JORGE REBELLA
Un eventual cambio de escenario político sería crítico para la Presidenta y su consorte porque el peronismo tiene incorporado el principio de la verticalidad que permite traicionar sin sentimiento de culpa, sostuvo el Dr. Mariano Grondona. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, el reconocido analista político argentino definió al actual gobierno como una "dictadura intrademocrática" porque, uno por uno, casi todos los poderes del Estado han ido cayendo bajo la voluntad de Néstor Kirchner. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-¿Ha ingresado el sistema financiero internacional en una crisis comparable a la de fines de la década de los veinte y principios de los treinta?
-Reconozco que esta crisis es más dura que otras, aunque ninguna es tan grave como la que a uno le toca vivir. Si se tiene una idea muy anticapitalista, como predomina en muchos países de América Latina, esta crisis es la prueba de que el sistema no funciona. Sin embargo, sus enemigos ideológicos tienen una percepción errada de lo que es el capitalismo. Este no agoniza con sus crisis, sino que revive con cada una de ellas. En realidad, es el único sistema que ha generado progreso económico, pero este avance no es gratuito. Implica recurrencias, caídas y subidas. Recuerdo la definición de Schumpeter que dice que el capitalismo es un proceso de "destrucción creativa". Si no hay destrucción creativa, no hay creación. Hay incluso un darwinismo oculto en ese concepto porque implica que los más aptos prevalecen sobre los menos aptos. Para una visión schumpeteriana es normal que esto ocurra, pese a que a uno no le guste esa "normalidad".
-¿No tienen estas crisis un costo muy grande?
-Cuando se desata una crisis como la actual, todos nos asombramos porque veníamos experimentando casi una década de crecimiento constante. Justamente este proceso crítico estalló cuando uno comenzaba a creer que la expansión del producto era algo permanente, que las acciones iban a subir siempre. Pero las crisis que genera el capitalismo son tan crueles como necesarias porque producen una gran limpieza, de la cual sobreviven algunos para recomenzar un nuevo ciclo. Para un empresario, sentir el aliento del competidor en la nuca es mucho peor que soportar el control del Estado que se da en un sistema socialdemócrata. Sólo con esa dura disciplina de la competencia, el capitalismo pudo convertirse en el movimiento económico más dinámico de la historia, como lo reconoció el propio Karl Marx.
Keynes y Kirchner
-En Argentina, ¿qué providencias ha tomado el gobierno para protegerse de los efectos de la actual crisis internacional?
-A pesar que los Kirchner creen haber aplicado una política keynesiana, en realidad han estado practicando el antikeynesianismo. En el mundo existe una confusión con Keynes. Si bien se le considera generalmente un heterodoxo, en realidad fue un ortodoxo que salvó al capitalismo al reconocerle su carácter cíclico. El economista inglés supo distinguir dos situaciones opuestas en el sistema capitalista: los períodos de alza y los de baja. Ante esa realidad, recomendaba al Estado aplicar políticas anticíclicas, es decir acumular reservas en las épocas de bonanza, de modo de poder gastar para mantener la demanda en el "bajón".
En los últimos años, algunos pocos países latinoamericanos actuaron como la hormiga en la fábula de La Fontaine. Es el caso de Chile, cuyo gobierno acumuló importantes reservas en base a los mayores ingresos por las exportaciones de cobre, y, por tanto, está hoy mejor preparado para afrontar los tiempos difíciles. En cambio, otros gobiernos se sumaron a la euforia de los mercados que, según Alan Greenspan, actúan con gran irracionalidad tanto en momentos de exhuberancia como de escasez. Gastaron cuando tenían que ahorrar y ahora se han quedado sin recursos. Son la cigarra del cuento.
-¿Con qué criterios económicos ha actuado el gobierno argentino?
-Para empezar, el matrimonio Kirchner tiene una percepción errónea de la crisis global. Ha actuado al revés de lo que propuso Keynes porque la economía argentina no es manejada en base a premisas económicas, sino desde premisas políticas. Cuando Kirchner llegó a la presidencia en 2003 -casi como un intruso porque no tenía ningún respaldo electoral propio- lo primero que hizo fue acelerar el ciclo económico favorable, pese a que se le advirtió que esa política era muy peligrosa. Al principio de su mandato, Argentina tenía un gran déficit fiscal, como ha sido habitual en América Latina, y él adoptó una política superavitaria, lo cual le valió el elogio de los economistas ortodoxos. Pero, en realidad, esa estrategia le permitió utilizar los cuantiosos fondos de la "caja" del Estado para manejar a legisladores, gobernadores, etc. a efectos de alcanzar sus objetivos políticos.
Estrategia
-¿Cómo va a conseguir el gobierno más crédito a medida que se acentúen los efectos de la crisis internacional?
-El gasto público ha ido creciendo cada vez más y hacia fines de 2008 se encontró con que la "caja" estaba casi vacía. Por eso, se apoderó de los US$ 35.000 millones de las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones ya que era el único crédito disponible en Argentina. Como una de las pocas fuentes de financiación de las empresas privadas que quedaban en el país eran las AFJP, el Estado ahora posee paquetes accionarios, que en algunos casos, llegan al 25% del capital de esas empresas. Por consiguiente, cabe la posibilidad de que haya un representante de Kirchner en los directorios de las principales compañías que operan en Argentina, aunque el gobierno no ha nombrado directores propios en las empresas donde tenían directores las fenecidas AFJP.
-¿Qué posibilidades existen de que continúe el proceso de expropiación de más empresas extranjeras en Argentina?
-La política de Kirchner ha sido ahogar a las grandes empresas privadas para después comprarlas el Estado a precio de liquidación. El mecanismo elegido es muy sencillo. El gobierno, que fija las tarifas de los servicios públicos, prácticamente no ha realizado ajustes por inflación en los últimos años. Por ejemplo, Transportadora de Gas del Norte S.A. (TGN), la principal productora de gas que era de Techint, recientemente se declaró en cese de pagos por el deterioro de la ecuación económico-financiera debido a la congelación de las tarifas residenciales y un incremento generalizado de sus costos. En consecuencia, está compañía pasará a manos del Estado.
-La presidenta Cristina Kirchner ha sostenido que la economía argentina está preparada para hacer frente a los impactos de una recesión mundial. ¿Existe realmente una estrategia para afrontar la crisis global en Argentina?
-El gobierno no tiene ninguna estrategia económica porque, entre otras razones, es Néstor Kirchner quien maneja la economía. En realidad, el esposo de la Presidenta tiene un plan cortoplacista que apunta a consolidar su hegemonía política. El punto débil de su estrategia es la desmesura de su pretensión de poder. Esa ambición va generando fenómenos de acumulación de poder como el de la reelección presidencial infinita mediante la sucesión conyugal.
A pesar de ese desequilibrio, Kirchner es muy hábil para moverse en la coyuntura. Puede dar pasos sorpresivos como, por ejemplo, cuando atropelló a las AFJP. A fines de año se le ocurrió pedirle prestado fondos a la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), o sea que la agencia recaudadora oficial ha pasado a prestarle al gobierno los mismos recursos que el Estado recauda. Por lo tanto, es muy difícil analizar la situación desde un punto puramente económico porque se está corriendo una carrera y no se sabe si llegará primero el deterioro de la economía o el control absoluto que Kirchner quiere ejercer sobre ella.
Comicios legislativos
-¿Cuáles son los principales desafíos políticos que enfrentarán los Kirchner este año?
-Son, sin duda, una segunda etapa del conflicto con el campo y las elecciones parlamentarias de octubre, cuando se renovará la mitad de los escaños de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Estos comicios son decisivos para el matrimonio Kirchner ya que esa renovación parcial de congresistas les permitiría recuperar el control del Congreso. Allí perdieron la pulseada con el campo el año pasado pese a que, en el papel, había una amplia mayoría kirchnerista. No hay que olvidar que buena parte de los diputados no responden directamente al partido Justicialista, sino a los gobernadores de las provincias, lo que luego se transforma en bloques casi provinciales en la Cámara de Representantes.
-¿Qué consecuencias tendría una derrota de los candidatos kirchneristas en octubre venidero?
-Si el kirchnerismo pierde las elecciones legislativas, le va a resultar muy difícil gobernar con un Congreso mayoritariamente opositor. Un eventual cambio de escenario político sería crítico para la Presidenta y su consorte porque el peronismo tiene incorporado el principio de la verticalidad que permite traicionar sin sentimiento de culpa. Cuando cae el jefe, sea Menem, Duhalde y, quizás, Kirchner, todos los dirigentes se van con el nuevo líder. El principal peligro para los Kirchner son los propios peronistas, quienes progresivamente se les están yendo de su control, tales como Reutemann, Solá, etc.
Kirchner tendrá que arreglar con los gobernadores, quienes seguramente le van a cobrar el manejo que ha hecho de la recaudación. En efecto, se cambió el reparto en partes iguales de los fondos de la coparticipación por una asignación de sólo 25% para las provincias y de 75% para el gobierno de la Nación. A la parte del león se suman varios impuestos -como, por ejemplo, las retenciones a las exportaciones- que no se coparticipan.
Gobierno vs campo
-¿Cuál es el actual estatus del prolongado conflicto político y económico entre el gobierno y los productores agropecuarios?
-El año pasado el gobierno quiso subir las retenciones móviles a las exportaciones agrícolas a un nivel que era confiscatorio, pero el agro argentino consiguió detener ese aumento en el último minuto. Lo lograron luego de dos manifestaciones gigantescas, una en Rosario y otra en Palermo, donde se juntaron productores rurales y gente de la ciudad, y por el voto decisivo de Cobos en el Congreso, quien sostiene que salvó al país de una confrontación terrible. A partir de ese momento, el movimiento agrario se desinfló. Sin embargo, Kirchner no puede aceptar que perdió esa batalla y su agresividad sobre el campo no para de crecer.
-¿Qué métodos ha elegido el gobierno para atacar al agro?
-El gobierno utiliza a la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) -un organismo creado en 1996 que es responsable de fiscalizar el estricto cumplimiento de las normas de comercialización en el sector agropecuario, a fin de asegurar un marco de transparencia y libre concurrencia para esas actividades- para regular el mercado de exportaciones, abriéndolas y cerrándolas a su voluntad. El propósito del gobierno es saturar el mercado interno a efectos de bajar los precios de los productos agrícolas. De ese modo, el consumo per cápita de carne de los argentinos ha aumentado de 60 a 80 kilos anuales, pero las exportaciones cárnicas han caído a sus niveles más bajos en décadas. Además, si los frigoríficos concretan un embarque para el exterior, tienen que guardar en sus cámaras una cantidad equivalente al 75% de lo que van a exportar. Se ha hecho algo similar con la leche y el trigo, que también languidecen porque los productores han osado resistir la voracidad del kirchnerismo.
-¿Podrá el campo resistir la política del gobierno en las actuales circunstancias?
-La fuerza del campo fue temible cuando cortó las rutas porque produjo un fuerte desabastecimiento en el mercado interno. Sin embargo, su dirigencia se muestra renuente a retomar esa práctica por temor a confrontar a la población de las ciudades. El año pasado la gran lucha del agro tuvo lugar entre marzo y julio. Sin embargo, Kirchner, que siempre dobla la apuesta, busca provocarlos para que salgan a las rutas en enero porque sigue apostando a separar al campo de la ciudad, cuya unidad en los actos multitudinarios de 2008 lo preocuparon mucho. Pero los productores prefieren aprovechar estas semanas para tratar de colocar un importante remanente de soja, equivalente al 30% de la cosecha, dado que el precio internacional ha repuntado algo. Sus demandas tendrían más peso a partir de marzo cuando comience la nueva zafra y puedan negociar las tasas de retenciones desde una posición más fuerte. Esto augura un conflicto de grandes proporciones en el agro en el marco de un panorama global nada halagüeño y una sequía que tampoco ayuda a la producción agropecuaria.
-¿Son los mismos grupos que eran antagonistas hace 150 años?
-No. La lucha del campo la llevan adelante los chacareros, que son el sector más perjudicado. Si bien un propietario de 10.000 hectáreas resulta seriamente perjudicado por la política confiscatoria del gobierno, esa persona seguramente dispone de otros recursos para vivir. En cambio, al pequeño productor que posee 400 hectáreas le va la vida en este conflicto y, por tanto, tiene que luchar por su supervivencia. El impacto negativo de esta confrontación en los ingresos de los productores ha repercutido lógicamente en los pueblos de las provincias productoras de cereales y oleaginosas tales como Santa Fe, Córdoba y, buena parte de Buenos Aires, donde se ha venido abajo la industria, tanto de maquinaria agrícola como de derivados de las materias primas. Esa gente que votó a gobernadores kirchneristas en 2007 no los va a seguir apoyando si se ponen de parte del gobierno.
-Hasta ahora los productores agropecuarios han sido los únicos que pudieron ganarle la pulseada a Kirchner. ¿Cómo se explica ese fenómeno?
-La sicología del hombre de campo es diferente a la del hombre de la ciudad. Aquel actúa en base a una serie de conceptos sencillos, casi primitivos, muy distintos de los criterios de la gente de las grandes ciudades, quienes manejan argumentos más rebuscados. Los productores rurales han demostrado que no le tienen miedo a Kirchner ni se han dejado seducir por sus subsidios. Entonces, el gobierno no sabe cómo puede entablar un diálogo con este sector atípico. Tampoco lo tiene con otros sectores. La Presidenta ni siquiera se reúne con el gabinete ministerial. Todas las decisiones las toma el matrimonio con la presencia del influyente secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini. A esa forma de gobernar, que impuso el presidente Juárez Celman en 1886, se le llamó el "unicato". Así le fue. Tuvo que renunciar cuatro años más tarde.
Ficha técnica
Mariano Grondona, argentino, 76 años, se doctoró en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Realizó estudios de postgrado en sociología en la Universidad de Madrid y en ciencia política en el Instituto de Estudios Políticos de Madrid. Es profesor titular de Derecho Político en la UBA desde 1987 y profesor consultante en la misma Facultad desde 2004. Fue académico visitante e investigador asociado del Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard. Es columnista político del diario La Nación de Buenos Aires y conductor de programas de radio y TV.