Se mantiene la división de tareas por género dentro de los hogares

| La sociedad no aprovecha con eficiencia los recursos de la población femenina que tiene más años de educación formal que los hombres

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El País

Por regla general, las transformaciones sociales son lentas y, además, se dan por segmentos generacionales. Es así que los varones jóvenes en los sectores más educados tienden a tener una mayor participación en el cuidado de los niños, pero no en cualquier actividad. Esas conclusiones se desprenden del diálogo que ECONOMIA & MERCADO sostuvo con la Dra. Clara Fassler, coordinadora de la Red Género y Familia, una organización independiente que funciona en Uruguay desde 1993 y que a partir de 2007 cuenta con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), y la magíster Rosario Aguirre, profesora titular e investigadora del Depto. de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) de la Universidad dela República. A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Cómo se caracteriza la familia en el Uruguay actual?

Rosario Aguirre-La familia es una institución social que sirve de "cemento" a la sociedad. Hoy muestra una creciente heterogeneidad que tiene que ver con dimensiones económicas, demográficas y culturales. En Uruguay sólo un 28% de las familias se ajusta al modelo ideal, o sea la que está formada por ambos padres y sus hijos, en la cual la mujer se dedica exclusivamente a las tareas del hogar. En la actualidad, la familia con una sola fuente de ingresos ha pasado a ser minoritaria. En los últimos diez años, han aumentado los hogares unipersonales y los hogares monoparentales a cargo de mujeres, así como han disminuido los hogares biparentales con hijos.

La pertenencia a un determinado tipo de familia condiciona las posibilidades de bienestar de sus integrantes. Los hogares con un menor número de integrantes, es decir los unipersonales y las familias biparentales sin hijos, se concentran en el quintil superior de ingresos. En cambio, las familias de mayor tamaño, o sea las biparentales con hijos, las extendidas (pareja con o sin hijos más otros parientes) y compuestas (pareja con o sin hijos más otras personas sin relación de parentesco) y las monoparentales a cargo de mujeres, se ubican en el 20% de los hogares más pobres.

-¿Qué importancia tienen los cuidados familiares en la sociedad uruguaya?

RA-Como en todas las sociedades, aportan actividades necesarias para la producción y reproducción de la población. Las familias, mediante la contribución fundamental de las mujeres, siguen cumpliendo tareas básicas para la supervivencia de la sociedad, a saber: la gestación de nuevas vidas; la prestación directa de servicios básicos al conjunto de la población a través de los hogares, tales como alimentación, cuidado de la salud, vestido, gestión doméstica, socialización inicial, etc.; apoyo emocional y afectivo de sus miembros. Estas funciones siguen siendo básicas en nuestra sociedad, aunque hayan perdido importancia relativa debido a los cambios en la organización familiar y transformaciones de tipo tecnológico en el equipamiento de los hogares en todos los estratos socioeconómicos.

-¿Por qué se han separado los cuidados familiares de otras actividades del trabajo doméstico?

Clara Fassler-Las tareas de cuidado tienen su especificidad. No es lo mismo lavar platos que cuidar a un enfermo, un niño o un anciano, porque se requiere establecer un vínculo emocional con la persona. Mientras que esa relación se da naturalmente en el seno familiar, también tiene que trasladarse a los servicios personales mercantiles. En efecto, estos deben cumplir ciertos requisitos de calidad que precisamente tienen que ver con esa parte de consideración hacia el otro, es decir la humanización de la atención.

Cambios

-¿No ha existido siempre alguien en cada hogar que se encargue del cuidado de los niños y de los ancianos?

RA -Históricamente los cuidados han estado a cargo de las mujeres de las familias. Hoy existe una menor disponibilidad de potenciales cuidadoras debido, entre otras razones, a que los hogares son más pequeños, las parejas tienen menos hijos y las mujeres están insertas en el mercado laboral. Además, se han producido transformaciones culturales que llevan a priorizar los proyectos personales.

-¿Qué cambios inciden en las funciones del cuidado familiar?

CF-Sin duda el envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida implican una mayor necesidad de cuidados para una parte cada vez más importante de la población, pero las personas longevas requieren un sostén externo para poder mantener una cierta calidad de vida. Por otra parte, el aumento de la participación de las mujeres en el mercado de trabajo supone una reducción de su tiempo para cumplir tareas de cuidado de la familia.

RA-Además, no todas las personas tienen un hogar-familia hoy día. En un período de sólo doce años, entre 1990 y 2002, el grupo de personas que viven solas o en núcleos no familiares aumentó de 19,3% a 23,1% del total de la población. Por eso, las funciones que se cumplen a través del sector mercantil, ya sea cuidadoras privadas, residenciales de ancianos, etc., y del Estado son muy importantes porque hay que proveer servicios de cuidado a las personas mayores o discapacitadas que no tienen a quien recurrir. Además, un mayor número de mujeres en edades reproductivas desempeñan trabajos remunerados y, por lo tanto, los hijos de estas trabajadoras necesitan ser atendidos. Si bien ellas dedican muchas horas a la atención de sus niños, se requieren más cuidadoras.

Sistema de cuidados

-¿Cuál es la percepción en la sociedad uruguaya respecto a los cuidados familiares?

RA-Los regímenes de bienestar se componen de diferentes esferas institucionales -el Estado, el mercado, la comunidad, la familia- que satisfacen las necesidades de la gente. Ellas son las que nos ayudan a vivir y a crear condiciones para una vida digna. En algunos países, se enfatiza la producción de cuidados a través del mercado, como es el caso de Estados Unidos. En las sociedades europeas mediterráneas, que son más parecidas a la uruguaya, se privilegia a la familia, aunque últimamente están incorporando el apoyo del Estado. A su vez, las sociedades nórdicas están trabajando con un "mix" de familia, comunidad, Estado y mercado, que brindan cuidados a los niños, los ancianos y los enfermos.

Por las mediciones que ha realizado el Departamento de Sociología de la FCS de la UdelaR, la inmensa mayoría de la sociedad uruguaya opina que se necesita algún tipo de intervención del Estado en los cuidados familiares, sobre todo para el caso de los ancianos.

-¿Quién debería responsabilizarse por la atención de las personas dependientes?

RA-Hay que desarrollar el concepto de responsabilidad social para la atención de personas dependientes. La sociedad tiene que acordar cuál debe ser el "mix" de provisión pública de servicios, de provisión privada para quienes pueden pagarlos y de cuidados que las familias desean que permanezcan en su órbita.

CF-Ese acuerdo social no podemos definirlo a priori ya que el "mix" va a variar dependiendo del lugar, ya sea Montevideo o Interior, porque la apreciación del servicio y la disponibilidad económica para costearlo van a ser distintas. Pero, indudablemente esos servicios tienen que ser controlados por el Estado. Los hogares residenciales para ancianos, por ejemplo, son aún un servicio muy incipiente en Uruguay y representan un temor para la mayor parte de la sociedad. Ese tipo de prestación se ha convertido en un tema preocupante a nivel local debido, entre otras razones, a que la tasa de envejecimiento de la sociedad uruguaya va en aumento y la oferta de potenciales cuidadores estará restringida por la alta tasa de emigración.

-¿Cómo se enfocan los cuidados de familia como problema público en Uruguay?

RA-Es un tema nuevo en las políticas sociales del país. Se trata de aportar argumentos, conocer la experiencia internacional, debatir entre distintos actores a través de mesas de diálogo y buscar consensos para lograr propuestas que puedan transformarse en políticas públicas.

CF-Justamente esa es la misión de la Red Género y Familia que funciona en Uruguay desde 1993. De todos modos, aspiramos a que se conforme un sistema nacional de cuidados, lo cual no significa que el Estado esté a cargo de todas las funciones, pero sí tiene que garantizar que se presten servicios de calidad y que haya una coordinación entre los distintos actores, porque entendemos que las necesidades del cuidado constituyen un derecho de las personas.

Jóvenes se muestran más permeables a la división sexual del trabajo

-¿Se ha modificado tácitamente el antiguo contrato social que atribuía a las mujeres las tareas de la casa y el cuidado de los dependientes?

Clara Fassler-Por regla general, las transformaciones sociales son lentas y, además, se dan por segmentos generacionales. Aparentemente, hoy los jóvenes se muestran más permeables a la división sexual del trabajo en algunos aspectos.

Rosario Aguirre-Sin embargo, no contamos con una serie de datos que nos muestre una evolución de la división sexual del trabajo en los hogares uruguayos. Recién ahora el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha comenzado a encuestar a la población sobre el uso del tiempo no remunerado, lo que va a proporcionar un panorama más claro de ese tema. En 2003 el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR realizó en Montevideo y su área metropolitana una encuesta para investigar la división sexual del trabajo en los hogares medida a través de la dimensión tiempo, es decir la cantidad de horas que se dedican al trabajo en el hogar y el trabajo de mercado. Como no existen antecedentes, no estamos capacitados para afirmar que esa división es mayor o menor que antes, pero sí podemos señalar que la actual división es muy neta. Hay una diferencia notoria en el número de horas semanales que el sexo femenino y el masculino dedican a un tipo de trabajo y al otro. Las mujeres destinan más de 45 horas semanales al trabajo no remunerado y poco más de 30 al trabajo de mercado. En cambio, el trabajo remunerado ocupa a los hombres algo más de 40 horas semanales y sólo cumplen 13 horas en tareas no remuneradas.

-¿Hay datos actualizados sobre la división sexual del trabajo en el hogar?

RA-De los datos oficiales procedentes del módulo sobre el Uso del Tiempo No Remunerado realizado recientemente por el INE, han surgido algunas novedades acerca de la forma cómo los adolescentes se incorporan o no al trabajo en los hogares y las diferencias existentes entre varones y mujeres de ese grupo etario. La brecha de género a esas edades tempranas también es notoria. Eso indica que los procesos de socialización que se producen en el seno familiar siguen marcando la división sexual del trabajo. Tal vez podríamos decir que los varones en los sectores más educados tienden, aunque se requiere un mayor análisis, a tener una mayor participación en el cuidado de los niños, pero no en cualquier actividad. Se muestran renuentes a cumplir las tareas de alimentación y aseo de los hijos pequeños, pero suelen acompañarlos en las actividades lúdicas y en los paseos. Es visible un cambio de actitud hacia el exterior, pero la división de tareas por género se mantiene dentro de los hogares.

-¿Qué efectos tiene el trabajo no remunerado de las mujeres en los cuidados familiares?

RA-Esa situación es ineficiente para la sociedad porque hoy la población femenina activa tiene más años de educación formal que la masculina. Sin embargo, como las mujeres tienen que desempeñar su trabajo remunerado y también cubrir exclusivamente las tareas familiares no remuneradas desarrollan estrategias de compromiso con el empleo, destinando menos horas de trabajo en el mercado. Por lo tanto, la sociedad no aprovecha a fondo los recursos humanos que posee.

Por otra parte, también se restringe la fecundidad. En los sectores medios altos muchas mujeres con buena formación para el trabajo no tienen todos los hijos que quisieran tener. Son los sectores de la población de menores ingresos y más bajos niveles educativos los que tienen las más altas tasas de reproducción. Si la sociedad favoreciera el cuidado de las familias a través de distintas prestaciones, las tasas de fecundidad tenderían a aumentar, lo cual sería importante para la economía del país porque fortalecería, entre otros sectores, al sistema de seguridad social.

El Estado tendría que hacerse cargo del pago a las cuidadoras familiares

-¿Cuál ha sido la tendencia de las políticas sociales en Uruguay en las últimas décadas?

Clara Fassler-A causa de las políticas de ajuste aplicadas en la economía, se tiende a privatizar la responsabilidad por el bienestar social. Es decir, los gobiernos han ido transfiriendo a otras esferas, ya sea familia, comunidad y mercado, las tareas que, en ciertos casos, el Estado dejó de cumplir. El ejemplo más claro está en el sector salud, donde se ha reducido la cantidad de días de internación de los pacientes. Si bien no contamos con datos precisos, es evidente que una de las formas de racionalización de la economía de la salud ha sido acortando la estadía de las hospitalizaciones y, por tanto, dejando que muchos tratamientos de patologías no graves se realicen bajo la modalidad de "internación domiciliaria".

-¿No resulta beneficioso para el paciente estar en su casa acompañado por familiares?

CF-Aunque hay una tendencia a nivel internacional en acortar la internación hospitalaria, esa política tienen diversas facetas. Si bien, desde el punto de vista del bienestar del paciente, es una ventaja estar bajo "internación domiciliaria", se olvida que las mujeres trabajan en una alta proporción de los hogares. Por consiguiente, ellas tienen que postergar su labor profesional o dividir su tiempo entre las actividades remuneradas y no remuneradas. Ese traslado de funciones del sistema de salud a los hogares significa, en última instancia, una atención deficitaria del enfermo, con una sobrecarga enorme para la mujer de la casa dadas las características actuales de la familia.

En realidad, los gastos que suprime el sector salud se trasladan a las familias y son generalmente las mujeres quienes costean ese ahorro. Diversos estudios indican que los familiares que cuidan enfermos discapacitados, crónicos, terminales, etc. con frecuencia presentan graves problemas de salud, primero, porque no disponen prácticamente de tiempo para atenderse y, segundo, porque ese trabajo es muy desgastante y provoca angustias, depresiones, falta de sueño, etc. Desde el punto de vista global de la salud, es enorme la cantidad de enfermos que se generan a partir de la política de derivar a las familias los cuidados de los pacientes.

-¿No es posible derivar a esos enfermos hacia el sector mercantil de cuidados de la salud?

Rosario Aguirre-Con la derivación hacia los servicios de acompañantes, se sustituyen a menudo servicios de enfermería calificados por servicios con personas que no tienen el mismo nivel de capacitación para esas funciones. Ahí tampoco el sector salud asume los costos del traslado y cuidados de calidad de los pacientes, cuyos familiares no los pueden cumplir directamente y deben contratar servicios privados.

-¿Cómo se concilia la necesidad de contracción del gasto del sistema de salud y la prestación de servicios de calidad a los pacientes crónicos?

CF-Hoy cada área trata de economizar y le pasa la carga a otra, resultando más afectado el último eslabón de la cadena, es decir los pacientes, sobre todo quienes socialmente tienen menor capacidad para reclamar, tanto por razones socioeconómicas como por sus propias condiciones físicas. No se pueden desconectar las políticas del sector salud del impacto que tienen sobre la familia, incluyendo a las cuidadoras familiares que generalmente son de edad avanzada. Este es un grupo de población de alto riesgo, al que no sólo se le debe apoyar para el cuidado de su salud, sino también tiene que proporcionársele algún tipo de remuneración y luego una jubilación. En muchos casos, estas mujeres destinan largos años de su vida al cuidado de un familiar, especialmente al marido, pero se quedan prácticamente sin ingresos al fallecer el cónyuge. Para revertir esa situación, el Estado debería hacerse cargo del pago a estas cuidadoras. En algunos países, los gobiernos ofrecen a los familiares de pacientes crónicos la alternativa entre un pago por el cuidado que realizan y una asignación para costear servicios mercantiles de cuidados.

Ficha técnica

Clara Fassler, chilena, es médica especialista en salud mental y terapeuta de familia. Fue docente universitaria en Chile y México. Es coordinadora de la Red Género y Familia.

Rosario Aguirre, uruguaya, es licenciada en sociología de la UdelaR y máster en Ciencias Sociales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Actualmente es profesora titular, investigadora y responsable del Área de Relaciones de Género en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR.

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