Los problemas de la economía siempre afectan la confianza en la democracia

| Las evaluaciones de los uruguayos sobre su propia situación económica generalmente han sido mejores que las que hacen sobre el país

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El País

JORGE REBELLA

La percepción de inseguridad de los uruguayos es de 44,5 puntos, cifra que convierte a Uruguay en el octavo país más inseguro del continente y que representa el mayor desafío para su sistema democrático, afirmó la politóloga uruguaya Rosario Queirolo, profesora y coordinadora del área de Opinión Pública de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Montevideo. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, la entrevistada se refirió a los resultados de la encuesta del Barómetro de las Américas que fueron evaluados en la publicación titulada "La cultura política de la democracia en Uruguay", de la cual es coautora junto con su colega María Fernanda Biodi y que tuvo el apoyo del profesor estadounidense Mitchell A. Seligson. A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Cuál es el objetivo principal de la encuesta del Barómetro de las Américas?

-Esta encuesta es parte de un proyecto más general denominado Latin American Public Opinion Project (Lapop) que funciona en la órbita de la Universidad de Vanderbilt (Estados Unidos). Su objetivo es medir los valores y actitudes en torno a la democracia de los ciudadanos de todo el continente americano y divulgarlos públicamente. Los datos que se recaban permiten conocer qué apoyo recibe el sistema democrático de gobierno de parte de la población americana. Esa información es accesible a gobernantes, funcionarios internacionales, politólogos, académicos y al público en general, lo cual impulsa, de alguna manera, la agenda de democratización en esta región.

-¿Qué diferencia al Barómetro de las Américas de otras encuestas de opinión pública?

-Hay tres grandes aspectos de diferenciación. Primero, la información es pública. No sólo se puede consultar gratuitamente en el sitio www.lapopsurveys.org, sino también bajar la base de datos y hacer todos los análisis y cruzamientos que se quieran para realizar comparaciones entre los distintos países. Segundo, la encuesta se realiza con un gran rigor metodológico ya que el proceso funciona bajo un control muy estricto. Esto implica un testeo preliminar del cuestionario debido a que está redactado en diez idiomas, incluyendo varias lenguas indígenas (quechua, aymará, etc.) y diversos matices existentes en el habla de cada país. Tercero, la cobertura es muy amplia tanto en el número de naciones -que son veintidós, con tres países angloparlantes: Canadá, Estados Unidos y Jamaica-, como en el territorio nacional que incluye áreas urbanas y rurales, y también en la cifra de entrevistados, que es de 1.500 en cada país.

Medición

-Las encuestas del Barómetro de las Américas permiten conocer el apoyo con que cuentan los valores democráticos en un país determinado. Pero, ¿cómo se enfoca la definición de "democracia"?

-Por un lado, nos hemos encontrado que, cuando se interroga a la gente si apoya a la democracia o si en la formulación de la pregunta figura la palabra "democracia", hay una clara tendencia a responder en forma políticamente correcta ya que hoy día no es bien mirado quien reniega de ella. Por otro lado, cuando se le pregunta a los encuestados una definición práctica de democracia recibimos una infinidad de respuestas muy dispares, que van desde el derecho a votar hasta la posibilidad de vivir decorosamente, dado que este concepto tiene un sinfín de interpretaciones. Por esta razón, creemos que es necesario buscar maneras alternativas de medir ese apoyo.

-¿Qué tipo de indicadores mide la calidad de la democracia de cada población?

-En este proyecto, se la mide a través de diferentes indicadores. Si bien mantenemos un indicador referido al apoyo o no a la llamada "democracia churchilliana", o sea el sistema de gobierno menos malo que existe, también buscamos la forma de medirla indirectamente a través de otros indicadores que son esenciales para que este sistema sea capaz de consolidarse y mantenerse estable. Por un lado, seguimos a Robert Dahl, un autor que sostiene la existencia de dos dimensiones de democracia: una es la participación de los ciudadanos, por ejemplo mediante el sufragio universal, y la otra es la inclusión de la oposición.

Entonces, sin referirnos directamente al término "democracia", se formulan diversas preguntas referidas a esos dos temas para medir las actitudes de las personas hacia la participación y su tolerancia con quienes difieren con el sistema. Por ejemplo, se le plantea al encuestado su parecer respecto a que la gente participe en manifestaciones legalmente autorizadas, en grupos para resolver los problemas de las comunidades, etc. Los uruguayos apoyamos más a la democracia en su dimensión de participación que en la tolerancia de la oposición.

-¿No utilizan otros indicadores para la medición de la calidad del sistema democrático?

-Sí. Hay otros dos aspectos que influyen significativamente en la estabilidad de la democracia. Uno es la creencia en la legitimidad de las instituciones claves del sistema democrático, ya sea el poder ejecutivo, el poder legislativo, el sistema de justicia y los partidos políticos. Los ciudadanos también necesitan creer que estos órganos son legítimos. Sin confianza en las instituciones, los ciudadanos pueden ver debilitadas sus razones para respetar y obedecer los decretos, leyes y decisiones judiciales.

El otro indicador es la creencia de que se puede confiar en otros. En efecto, diversos estudios académicos han encontrado que es más probable que persista la democracia en países que tienen altos niveles de capital social definido en términos de confianza interpersonal, es decir con los vecinos y con los habitantes de la comunidad.

Evaluación

-¿Cómo ha evolucionado la confianza que reciben las instituciones políticas y no políticas en Uruguay?

-En la comparación de las dos encuestas realizadas en Uruguay en 2007 y 2008, se advierte una leve pérdida general de confianza en las instituciones, que es insignificante en algunos casos. Sólo dos casos particulares, la Policía y el Presidente, mantienen la confianza de la ciudadanía. Contrariamente a lo que podría esperarse, el instituto policial registra un pequeño aumento de esa confianza. Por su parte, la evaluación de la actuación del presidente Vázquez muestra un incremento estadísticamente significativo. El apoyo a la gestión presidencial, que es mucho más susceptible a la coyuntura que otros indicadores, subió 18 puntos de un año al otro. Lo importante de todo esto es que todas las instituciones uruguayas, salvo los partidos políticos, reciben niveles de confianza positivos, superiores a 50 puntos. Uruguay es el segundo país del continente americano donde las instituciones políticas reciben más apoyo.

-¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrenta la democracia?

-Hay tres posibles desafíos de importancia. El primero está relacionado con la situación económica. El apoyo a la democracia no es independiente de cómo vive la gente y de cómo aumentan o disminuyen sus ingresos. Cuando la economía entra en una fase crítica y afecta el nivel de vida de las personas, siempre surgen interrogantes referidas a qué beneficios genera la democracia a los individuos y si no existe otra forma de gobierno que pueda ser más eficiente desde el punto de vista económico.

Los otros dos desafíos se refieren a la seguridad pública y la corrupción. Hay mucha investigación acumulada que muestra que si la población se siente insegura por su integridad física o por sus bienes materiales, puede empezar a considerar la posibilidad de aceptar otro sistema de gobierno que le proporcione mayor tranquilidad, básicamente un régimen de "mano dura". Asimismo, si la corrupción está muy expandida en un país, eso genera un enorme desaliento entre la población que, lógicamente, puede pretender una forma diferente de organización política para poner orden en la sociedad.

-¿Cuál ha sido la respuesta mayoritaria de los uruguayos a esos temas críticos?

-Los resultados de las encuestas de 2007 y 2008 indican que ni la situación económica ni el tema de la corrupción representan desafíos para la población uruguaya. En cambio, la gente demuestra una clara preocupación por la seguridad pública, según se desprende de los datos de la encuesta.

Situación económica

-¿Cuál es el impacto de las percepciones económicas en el apoyo a la democracia por parte de la opinión pública?

-Espontáneamente, tendemos a responder que el desarrollo económico da estabilidad a la democracia, pero la encuesta del Barómetro de las Américas nos permite tener una idea más concreta de la opinión pública sobre este tema. Diversas investigaciones han mostrado que las evaluaciones que los individuos hacen sobre la situación económica, tanto personal como del país, son más importantes que la realidad económica objetiva, a la hora de definir actitudes y comportamientos políticos. Por lo tanto, no usamos el nivel socioeconómico de los individuos, sino su percepción de qué tan bien o mal le va económicamente al país y al propio entrevistado.

-¿Qué balance hacen los uruguayos de la situación económica del país?

-Las percepciones sobre las evoluciones económicas tanto del país como las personales son positivas en Uruguay, aunque sus evaluaciones sobre su propia situación económica generalmente han sido mejores que las que hacen sobre el país. Además, la mayoría absoluta respondió que los principales problemas del país siguen siendo económicos. Hay que tener en cuenta que la encuesta de 2008 se realizó en el período comprendido entre marzo y abril. Tal vez la evaluación sea distinta actualmente por el impacto de la crisis financiera internacional.

-¿Qué piensan los uruguayos de su nivel de ingresos?

-Hay dos indicadores que usamos para medir la experiencia y percepción subjetiva de la situación económica. El primero se obtiene al preguntarles si los ingresos del hogar les alcanzan o no para vivir. Las respuestas a esta pregunta pueden ser contra intuitivas, ya que podemos encontrarnos con personas que, a pesar de tener ingresos altos, consideren que no les alcancen para vivir; o viceversa, personas que ahorren a pesar de tener ingresos familiares muy escasos.

Las respuestas recogidas nos indican que casi la mitad de los uruguayos (47,3%) pueden vivir "sin grandes dificultades" con el ingreso familiar. Sólo un 6,9% manifestó que su salario "les alcanza bien, pueden ahorrar." En el extremo opuesto, más de uno de cada diez uruguayos (12,7%) indicó que el total del ingreso familiar "no les alcanza" y "tienen grandes dificultades."

Democracia y economía

-¿Cuál es el apoyo a la democracia de los encuestados desde una óptica enfocada en la economía?

-Los diferentes niveles de satisfacción económica producen distintos grados de apoyo al sistema democrático. Los resultados del Barómetro de las Américas muestran que, al menos entre los uruguayos, el apoyo a la democracia aumenta si la economía funciona bien y provee lo que los ciudadanos esperan de ella. En efecto, la situación económica influye en qué apoyo le dan a la democracia como idea, cuánta tolerancia política tienen, en qué medida respaldan los derechos de participación y cuánta legitimidad le conceden a las instituciones políticas. La relación se da siempre en la misma dirección: a mayor satisfacción con la situación económica, más apoyo al sistema democrático.

También hemos comprobado que quienes evalúan de forma más negativa la economía del país o la suya propia demuestran menores niveles de apoyo a la democracia. Tal vez, lo más relevante de este resultado es que el tema económico siempre afecta a la confianza en el régimen democrático, lo cual no significa que la gente deje de apoyar a la democracia por una crisis económica.

-¿Existe evidencia empírica de que el desarrollo económico produce estabilidad en el sistema democrático?

-Hay una extensa producción académica que trata de investigar si, efectivamente, esa relación existe. Tal vez el trabajo más importante es el del politólogo polaco-norteamericano Adam Przeworski, quien junto con otros colegas construyó una base de datos gigantesca que cubre la información estadística existente desde 1950 hasta 1990. Por un lado, su estudio mide la situación política de varios países, es decir si se rigen o no por un régimen democrático y, por otro, incluye una serie de indicadores macroeconómicos. Lo que encuentran es que el crecimiento económico favorece o ayuda a la estabilidad democrática, aunque no necesariamente produce democracias; pero es muy difícil que los países democráticos que tienen un desarrollo económico sostenido salgan de este sistema.

Sin embargo, el mejoramiento de la economía no siempre conduce a la obtención del estatus democrático, lo cual contradice al pensamiento que predominó durante mucho tiempo. De hecho, eso ha ocurrido en varios países, siendo China el caso más emblemático. También cabe recordar que los procesos de industrialización en varios países latinoamericanos durante el siglo XX no impidieron la recaída en regímenes dictatoriales en las décadas del sesenta y setenta. En cambio, los países que han sabido construir bases democráticas sólidas pueden resistir prolongadas recesiones económicas, como lo demostró la democracia estadounidense durante la Gran Depresión. Tampoco nadie piensa que España se dé vuelta y retorne a un régimen autoritario como consecuencia de los impactos de la crisis internacional en la economía de ese país.

La seguridad pública es el mayor desafío para la democracia

-Se ha hablado mucho de la "sensación térmica" de la población respecto a la criminalidad. ¿Cómo se evalúa este aspecto en la encuesta del Observatorio de las Américas"?

-Esa información la recabamos en base a preguntas que denominamos "percepciones ciudadanas" respecto a la seguridad. Sus resultados reflejan la "sensación térmica", que no necesariamente es la realidad de la seguridad pública. La realidad la medimos a través del índice de victimización: la persona fue víctima de un robo o no, salvo que le mienta al encuestador. La gran mayoría de nuestros encuestados (78%) manifestó no haber sido víctima de un hecho delictivo durante el último año.

Sin embargo, esto no impide que los ciudadanos tengan sus opiniones acerca de la situación de inseguridad en el país. A efectos de hacer una comparación entre los distintos países del continente, se creó el Índice de Percepción de Inseguridad, en una escala de 0 y 100 puntos, que indica una sensación más aguda a medida que crece el valor. La percepción de inseguridad de los uruguayos es de 44,5 puntos, cifra que convierte a Uruguay en el octavo país más inseguro del continente y que representa el mayor desafío para su sistema democrático. Argentina ocupa el peor lugar con 57,3 puntos y Canadá se ubica en el extremo opuesto con 20,8.

-¿Se pueden medir en forma relativamente ajustada los índices de delincuencia dado que las estadísticas oficiales no siempre proveen un panorama completo del mapa de criminalidad?

-Ese es un dato complementario porque las estadísticas oficiales sólo pueden recabar las denuncias de las víctimas de la delincuencia y, como es sabido, subrepresentan la cantidad de delitos. En efecto, nuestro estudio indica que el 59% de los damnificados denunció el delito y que el 41% prefirió no denunciarlo, lo cual constituye una cifra significativa.

Como nuestra encuesta mide la victimización por crimen, le preguntamos a los entrevistados si habían sufrido cualquier acto de delincuencia en los últimos doce meses, lo cual abarca desde el robo de una billetera hasta el copamiento del hogar. El 22% de los uruguayos respondió afirmativamente y esa tasa se mantuvo prácticamente sin variantes entre 2007 y 2008.

Victimización por corrupción es muy baja en Uruguay

-¿Cuáles son los efectos más directos de los hechos de corrupción en el sistema democrático?

-Este aspecto representa otro de los grandes desafíos a las democracias contemporáneas. A través de la erosión de la confianza en los líderes y en el funcionamiento del sistema, la corrupción afecta negativamente el proceso de consolidación de la gobernabilidad democrática. Los estudios sobre el tema indican que no sólo es perniciosa en sí misma, ya que los elevados niveles de corrupción tienen un impacto negativo en el desarrollo de la economía.

-¿Qué niveles de corrupción han detectado las encuestas del Barómetro de las Américas en Uruguay?

-La victimización por corrupción, en todas sus variantes, es realmente muy baja en Uruguay. En los ámbitos en los que se ha experimentado mayor incidencia de corrupción, no llega siquiera al 5% de la población victimizada. Estos ámbitos de mayor incidencia son los centros de salud y la Policía. Según lo declarado por los encuestados, el 4% pagó una coima para ser atendido en un centro de salud y el 3,5% se enfrentó a un oficial de la Policía que le solicitó un soborno durante el último año.

-¿En qué medida es confiable ese indicador de victimización por corrupción que registran las encuestas dado que muchos entrevistados podrían estar reconociendo que contribuyeron con un ilícito?

-Coincidiendo con otros estudios sobre corrupción realizados en otros países, este flagelo social está poco extendido en nuestro país, tanto en términos comparados como en términos absolutos. La particularidad de nuestra encuesta es que apuntamos a conocer la experiencia personal referida a los intentos de corrupción como, por ejemplo, una coima para prestar algún servicio público o para realizar un trámite en una oficina del Estado. Más allá que si la persona encuestada se preste al acto corruptivo o no, nuestra interpretación se basa en que un ciudadano se vea expuesto a ese ilícito. Desde ese momento, independientemente de que se acceda a esa proposición, el ciudadano ya se siente victimizado por la corrupción.

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