de un negocio de exportación de leche en polvo por 60 millones de dólares a Venezuela, producto de una exportación -la de marras- de 20.000 toneladas. La prensa daba amplia cobertura al anuncio del gobierno.
Llegamos así al momento presente. Hasta hoy no se ha exportado un solo kilo, el papelón del gobierno es grande, e imagino que quien pidió el aplauso en Florida sabrá ahora pedir una rechifla. Quizás este artículo ayude a que se exporte la leche, y a algo tal vez más importante: a recordar a todos que los contratos se cumplen, y que quienes no lo hacen deben recibir como mínimo una fuerte sanción moral: "dime con quién andas…".
LAS INSTITUCIONES. Con todo, el éxito o el fracaso de este negocio no es ni por asomo lo más importante. Lo relevante, lo que quiero destacar hoy, es el desarreglo institucional que supone la gestión del senador, al que contribuyó sin duda la decisión de Conaprole de participar de un negocio que sería político, y que podría haber generado, aunque nadie las reclamara, gratitudes políticas, lo que es inaceptable.
No corresponde a un senador, y principal de un movimiento, el papel de intermediario comerciante, función profesional para la que hay especialistas. Y no le corresponde tampoco llevar adelante una negociación política o comercial a nombre propio, para la que el gobierno cuenta con las instituciones adecuadas. La Cancillería es en efecto la que conduce el relacionamiento político, y los ministerios de Economía y de Ganadería las negociaciones específicamente técnicas. Éstas terminan delimitando un marco en el que luego se mueven los agentes económicos, que en el caso de Venezuela incluyen al propio Estado.
LAS GAUCHADAS. De manera que nada podía esperarse de una pierna "a la uruguaya", para la que el resultado debía ser el que ocurrió. Los negocios no derivan, al menos no de modo sustancial, de gauchadas entre "compañeros"; ya para esto la lección de Brasil precisamente en el tema leche debería haber servido de ejemplo.
Tampoco estuvo bien Conaprole. No es sano, en efecto, depender para un negocio de un senador, o deberle favores a un sector político como resultado de una gestión de amistad. El entrevero que se genera es enorme, como bien lo expresó el pedido de aplausos del director Cabrera. Por cierto no le hago un cargo muy pesado a la empresa, ya que el atenuante fue seguramente la caída estrepitosa de los precios, en una industria obligada a recibir materia prima todos los días, procesarla, y venderla o almacenarla, en este último caso quizás pagando créditos.
No le quiero hacer tampoco el agravio personal a Mujica, porque es seguro que todo parte de su buena intención que descuento, tanto como de su falta de respeto al funcionamiento institucional, que resulta obvia. Y tampoco le hago el cargo ni al Presidente ni al ministro de Ganadería, que hicieron lo que pudieron a partir de la conducta digamos institucionalmente díscola, de Mujica. Pero es obvio que las cosas no deben funcionar así. No hay negocio que funcione si depende de gestiones de legisladores amigos de camaradas de otras latitudes. No debió aceptar la empresa involucrarse políticamente en negocios que, además, el país hace con Venezuela desde hace mucho tiempo a partir de acuerdos comerciales. Deber favores a grupos políticos, aunque estos no los exijan, no es un buen resultado para nadie. Una cosa es el gobierno procurando abrir mercados y otra diferente un legislador suelto, fuera de la organización oficial, haciendo piernas; me hace acordar a un diputado de hace años que se presentaba como la llave para entrar en China Continental a hacer negocios.
SIN RECATO. La verdad que en momentos en los que cada vez más me interesa subrayar la importancia del respeto máximo por el sistema de reglas como clave para el país en tantos terrenos, no podía dejar pasar este evento si se quiere tragicómico en su superficie, pero revelador en su fondo de la existencia de un país del más o menos, de la gauchada por el costado de la norma, todo lo que significa un demérito respecto del deber ser de una nación respetable.
Ojalá que la leche se exporte, mejor si no es a Venezuela como favor. Y ojalá también que el director de Conaprole al que me referí, modere sus entusiasmos políticos públicos, que flaco favor le hacen al recato que en estos temas siempre es recomendable para una empresa seria; aun cuando actúe cerca del poder, como le ha ocurrido con frecuencia a Conaprole.
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