HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELÍN
La crisis financiera internacional, cuyos efectos aún no son del todo claros, pero que seguramente habrán de ser negativos y muy pronto afectarán a la economía real, también impacta en los análisis de coyuntura.
En efecto, los distintos informes que semanalmente realizamos desde esta columna, parten de la evaluación de los hechos acontecidos en los meses inmediatamente anteriores, y en base al desempeño de las distintas variables estudiadas y las distintas decisiones que en materia política se van adoptando, es que aventuramos algunas pistas de lo que es dable esperar en el futuro inmediato.
INCERTIDUMBRE. El supuesto implícito tras todo ello es que no habrán de registrarse cambios dramáticos en el contexto en que esas acciones se llevan a cabo. De todas formas, siempre tratamos de señalar aquellas vulnerabilidades que registra la economía que, como señalamos en cada oportunidad, pueden pasar desapercibidas en tiempos de bonanzas, pero que alcanzan mayor importancia en tiempos de incertidumbre.
En tal sentido, las turbulencias de las últimas semanas tornan menos relevante el análisis de lo acontecido en el pasado inmediato, pasando el interés precisamente a esas vulnerabilidades que pueda tener la economía y cómo la habrán de afectar en un contexto internacional más incierto.
Dada la magnitud de la crisis actual, se la compara con la del año 1929. Los bancos centrales de los países desarrollados aprendieron de los errores que cometieron en aquel entonces en materia monetaria, al contraer la liquidez y provocar una deflación, y salieron al rescate del sistema financiero.
En materia comercial, se escuchan cada vez con más fuerza voces que exigen un mayor proteccionismo, y es probable que, atendiendo a lo que marcan las encuestas, algo de ello pueda acontecer luego de las elecciones de mañana en los Estados Unidos. De todas maneras, parece que en esta materia también se aprendió de los errores cometidos en el pasado y que, en esencia, el proceso de globalización no estaría en peligro.
En todo caso habrá una reducción en los flujos globales de comercio, asociados a la menor demanda ocasionada por la crisis, pero una vez que ésta se revierta, el comercio volverá a ser el motor del crecimiento internacional.
Para una economía pequeña como la uruguaya ello es algo relevante, ya que el patrón de crecimiento pasa necesariamente por la búsqueda de nuevos mercados, al ser el consumo interno muy reducido.
Y así como la recuperación de la demanda internacional hacia el año 2003 nos ayudó a salir de la crisis del año anterior, una vez superadas las actuales turbulencias, será nuevamente la demanda internacional quien nos impulse.
Entre tanto, la economía habrá de sufrir una fuerte desaceleración, sino un estancamiento, lo que por el momento es difícil de predecir al no conocerse con exactitud la magnitud de los acontecimientos que están sucediendo.
VULNERABILIDAD. En todo caso la evolución prevista responde a una caída de la demanda externa en el futuro inmediato, y es aquí donde entran a tallar las vulnerabilidades de la economía uruguaya, que pasaron desapercibidas en los últimos años.
En materia comercial, el país enfrentó una coyuntura excepcional, con precios de exportación históricamente elevados, que más que compensaban los incrementos en los costos internos de producción.
Esos mayores costos fueron restando competitividad a la economía, y el índice de tipo de cambio real (TCR) que elabora el BCU así lo señala. En el año cerrado a agosto la competitividad global de la economía cayó un 10,2%. El Gráfico Nº 1 muestra que el deterioro fue mayor a nivel extrarregional.
Esta situación se ha agravado en el último mes y medio, ante las fuertes devaluaciones de las distintas monedas frente al dólar estadounidense. Por ejemplo, el real cayó un 40% y el euro casi un 25%, en tanto que el peso lo hizo un 20%. A su vez, la inflación en esos países es menor que en Uruguay, lo que quiere decir que tanto Brasil como Europa se han abaratado relativamente respecto a Uruguay.
Es justo señalar que en las variaciones de precios relativos que enfrentan nuestros principales socios comerciales hay un efecto de "overshooting" o sobre reacción del tipo de cambio, que eventualmente lo ubicará en un nivel menor que el actual, y que en Uruguay se está haciendo un manejo más ordenado, por lo que de ser exitoso no cabría esperar un deterioro de la competitividad de aquí en más, pero lo cierto es que en el último año el TCR cayó.
Las razones de esa caída las hemos señalado en varias oportunidades (política salarial, aumento del gasto público, medidas para frenar el aumento del IPC, etc.), pero vale la pena señalar que la conjunción de las políticas internas en los últimos tiempos tuvieron un sesgo no competitivo, al estimular el gasto en bienes no transables (crecimiento hacia adentro), afectando negativamente el TCR.
Las importaciones de bienes de consumo son un claro ejemplo de ello. En el Gráfico Nº 2 se muestra su evolución. Se ve claramente la aceleración hacia el segundo trimestre del presente año. El mayor ingreso disponible de la población y el abaratamiento relativo de los bienes importados lo explican.
De ahora en más, cabría esperar una reversión de esta tendencia. La devaluación del peso encarecerá los artículos importados, al tiempo que el ingreso disponible caerá por el deterioro de los términos de intercambio y por el propio enfriamiento de la economía. La desaceleración que se observa en el último trimestre tal vez sea el comienzo de ello.
MENORES EXPORTACIONES. Pero la mayor preocupación viene por el lado de las exportaciones de bienes y servicios, ya que es el primer sector de la economía que habrá de sentir la crisis, de hecho ya la está sintiendo. En efecto, los precios de exportación crecieron un 38% en dólares en los últimos doce meses a agosto, pero en el caso de los principales commodities que exporta Uruguay, cayeron más de 20% desde entonces.
Las solicitudes de exportación acumuladas al mes de septiembre alcanzaron los US$ 4.761 millones, lo que representa un incremento del 42% nominal respecto a igual período del año anterior. En términos reales, el incremento fue del 4%.
Pero el dato de septiembre muestra una marcada desaceleración, que ya había comenzado el mes anterior, al aumentar las ventas externas un 26% (ver Gráfico Nº 3).
La desaceleración habrá de consolidarse en los próximos meses debido a la caída de los precios internacionales mencionada, a la menor competitividad y a las dificultades en la colocación de productos que ya se está observando, como en el caso de la carne.
Pero también comenzará a impactar la menor demanda internacional y, en particular, la regional que en lo que va del año se ha mostrado muy dinámica al punto tal que las exportaciones a Argentina y Brasil aumentaron un 45% y 48% respectivamente.
La situación regional y la pérdida de competitividad frente a nuestros vecinos, también tendrán un impacto negativo en el turismo. En los últimos doce meses a septiembre del presente año, ingresaron al país US$ 966 millones por los gastos que efectuaron los visitantes del exterior.
Las 2/3 partes de ese gasto fue efectuada por turistas provenientes de los países vecinos para quienes, a los precios de hoy, se ha encarecido veranear en Uruguay, y abaratado descansar en Brasil. Un cuarto de los ingresos provenientes del turismo corresponde a los gastos que realizaron los visitantes europeos y estadounidenses, y el resto es el que generaron los uruguayos residentes en el exterior (ver Gráfico Nº 4).
Las menores exportaciones esperadas a la región, tanto de bienes como de servicios impactarán negativamente a través de un menor ingreso de divisas, y por consiguiente restarán dinamismo al nivel de actividad. Pero dadas las características de los sectores involucrados en estas transacciones, impactará negativamente en el mercado laboral, al ser actividades más intensivas en mano de obra que aquellas que comercializan con el resto del mundo.