HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN
Hace un par de semanas analizamos la evolución de las finanzas públicas al cabo del primer trimestre del presente año, donde se mostraba el deterioro sufrido respecto al cierre de 2008.
Comparado con el cierre del pasado año, el déficit de las cuentas públicas muestra un deterioro por el equivalente a 0,5% del PIB. De acuerdo a los comunicados oficiales, el deterioro se debe al impacto negativo que está teniendo la sequía.
En efecto, según se ha manifestado por las autoridades en materia energética, el actual es el peor año en décadas, ubicándose la capacidad de generación eléctrica a partir de los recursos hídricos en niveles mínimos, lo que está obligando a generar electricidad en base a fuel oil, con el consiguiente sobre costo.
Pero el tema de la sequía no es nuevo, sino que se está agravando. Ya el año pasado los registros pluviométricos fueron inferiores a la media histórica, debiendo recurrirse a generación eléctrica en base a fuel oil en momentos en que el precio del petróleo alcanzaba niveles máximos.
En la medida que estos mayores costos no se vean reflejados en las tarifas, el resultado de UTE se va deteriorado, y con ello, el de las empresas en su conjunto.
En promedio, entre 2001 y 2007, el resultado de las empresas públicas fue superavitario por el equivalente al 1% del PIB. A partir del segundo trimestre del año pasado dicho resultado se tornó negativo, agravándose con el transcurrir de los meses.
El Gráfico Nº 1 muestra claramente que UTE fue la responsable del deterioro durante el pasado año, pero no así en el presente ejercicio, ya que su resultado prácticamente se mantiene sin cambios en los últimos meses, desmejorando el de las restantes empresas en su conjunto.
ELECTRICIDAD. Analizaremos en primer lugar el desempeño de UTE. La primera pregunta que nos surge es el porqué de su deterioro a lo largo del pasado año. El Gráfico Nº 2 es bien ilustrativo al respecto. Se muestra allí como el ratio entre los costos salariales y las compras de bienes y servicios en relación a sus ingresos fue empeorando a lo largo del tiempo. En efecto, se observa que, promedialmente hasta el año 2007, dichos costos representaban aproximadamente el 50% de los ingresos, trepando a más del 90% en la actualidad.
Ello quiere decir que las tarifas no se ajustaron de acuerdo a la evolución de los costos operativos. Si se hubiesen fijado de manera tal de no afectar el resultado de la empresa, tendrían que estar en la actualidad en un nivel que sería casi el doble al vigente. La magnitud del sobre costo de generación alcanzó a US$ 665 millones en el último año.
De haberse adecuado las tarifas a los costos operativos el impacto sobre la economía hubiera sido muy fuerte, los costos de las empresas en el sector privado hubiesen aumentado de manera importante, afectando negativamente su competitividad, y a nivel de los hogares la incidencia negativa no le hubiera ido en saga.
Pero por cierto que en la decisión de no trasladar totalmente a tarifas el mayor costo de la generación no incidía solamente el impacto que ello tendría sobre el nivel de actividad, sino que también se tuvo en cuenta el impacto que tendría en el IPC.
Un simple ejercicio numérico nos dice que si las tarifas promedio del pasado año hubiesen sido por ejemplo 50% más elevadas, la inflación al cabo del año hubiese sido casi un punto y medio más alta de lo que realmente fue (9,19%), superando así la barrera del 10%, con todos los ajustes que ello hubiera traído aparejado para el presente año.
NAFTAS. Pero así como la desmejora de las cuentas de las empresas durante 2008 se puede achacar al mayor costo de la generación eléctrica, debido a la sequía y el elevado precio del petróleo, otros son los factores que incidieron en el primer trimestre del presente año.
En efecto, y tal como se muestra en el Gráfico Nº 1, el resultado de las empresas excluida UTE al cierre de 2008 fue superavitario por el equivalente al 0,3% del PIB, pero en los doce meses finalizados en marzo del presente año estuvo equilibrado.
En este trimestre es el comportamiento de Ancap que explica el deterioro de las empresas. Al igual que UTE, que debió enfrentar un shock fuertemente negativo (sequía), el ente petrolero también se ha visto envuelto en los últimos tiempos en un contexto de alta volatilidad, concretamente los vaivenes en el precio internacional del petróleo, que a mediados del pasado año treparon a los niveles más elevados de la historia, desplomándose a prácticamente un tercio de su valor en los meses siguientes.
Y al igual que en el caso de UTE, la fijación de los precios de los combustibles tuvo en cuenta los impactos que tendría no sólo en el nivel de actividad, sino también en el IPC.
Tal como se muestra en el Gráfico Nº 3, el ratio entre las compras de bienes y servicios (básicamente el crudo que se utiliza para la elaboración de los combustibles) en relación a sus ingresos, fue creciendo a lo largo del tiempo.
Esto quiere decir que el margen de la empresa se fue deteriorando, al no trasladarse totalmente a tarifas el aumento en el precio de la materia prima.
El gráfico también muestra que la rentabilidad comienza a revertirse cuando se desploma el precio internacional del petróleo.
En los tres primeros meses de 2009 Ancap presentó un déficit de US$ 93 millones. En el mismo período del año anterior el resultado también fue negativo, pero por un monto menor US$ 43 millones.
El deterioro se explica por varios factores. En primer lugar cayeron los ingresos en un monto superior al de los costos. Mientras que la recaudación del ente petrolero cayó en casi US$ 300 millones en el primer trimestre del año respecto a igual período de 2008, las compras del crudo necesario para elaborar los combustibles disminuyeron en US$ 200 millones.
Este resultado se explica en primer lugar por los precios de los combustibles, que a partir del pasado mes de septiembre fueron ajustados periódicamente a la baja, situándose promedialmente en el primer trimestre un 19% por debajo de los niveles vigentes un año atrás.
Asimismo, y de acuerdo a los comunicados que emite el Ministerio de Economía en oportunidad de divulgar los datos fiscales, existen desfasajes en el cobro que realiza Ancap a UTE por el combustible que le vende para generar energía eléctrica.
Como lo muestra la evolución del ratio entre los costos del crudo y los ingresos del ente, con precios más "normales" del petróleo, como son los actuales, ya no existe margen para el desfasaje de tarifas. Prueba de ello fue el reciente aumento en el precio de los combustibles.
RESTO. El resultado operativo de las restantes empresas, salvo UTE, también se deterioró, ya que en todas ellas aumentaron de manera importante los gastos de funcionamiento. Paradójicamente la empresa eléctrica disminuyó sus egresos pese a la sequía, debido al descenso que experimentaron los precios de los combustibles.
Al tiempo que se deteriora el resultado operativo de las empresas, sea por aumentos de gastos superiores a los ingresos, o mayores caídas de estos respecto a aquellos, el resultado global también se vio afectado por el comportamiento de las inversiones.
Esta variable se disparó en los últimos meses, duplicando prácticamente su nivel en términos del PIB. Salvo en Antel, que disminuyó las inversiones en el primer trimestre del año con relación a 2008, en todas las restantes se aumentaron, y en porcentajes muy importantes, superiores en todos los casos al 100%.
La tentación de asociar este comportamiento con el ciclo electoral es muy grande, aunque es justo aclarar que no se trata de niveles excepcionalmente elevados. De hecho, antes de la crisis registraron niveles superiores. En todo caso, lo llamativo fue el bajo nivel que mostraron las inversiones de las empresas públicas en los últimos años.