JORGE REBELLA
Lo importante es que todos -gobierno, productores y gremiales- tomen al cambio climático como un desafío colectivo hacia adelante, aunque la sequía se termine, dijo el ingeniero agrónomo Eduardo Blasina, socio director de Blasina & Tardáguila Consultores. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-¿Cómo evalúa las perspectivas del sector agropecuario?
-En los próximos dos años se tendrán que cicatrizar las heridas causadas por la actual sequía, cuya magnitud va creciendo exponencialmente a medida que pasan los días, aunque haya llovido algo recientemente. Este período va a ser muy difícil para el agro porque tendrá que enfrentar la coincidencia de dos ciclos negativos. Uno es la contracción de la demanda externa que exhibe niveles mucho peores de lo que podía suponerse. El otro ciclo se debe a los fenómenos climáticos de El Niño y La Niña, aparentemente causantes de esta prolongada sequía que afecta a algunas áreas del territorio nacional desde hace un año. No obstante, estoy convencido que las perspectivas del sector para el mediano y largo plazo son muy buenas porque hay factores estructurales que determinan que los sectores alimentos y energía tendrán roles estratégicos claves en la economía mundial. Por lo tanto, ambos se volverán a valorizar una vez que el sistema financiero global recupere un funcionamiento mínimamente normal.
-¿Qué sectores del agro resultarán más afectados?
-Por sus propias características, la lechería va a sentir mucho más los efectos negativos de la coyuntura actual. Los departamentos de San José y Florida, que forman la llamada "cuenca lechera", han sido una de las zonas más afectadas por la falta de lluvias. Además, a la retracción de la demanda mundial se le sumó el escándalo de la venta de leche con melamina en China y, desde el mes pasado, el regreso de los subsidios a las exportaciones en Europa.
También la cría vacuna va a ser muy golpeada porque es una actividad que se desarrolla en suelos que tienen menos reservas de agua y, por tanto, allí seguramente se registrará el mayor índice de mortandad de ganado bovino. En menor medida, los efectos negativos podrían amortiguarse en el ganado de invernada porque hoy se compran reses a precios muy interesantes y, si el clima se normalizara, le permitirá al productor obtener buenos márgenes de ganancia.
En la agricultura, el impacto negativo será muy fuerte, aunque las lluvias recientes salvan a parte de los cultivos que se sembraron más tarde. Para el sector arrocero estas lluvias fueron una salvación de último minuto. Si bien se perdieron algunas hectáreas, se evitó lo que pudo ser una catástrofe. En el otoño se "jugará el partido" de los cultivos de invierno y quiero pensar que el clima será normal en abril o mayo.
-La sequía que se registró en el año 2000 causó pérdidas estimadas en unos US$ 250 millones. ¿Existen estimaciones con bases relativamente sólidas sobre los costos que va a ocasionar la actual falta de lluvias?
-No conocemos cifras oficiales ni privadas al respecto, aunque seguramente las pérdidas ya superan los US$ 100 millones. En realidad, todavía es muy temprano para hacer evaluaciones de ese tipo porque, entre otras razones, no se sabe el resultado de los cultivos de maíz y soja. Si bien se podrían estimar las pérdidas directas por mortandad, por menor peso de los animales, etc., hay que cuantificar las pérdidas diferidas como, por ejemplo, la segura caída en la parición de terneros, cuya cifra recién se va a conocer en septiembre. Los costos reales recién se sabrán en el segundo semestre de este año.
Acciones
-En noviembre pasado el Poder Ejecutivo criticó la falta de acción de los productores agropecuarios a quienes desde hace dos años les venía advirtiendo que hicieran tajamares y pozos de agua. ¿Qué opina al respecto?
-Si se pudiera conocer el clima con uno o dos años de anticipación, las acciones a tomar serían claras y sencillas; pero no existen pronósticos meteorológicos fiables de más de dos semanas. Por lo tanto, esas críticas son técnicamente muy cuestionables. Por otra parte, hubo muchos productores que invirtieron en hacer tajamares, pero la magnitud de la sequía es tan grande que muchos se han secado. En realidad, para estar asegurado contra una sequía tan prolongada, habría que construir represas de dimensiones gigantescas, lo cual implica que el 99% de los productores no estaría en condiciones de hacerlas.
Quizás, lo más negativo de esas declaraciones es que reeditan una vieja historia de antagonismo campo-ciudad, cuando tendríamos que aprovechar las actuales adversidades para tender puentes y tratar que quienes tienen sus campos achicharrados sintieran que le llegan palabras de solidaridad y de búsqueda conjunta de soluciones desde el Poder Ejecutivo. Además, si entrásemos en el juego de echar culpas, todos tendríamos nuestra cuota parte de responsabilidad. Lo importante es que todos -gobierno, productores y gremiales- tomen al cambio climático como un desafío colectivo hacia adelante, aunque la sequía se termine.
-A su vez, los dirigentes de la Federación Rural alertaron que está en riesgo la sostenibilidad de la cadena de pagos en el agro. ¿Coincide con esa afirmación?
-Me parece que esa afirmación es muy fuerte, más allá de que pueda haber algunos casos puntuales de productores que se les haya incendiado el campo y de productores lecheros que tienen problemas serios. Tras cinco años muy buenos para el agro, la situación de los productores es más sólida, pero sus disponibilidades financieras se van debilitando semana a semana a medida que se prolonga el período de sequía. Ese agotamiento se acentúa para los que venden ganados muy disminuidos o que sembraron con semillas adquiridas a precios muy altos y ahora corren el riesgo de perder los cultivos de verano.
-¿Es previsible un endeudamiento masivo del agro en los próximos meses?
-Difícilmente se vuelva a producir un endeudamiento de niveles altísimos como los registrados en décadas anteriores. Los productores tienen una historia muy reciente de sobreendeudamiento y, lógicamente, no quieren regresar a una situación de sobreexposición de sus empresas por tomar pasivos excesivos.
Medidas
-El ministro Agazzi sostuvo que hoy el país está mejor preparado para afrontar la sequía y puso como ejemplo la vigencia del Fondo Agropecuario de Emergencia y del Fondo Granjero. ¿Es suficiente ese apoyo oficial dada la magnitud de la sequía en el sur del país?
-Hay una gran subjetividad en esa comparación. Lo importante es que a partir de este suceso tan infortunado se elaboren políticas integrales de manejo del agua como las anunciadas la semana pasada. Si bien nuestro país siempre ha sufrido sequías de diferente intensidad, aparentemente la frecuencia con que se dan los períodos de falta de lluvias es cada vez mayor. Es difícil afirmar si la actual situación se debe al cambio climático, ya que ese debate quizás se salde al cabo de varias décadas. Sin embargo, nadie puede negar la necesidad de implementar una red nacional de reservas de agua, con el objetivo de almacenar mejor el agua de lluvia y hacer uso de los acuíferos de nuestro subsuelo, de modo que la próxima sequía no tenga efectos devastadores en el campo.
-¿Qué medidas se deberían tomar para paliar el déficit hídrico actual?
-Habría que apuntalar al sector agropecuario ante el mal momento circunstancial. Además de estar expuesto a todos los riesgos de la actividad económica, el sector agropecuario tiene un riesgo climático muy alto. Desde la óptica de la gente de la ciudad, se cree que el productor no toma las precauciones debidas por falta de previsión y no se piensa en los altos costos que implica dotar de agua y equipos de riego a las explotaciones agropecuarias.
-¿No deberían invertir más los productores y el Estado para asegurarse el agua en períodos críticos?
-Hoy todos los países del mundo están reduciendo las tasas de interés para tratar de lubricar mejor una situación económica adversa. Justamente, ese debería ser el camino para el agro. No creo que haya que prestar a tasa cero, pero se tendría que bajar el costo del crédito a los productores y, sobre todo, extender los plazos de vencimiento porque es previsible que a mediados del año próximo se haya normalizado el clima y también recompuesto la demanda internacional. De hecho, el comercio de soja y de carne se está reactivando gradualmente. Conste que no estoy proponiendo un subsidio, sino que se tome en cuenta el riesgo adicional que conlleva la actividad agropecuaria y se otorguen créditos recuperables para el BROU. Ese esquema le permitiría al productor atravesar los dieciocho meses venideros que serán sin duda muy difíciles.
-¿Se necesitará también un afloje impositivo?
-En la medida que el agro está gravado con el Impuesto a la Renta de las Actividades Empresariales (IRAE), se supone que la tributación se ajusta sola. No obstante, se va a producir un desfasaje porque, probablemente, habrá que pagar el IRAE de un ejercicio fiscal que fue bueno justo en un momento en que las empresas agropecuarias estén dando pérdidas, sobre todo en las actividades vinculadas a la lechería. Tal vez se pueda realizar un manejo financiero en estos casos de modo que se reprogramen los pagos a la DGI.
-¿Qué efectos podría tener una prohibición o restricción de las exportaciones de carnes como recurso para aliviar las presiones inflacionarias?
-Esa es una hipótesis que se manejó cuando se bloqueó una negociación entre el gobierno y la industria frigorífica. Francamente, no creo que esa idea figure en los planes del gobierno. Si ocurriera, sería la señal más negativa que se podría emitir. En un momento que existe una presión enorme por aliviar la carga de los campos para que no se muera el ganado por falta de pasturas, cerrar la vía de salida generaría una catástrofe económica en el agro.
Ganadería
-¿Cuánto podría caer el stock ganadero como consecuencia de la falta de pasturas y aguadas en los meses de verano?
-Es evidente que el stock de ganado vacuno, que sumaba 11,7 millones de cabezas a fines de junio de 2008, habrá de caer este año. Sin embargo, la cifra definitiva, que aún no se puede estimar, se verá amortiguada porque también puede descender el volumen de faena. Asimismo, dependerá en buena medida del estado del tiempo en lo que resta del año. Por la baja en la parición es casi seguro que el stock volverá a caer en 2010.
-Hace dos años se faenaron 2,6 millones de cabezas de bovinos. Sin embargo, la faena cayó a unos 2,2 millones de reses en 2007 y el año pasado mantuvo niveles similares. ¿Por qué no se concretó un aumento del volumen de la producción ganadera?
-Siempre dijimos que la faena registrada en 2006 marcó un techo que iba a demorar mucho en superarse. El nivel alcanzado obedeció a la presencia de una demanda con buenos precios que los productores dudaban que se fuera a mantener. Por eso, remitieron un número enorme de reses a los frigoríficos, incluyendo muchas vacas preñadas, sin tener en cuenta que el rodeo no era capaz de sostener esa extracción. Por lo tanto, hubo un ajuste a la baja en el stock vacuno, lo cual determinó un nuevo equilibrio del mismo en torno a los 11,5 millones de cabezas.
-¿Qué se requiere entonces para que la producción ganadera tome un nuevo impulso?
-El nivel de producción ganadera no va a subir un nuevo escalón hasta que no se den dos condiciones ineludibles: una baja en la edad de faena de los novillos, es decir que siga aumentando la proporción de novillos que llega a cerca de 500 kilos a los dos años y medio o tres años de edad; y la continuidad del proceso de entore de las vaquillonas a los dos años. Históricamente, se entoraba un tercio de las vaquillonas a los dos años y al resto recién a los tres años. Ese proceso se vio interrumpido, pero se irá retomando en la medida que se normalice el clima. Por lo tanto, habrá una escasez importante de terneros en los próximos dieciocho meses y, en consecuencia, los invernadores van a demorar la venta de su ganado para hacer subir el peso de faena de sus novillos, con lo cual se sentirán sus efectos hasta el año 2012.
Lechería
-¿Cómo visualiza la situación de los pequeños productores lecheros?
-Estos atraviesan una situación muy difícil y tienen pocas defensas para soportar los efectos de esta sequía. Muchos son arrendatarios que están comprometidos a pagar rentas altas acordadas en un período de bonanza. Hoy se encuentran ante un colapso de la producción que, prácticamente, los obliga a "secar" las vacas y, por consiguiente, a dejar de tener ingresos. Además de la complejidad actual del comercio internacional, la industria láctea nacional está muy dependiente de sus exportaciones a Venezuela. Ese país, que se ha visto perjudicado por la baja de los precios del petróleo, tiene por delante un plebiscito constitucional al que las empresas exportadoras uruguayas le asignan mucha importancia, porque una eventual derrota de Chávez podría poner en riesgo las compras generosas de leche en polvo realizadas por su gobierno.
-¿Y cuál es el panorama para los grandes inversores que ingresaron a la lechería en años recientes?
-Estas empresas formadas con capitales locales y extranjeros han hecho una apuesta muy fuerte al mejoramiento de la productividad, pero se van a encontrar con un descenso pronunciado de, por lo menos, un 10% en la cantidad de leche producida. Han vendido buena parte de su ganado por las dificultades para alimentarlo. Sin duda, tendrán que salvar una prueba de fuego ya que van a enfrentar varios obstáculos para alimentar al ganado lechero y no van a obtener créditos con tanta facilidad. Sus resultados operativos no van a mostrar utilidades sobresalientes y tampoco podrán reportar ganancias en base a la valorización de la tierra como sucedía hasta mediados de 2008. En los próximos dos años, se podrá comprobar cuál es el grado de compromiso que esos inversores tienen con la lechería. Es más que deseable que permanezcan y generen un intercambio técnico con los productores uruguayos.