JULIO PREVE FOLLE
La prensa da cuenta del acuerdo logrado dentro del gobierno, para promover una ley que limitará a los extranjeros la propiedad de la tierra. El primer artículo que escribí sobre el tema tiene 23 años, y al igual que éste, es producto de una discusión totalmente superada en el mundo; vieja y atrasada. Frente a ella se puede uno preguntar si acaso puede haber algo más que analizar después de tantas discusiones. Y la respuesta es afirmativa: hay elementos nuevos a comentar en torno a esta propuesta.
FALTA DE RESPETO. Lo primero y más notorio es que el gobierno ha decidido hacer un homenaje a sus raíces ideológicas, y lo ha hecho queriendo honrar su programa incumplido, pero a partir de disposiciones que aunque no se pueden cumplir, generan el mismo daño a la inversión que si se cumplieran. Pero sobre todo actúa con irresponsabilidad cívica dado que, no habiendo hecho nada hasta hoy al respecto, dicta ahora una ley cuyo cumplimiento es imposible durante esta Administración. Esto es una falta de respeto a la gente, un arresto de populismo de última hora.
¿Por qué es de difícil cumplimiento? Porque habrá que indemnizar a muchos, y porque se señala que habrá excepciones, de casi imposible reglamentación, como por ejemplo para las sociedades. En efecto, si las mismas pertenecen aún nominalmente a muchos accionistas, ¿a cuáles se los hará nacionalizar?, ¿a los mayoritarios, a los directores, a los de apellidos terminados en vocal, a los de número impar de letras, a cuáles? Además se vuelve a ese modo tan poco democrático de gobernar, que consiste en establecer una norma de carácter general y luego exceptuar de la misma caso a caso ante la Administración, que resuelve en función de lo que considera el interés general, el bien común, o el programa de la fuerza política. Así se hizo con la prohibición de las sociedades anónimas, así se hace con la expedición del ignominioso Afidi, así se pretende que se aplique la Ley de Ordenamiento Territorial, así se ha pretendido hasta ahora sin éxito establecer un permiso caso a caso para sembrar.
COSTOSA TRANSACCIÓN. Pero además esta ley es producto de una transacción entre el grupo político del MGAP y el del Ministerio de Economía. En efecto, este último habría logrado que el plazo para nacionalizarse los extranjeros se extendiera de 7 a 15 años; y, lo que es más gracioso, habría logrado reducir la franja de 50 a 20 kilómetros. Así hemos pasado de querer prohibir a los extranjeros trabajar la tierra, a hacerlo en una franja pero dándoles dos chances de evitar la prohibición, siempre sujetas a trámites: una, pidiendo permiso, otra gestionando la nacionalidad legal. El tironeo entre las dos posturas del gobierno apareció otra vez, para llegar a un punto en el que laudó el Presidente. Como éste no estará después de marzo, imagine el lector la orientación que seguirá la política de tierras, y dónde irá a parar el derecho de propiedad en esa circunstancia.
Como nadie puede sostener hoy esta norma en base a criterios ideológicos, que es lo que pretende el MGAP, se lo hace ahora por razones sanitarias y de control de contrabando. Daba pena en este sentido ver al Ministro de Economía defendiendo la creación de una franja de seguridad -así la llamó- para defendernos de enfermedades y del contrabando. Pobre país que se pasó siglos expuesto a la inseguridad porque no tuvo una faja como la que ahora tendrá; hay que ver el contrabando que se hubiera evitado y las enfermedades que no hubieran entrado... es un chiste. Se trata de un planteo mentiroso. Yo hubiera preferido que se señalara con sencillez que se cree que esta norma es mejor para la soberanía nacional; sería demencial aunque más transparente. En cambio la norma como se la plantea resulta también ridícula, porque no tiene sentido científico alguno para el control de enfermedades, y menos aún del contrabando. Es casi gracioso imaginar a un extranjero pidiendo al MGAP un permiso de propietario prometiendo no traer virus en los zapatos, ni comprar campo del otro lado de la frontera, o asegurando aplicarse una ducha de antiséptico al cruzar la frontera. Los cientos de extranjeros propietarios resultan así más peligrosos para la sanidad que los millones de turistas que pasan la frontera… Y no digamos nada si se trata de extranjeros que promueven el turismo en sus campos. Que se preparen Pancho Dotto, Shakira y Mirtha Legrand, porque van a tener que nacionalizarse, o demostrar que en sus predios se controla bien la aftosa, el cancro y que nadie hace contrabando…
EXPROPIACIÓN. Hay otro punto interesante que establece en la edición anterior de este suplemento el Dr. Gonzalo Ramírez, cuando sostiene que de entenderse de interés general una medida de éstas, en tanto reduce el valor de los activos de todos los propietarios dentro de la franja, correspondería indemnizarlos. Esto supondría un gasto público de alrededor de 4 mil millones de dólares por cada mil dólares de pérdida de valor de la hectárea de tierra. Como ese gasto no se imagina que nadie lo pague, es seguro que sobrevendrán juicios contra el Estado en cantidades industriales, pero que deberá soportar el próximo gobierno, lo que vuelve a calificar la medida de irresponsable y a sus promotores de cultores de populismo de última hora, una vez más.
El daño a la inversión es enorme, si es que se insiste con excluir a los extranjeros. Como la fuerza no le da al MGAP para tanto, lo que va a introducir es simplemente una nueva molestia, otro trámite, otro costo. De esta forma honra su programa cinco años después, dejando el daño para el siguiente período. Y como se trata de populismo puro, es poco lo que se puede hacer razonando, exhortando por ejemplo a considerar al agro como cualquier sector económico; pidiendo un tratamiento análogo al de los propietarios de inmuebles o de fábricas.
MÁS POPULISMO. Este es el tipo de reformas que componen el país productivo: la del populismo ni siquiera ingenioso, sino repetido y viejo. Hace 25 años podía disculparse. Pero hoy, cuando el dinero que se pone en la tierra puede superar al valor de la propia hectárea; cuando el capital no tiene identidad ni nacionalidad; cuando por la naturaleza de las comunicaciones todo está interconectado; cuando todo esto ocurre se apela a un criterio de nacionalidad de la tierra que no se pide a titulares de otro tipo de empresas mucho más grandes y relevantes. Así, fondos de pensión de bomberos ingleses, fondos de inversión de jubilados italianos, cualquiera de ellos puede ser el que aporta el capital escaso para crecer. Ayer se prohibió que la empresa pueda abrir su capital accionario a otros; hoy, que sean extranjeros salvo con trámite hecho ante el MGAP; véase qué novedosa política de tierras.
El populismo, en especial el de última hora, rechaza la consideración de gente de cualquier orientación política. Aún aquellos que creen genuinamente que la tierra debe estar solo en manos uruguayas merecían una ley menos opaca, engañosa y transaccional. Los que esto desean y los que opinamos lo contrario, unos y otros y por razones opuestas, esperaremos a marzo para reclamar derogarla, lo que prueba su impertinencia. Espero que finalmente los legisladores comprendan que aprobar una ley en estas condiciones es por lo menos un acto de notoria irresponsabilidad.