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Lunes 18.05.2009, 01:52 hs l Montevideo, Uruguay
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Economía y Mercado


Sistemas de riego | Se usan para manejar la producción en relación a los riesgos del clima, pero no para sustituir el agua cuando no llueve

La situación del agro es muy dramática por la prolongación de la sequía

Cuanto más intensivos se vuelven los sistemas agrícola-ganaderos de producción, más frágiles resultan cuando escasea el factor agua

JORGE REBELLA

Para volver a poner en marcha el aparato productivo del agro se requiere sustituir la falta de liquidez a través de nuevos financiamientos y postergar el cumplimiento de las obligaciones fiscales y crediticias de modo que el productor tenga la capacidad de hacer frente a esos pagos, afirmó el ingeniero agrónomo Álvaro Ramos, director de Consur Sociedad de Consultores. El ex ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca analizó las consecuencias de la sequía en la actividad agropecuaria. A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Cómo evalúa las consecuencias de la prolongada sequía que ha afectado al agro uruguayo?

-Las consecuencias son graves y se pueden medir en varios aspectos. Los productores agropecuarios se han descapitalizado, básicamente, por la mortandad del ganado, que no ha sido el efecto más notorio de esta sequía; por la necesidad de vender la hacienda a precios de ruina; por la pérdida de miles de hectáreas de praderas, tanto las que tenían un año de sembradas como las que se hallaban en su fase final, ya que el porcentaje de agua en el suelo marcó durante muchos meses que se hallaba por debajo del límite de supervivencia de las plantas; y, finalmente, por mayores gastos corrientes de operación para mantener la actividad en el campo -que implicó acarrear agua, suplementar la alimentación del ganado, comprar forraje, etc.- y producir menos, es decir que ese gasto no redundó en mayores ingresos.

-¿Qué medidas se deberían tomar para aliviar la situación de los productores en este momento?

-Una medida recomendable para atender las secuelas de la sequía sería diferir las fechas de vencimiento de los créditos bancarios porque los productores se han endeudado al haberse reducido su liquidez a partir de una merma muy aguda en la producción. Una vez que el sector se recupere, lo que es previsible porque las inversiones están hechas, los productores podrán retomar el ritmo de pagos. En resumen, volver a poner en marcha el aparato productivo del agro supone sustituir esa falta de liquidez a través de nuevos financiamientos y de la postergación del cumplimiento de obligaciones fiscales y crediticias de modo que el productor tenga la capacidad de hacer frente a esos pagos.

-¿Qué problemas estructurales del agro quedaron expuestos con este período de falta de lluvias?

-Quizás lo más notorio con respecto al manejo del agua es que cuanto más intensivos son los sistemas de producción, más frágiles resultan cuando escasea el factor agua. En la medida que ha dado una respuesta sumamente positiva a los estímulos de los precios en los mercados internacionales, habiendo aumentado la dotación de cabezas por hectárea y, por tanto, siendo mayor la exigencia en términos de producción de materia verde por hectárea en cultivos o pasturas, se genera lógicamente una más alta dependencia del factor agua. Por eso, los períodos prolongados de sequía representan un mayor riesgo ya que los sistemas se tornan extremadamente vulnerables.

-¿Se ha querido responsabilizar a los productores agropecuarios por no haber hecho más tajamares y pozos de agua para prevenir los efectos de una sequía extensa?

-Esa lectura es muy injusta y poco inteligente en cuanto a interpretar la realidad. Los sistemas de riego que se utilizan mundialmente son para complementar el agua de las lluvias y no para sustituirla. Es imposible pensar que se haga una inversión de tal magnitud que pueda ser amortizable y rentable en un tiempo razonable, sobre todo en países como Uruguay donde, normalmente, existen condiciones climáticas para producir en secano sin dificultades. Por lo general, los sistemas de riego se aplican para mejorar la calidad y los rendimientos, así como para manejar más eficientemente la producción en relación a los riesgos del factor clima, pero no para sustituir el agua cuando no llueve.

-¿Qué políticas públicas se podrían aplicar para aliviar la situación del agro frente a eventuales períodos extensos de falta de agua?

-Cabe la posibilidad de explorar una política pública, en la cual el Estado invierta en hacer reservas de agua con múltiples propósitos, es decir que pueda ser utilizada para regar como complemento del agua de lluvia, para sustituirla y también para abastecer a centros poblados. A través de la creación de cooperativas de usuarios de riego que paguen un canon a quienes administran las reservas de agua, los sistemas de riego y la distribución de agua concomitante, esa obra pública se amortiza por todos los usuarios en un plazo obviamente mucho más largo que no represente un peso excesivo para el productor. En resumen, el error que se comete cuando se dice que los productores no tomaron previsiones ante una eventual sequía es no darse cuenta que las reservas de agua que se hacen en un establecimiento agropecuario, ya sea para regar pasturas y cultivos o para abrevar el ganado, son para complementar el agua de lluvia y no para sustituirla.

Ganadería

-¿Cuál es la situación actual de la ganadería?

-En los últimos años, el sector ganadero ha logrado expresar un altísimo nivel de competitividad internacional. Cuando se observan comparativamente los números de los principales productores de carne, Uruguay se ubica en los primeros lugares en términos de capacidad para competir en el mercado internacional. Eso se ha logrado a base de inversión, de implementación de sistemas que combinan actividades agrícolas y ganaderas, de incorporación de tecnología y de intensificación de la producción respondiendo a estímulos importantes en los mercados internacionales.

-¿Compensan los precios del ganado toda esa inversión?

-La cadena cárnica es todavía imperfecta, pero está mucho más integrada que hace diez años, lo cual permite trasladar un porcentaje de los precios que capturan los frigoríficos al momento de comercializar en el exterior al sector ganadero y, sobre todo, a los invernadores. En particular, lo que ha caído es la demanda de varios mercados por la interrupción de los negocios debido a la crisis financiera internacional. Esa demanda menor deprime los precios. También hay que resaltar la caída muy fuerte de la demanda y del precio de los cueros. Todo esto redunda en menores precios al productor, combinado con una presión de oferta por la sequía que se extiende hasta estos momentos casi al ingreso del invierno.

En relación a la competitividad de toda la cadena, sigue existiendo un rezago en la cría, que es el último eslabón de la cadena de producción y que recibe con mayor retardo y mayor erosión el precio del mercado. Este subsector está más expuesto a los avatares del clima, de los mercados externo e interno y también muchas veces a la falta de impacto de las políticas públicas.

-En 2006 se faenaron 2,6 millones de cabezas de bovinos. Luego el volumen de faena bajó a unos 2,2 millones de reses en 2007 y 2008. ¿A qué razones atribuye ese descenso?

-Se debe a una combinación de varios elementos. En el año 2006 cuando los precios de la carne se proyectaron al alza con mucha fuerza y en forma sostenida, el productor se vio estimulado a aumentar la extracción de animales dada la demanda creciente de los frigoríficos. Esa explosión de la faena tuvo consecuencias en el rodeo en los años siguientes.

El factor climático también ha sido muy importante en la reducción de la faena y de sus rendimientos, ya que la falta de forraje y la escasez de agua para abrevar los animales provocaron que en muchos casos animales preparados perdieran peso y se retiraran de la oferta. Incluso estudios recientes de prestigiosos colegas han permitido demostrar una reducción considerable del peso de los animales que empujados por la falta de pasto igual fueron a faena.

También están incidiendo los problemas que ha debido enfrentar la cría -producción que, en general, se realiza sobre suelos más vulnerables a la sequía- así como su menor desarrollo relativo y capacidad de respuesta a los estímulos de mercado.

-¿No es esa situación una señal de estancamiento de la ganadería?

-El sector ganadero no está estancado. No lo observo en el criador, ni en el invernador. Lo que ocurre es que la cría está rezagada en términos de disponibilidad de suelos de calidad, de capacidad de inversión de los productores, de aplicación de tecnología que permita mejorar los índices de procreo y la oferta de ganado de cría para repoblar los campos y para atender la demanda de ganado de invernada. Además, como los campos que se asignan a la cría son a menudo los más pobres, son los que más sufren las condiciones climáticas adversas y, por tanto, eso genera todavía un rezago mayor. Si abstraemos la coyuntura climática extraordinaria, la cría con algún incremento de la inversión puede ponerse a tiro, en términos de la demanda, para repoblar los campos.

Lechería

-¿Cómo visualiza la situación del sector lechero dada la caída del precio del commodity en los mercados externos?

-Sin perjuicio de que los precios están aún por encima de sus niveles históricos, la situación es problemática porque el sector lechero invirtió mucho respondiendo a los estímulos de las elevadas cotizaciones de la materia prima. Por tanto, esa mayor inversión está generando a los productores una fuerte exposición financiera y de endeudamiento como consecuencia de la caída del precio internacional de la leche. La cadena láctea uruguaya ha hecho desde hace muchos años enormes esfuerzos para mejorar su nivel de competitividad. Ha logrado que la mayor parte de la leche producida se destine al mercado externo y, sobre todo, deba exportarse fuera del Mercosur. Ahora se le presenta un nuevo desafío ya que Brasil se convertirá este año en exportador lácteo.

-¿Dónde encuentra el sector lácteo su principal cuello de botella en la actual coyuntura?

-Las mayores dificultades se hallan en la fase industrial. Hoy la industria láctea recibe el precio internacional, pero lo amortigua al trasladarlo al sector primario porque ella está sujeta a otros factores como la ecuación productiva en términos de salarios, costos financieros y costos de producción. En la actual coyuntura, la rigidez de la política salarial está generando pérdidas de competitividad al sector industrial lechero, que tiene índices de remuneraciones superiores a otras ramas de actividad. Como la industria no puede absorber esos niveles salariales, el desequilibrio termina reflejándose en el precio que se le paga al sector primario.

-¿Adónde se debe apuntar para resolver el actual problema de la lechería?

-Por un lado, la postergación de los vencimientos de las deudas bancarias también sería válida para el sector lechero. A su vez, podría ser una buena solución para los bancos porque se asegurarían el pago, en un plazo más largo, de los préstamos concedidos a los productores que ya tienen las inversiones hechas y no se van a mudar. Además, una medida de política pública para los tamberos consistiría en aliviarles la carga tributaria directa o la indirecta a través de una mayor devolución de impuestos y de no intervenir en los precios.

Agricultura

-¿Se tiende al monocultivo de soja en el litoral uruguayo?

-La soja tendrá una importancia mayor en el agro uruguayo, en la medida que continúe el interés de los agricultores por expandir el área de siembra porque hay tecnología que lo permite y precios que estimulan esa inversión. Empero, no creo que la soja haga desaparecer a otros cultivos. Si bien sustituyó al girasol que tenía problemas de competitividad, de precios y sanitarios, hay otros cultivos de rotación que vienen detrás de la soja, lo que permite extraer una mayor producción y lograr un mejor rendimiento de una misma superficie de tierra. Los equilibrios se van a ir alcanzando progresivamente en la medida que se vaya encontrando la armonización de otros cultivos con la soja y de una ganadería más intensiva con este sistema de rotación agrícola.

-¿Qué nos asegura que se alcancen esos equilibrios?

-Ningún empresario agrícola -ni propietario, ni arrendatario, ni medianero- está interesado en destruir el factor tierra que le da sustento y a eso se agregan las nuevas tecnologías disponibles y los precios relativos de los demás cultivos. Si se requiere una regulación virtuosa sobre el recurso suelo, los productores volverán a generar equilibrios mediante rotaciones agrícolas con la soja como líder y con características diferentes a las que conocimos, pero con resultados positivos.

Paradójicamente la legislación discrimina contra los inversores nacionales

-Por primera vez en cinco años, últimamente se ha revertido la tendencia alcista del precio de la tierra. ¿Qué efectos puede tener ese hecho en la economía del agro?

-Ese hecho ha bajado las expectativas de los propietarios y tenedores de la tierra, pero se alinea con un nivel de competencia más apropiado a la caída de los precios de los commodities agrícolas. Cabe señalar que quienes invierten en la compra de campos no buscan tanto maximizar la renta en el corto plazo, como obtener una rentabilidad más segura en el mediano plazo. Ese enfoque es aplicable a la ganadería, la agricultura, la forestación e incluso al valor del suelo. En efecto, la tierra es un valor inmobiliario que, más allá de altibajos coyunturales, mantiene su nivel en términos constantes.

-En el actual período de gobierno, se han aprobado normas restrictivas con respecto a la propiedad inmueble rural, estableciéndose, por ejemplo, que las sociedades anónimas sólo pueden ser titulares de inmuebles rurales si sus acciones son nominativas, pero se han exceptuado ciertos casos para inversores extranjeros. ¿Cómo ha incidido esa legislación en el actual valor de la tierra?

-No tengo datos que me permitan afirmar que esa normativa, que en alguna medida puede tener sus fundamentos bien inspirados, sea parcialmente responsable por la caída del precio de la tierra, que sin duda obedece a la baja de los precios agrícolas y la falta de liquidez de los productores. Pero el efecto más negativo de esa legislación consiste en la discrecionalidad que se genera cuando el Poder Ejecutivo establece excepciones para las empresas, sobre todo agrícolas y forestales, en los casos en que no se puede demostrar que la titularidad de las acciones es propiedad de personas físicas porque el paquete pertenece a fondos provisionales o son empresas abiertas que cotizan en Bolsa. En consecuencia, la propia ley le otorga al Estado la posibilidad de aplicar un régimen de excepcionalidad en cuanto a la tenencia de tierras para esas sociedades anónimas. Todo esto es contradictorio con el espíritu de la legislación, le quita transparencia al negocio agropecuario y lo peor es que discrimina contra los inversores nacionales, Las grandes empresas extranjeras pueden ser habilitadas, siempre que cumplan ciertos requisitos administrativos. Es una paradoja de la legislación.

Nuestro país seguirá teniendo un perfil ganadero muy importante

-¿Prevé que se continúe reduciendo el área destinada a la ganadería por el avance de los cultivos y la forestación?

-Ese fenómeno posiblemente se siga dando porque los precios de los commodities agrícolas, aunque han descendido últimamente, continúan estando por encima de sus niveles históricos. Mientras haya una señal fuerte y positiva del mercado en términos de precios, el agricultor se va a ver impulsado a extender los cultivos y, de ese modo, lo llevará a "colonizar" nuevas áreas. Sin embargo, esta práctica no necesariamente expulsa a la ganadería, sino que puede generar sistemas combinados de forestación y ganadería, de producción agrícola con producción ganadera. Actualmente, se está transformando la tradicional explotación agrícola-ganadera en un sistema con más agricultura pero también con más ganadería, en donde hay más cabezas por hectárea e incluso se incrementa la producción con suplementación y encierro.

-¿No se corre el riesgo que la mayor rentabilidad de la soja en relación a la carne intensifique la pérdida de área ganadera?

-Si bien los productores podrán querer sacar mayor renta en un momento dado, ninguno quiere destruir su factor más importante que es la tierra. Así como, hace muchas décadas, evolucionó el sistema agrícola-ganadero con el arroz, es probable que en los campos destinados a la soja y que se rotan con otros cultivos haya posteriormente ganadería a efectos de dar algún descanso a esa tierra. Esos equilibrios se van a ir dando no sólo porque Uruguay tiene una frontera agrícola finita, sino también porque las señales del mercado que tensionan favorablemente el incremento de las áreas agrícolas lo hacen en la misma dirección con la producción de carne.

-¿No existe hoy una sobrecarga de animales en los campos debido a la expansión del área destinada a los cultivos?

-Actualmente la situación es muy dramática porque la prolongación de la sequía luego de una breve tregua en febrero y parte de marzo, no ha permitido la recuperación de las pasturas cuando se ingresa al invierno. Sin embargo, hay posibilidades de manejar el stock de manera racional de modo que no haya una sobrecarga en función de los recursos naturales disponibles.

-¿Seguirá siendo Uruguay un país eminentemente ganadero?

-Las mayores ventajas comparativas están en la ganadería. Sin embargo, las ventajas competitivas, es decir las que se crean con capital, tecnología, trabajo, agregado de valor, políticas públicas, etc., son favorables tanto a la agricultura como a la ganadería y la lechería. A pesar que hay factores económicos y tecnología disponible para que las áreas que no eran agrícolas hoy lo sean y todo indica que esta tendencia va a continuar, Uruguay seguirá teniendo un perfil ganadero muy importante.

Ficha Técnica

Álvaro Ramos Trigo, uruguayo, 59 años, es ingeniero agrónomo egresado de la Universidad de la República y posee el diploma en Administración de Empresas y Desarrollo por la Fundación Konrad Adenauer (Alemania). Es director de Consur Sociedad de Consultores y coordinador regional del Programa del Federación Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) para el Mercosur. Fue Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (1990-93),Ministro de Relaciones Exteriores(1995-98) y Senador de la República.

Es Catedrático de Proyectos Finales de la Licenciatura en Estudios Internacionales de la Universidad ORT Uruguay.

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