Sobre la expansión agrícola

JULIO PREVE FOLLE

El creciente temor por el desempeño de la economía norteamericana despierta comentarios de distintos analistas. Varios de ellos, luego de describir diferentes circunstancias en los mercados financieros, concluyen como si los elevados precios de los granos estuvieran en todo o en parte causados por una especie de sobre demanda recalentada de los inversores financieros. Pienso no obstante que no es así. Estimo que los precios actuales de los granos provienen de sólidos fundamentos económicos que quizás puedan cambiar como todo en la vida y en los mercados, pero no debido a modificaciones en las conductas de quienes invierten en papeles. Como amenaza al momento actual, más le temo a la traducción interna de esos precios internacionales a través de una política agrícola que cambiara la actual, como se lo ha intentado hasta ahora, afortunadamente sin éxito. O a la expansión también increíble de los costos de producción.

FUNDAMENTOS EXTERNOS. Por el lado de la demanda, la misma crece a partir del aumento del PIB mundial, pero esencialmente de los países emergentes que son los que incorporan más consumidores de alimentos. En este sentido, para un crecimiento de la producción mundial respectivamente para 2006, 2007 y 2008 de 5, 4,9 y 3,7%, China lo hace a tasas próximas al 11, India al 9, en tanto Estados Unidos 2,9 2,2 y 1,5%, y Europa también evidencia un desempeño relativamente modesto. En definitiva el crecimiento económico mundial no viene explicado sólo desde los países ricos sino particularmente de los que más demandan alimentos, materias primas agrícolas. Veamos ahora los efectos de la demanda de papeles -futuros y opciones por ejemplo- de granos, por parte de operadores tomando posiciones en ellos. Entiendo que la demanda de futuros afecta básicamente el precio de los futuros pero no el del mercado disponible, cuyo precio depende de la oferta y demanda "reales", por usar un término en boga. Si la toma de posiciones en papeles futuros implicara sobre demanda de granos derivada de esos papeles, deberían estar incrementándose los stocks y ocurre exactamente lo contrario. Como dice un amigo mío: la cantidad de apuestas en Maroñas, aun si fuera cien veces mayor que los premios, aún si ungiera unánimemente a un solo favorito, no tendría ningún efecto en la realidad de la carrera, que sería ganada por el caballo que corrió esa tarde más rápido. Solo una conducta muy notoria de algunos fondos de inversión podría influir en el precio del mercado disponible, si los tenedores de granos en este mercado formaran sus expectativas de corto plazo a partir de la forma de actuar de un fondo de inversión, de algunos especuladores notorios. Por ejemplo, a lo mejor un tenedor de trigo, al ver liquidar sus posiciones de futuros a George Soros, quizás cree que el mercado se derrumbará mañana y se apura a vender hoy. Pero es él y no Soros el que mueve el precio. Por eso resulta muy rara la posición de un experto internacional que en reciente cumbre mundial de la alimentación, propuso eliminar los mercados de futuros para evitar recalentamiento de la demanda de alimentos.

A propósito, lo que me hace ratificar la solidez de los precios es precisamente la situación de los stocks mundiales, la menor en la historia como se verá, y la relación entre stocks finales y consumo, menor todavía tanto por reducción notoria de las existencias como por aumentos significativos en el consumo. Así ocurre por ejemplo con el trigo, en el nivel más bajo de los últimos 25 años, con una ligera recuperación prevista para el año próximo. En el arroz y las oleaginosas ocurre lo mismo, estamos en el nivel menor de hace muchos años, incluso con muy poca posibilidad de recuperación para el próximo. En cuanto al maíz, cuyas existencias son las menores de los últimos quince años, sorprende además la relación stock - consumo que pasa del 30% en 1998/99 al 12% este año, la menor en largo tiempo. En la carne desaparecieron los stocks en poder de Europa, que hasta no hace tanto tiempo marcaban todo pronóstico de precios. Más aún; Europa se convierte de exportador en importador neto, algo que no parece pueda darse vuelta muy fácil. Argentina se sigue suicidando como ofertante de carne, Australia tiene dificultades en rehacerse después de una sequía increíble, y lo que pueda pasar en Estados Unidos me resulta difícil de pronosticar. En efecto, me resulta difícil estimar cómo puede afectar una recesión el consumo doméstico de carne, que podría aumentar la oferta de exportaciones. Pero sí me parece más claro el efecto en la disponibilidad de crédito, clave para retomar su producción hoy muy limitada de los feed lots. En cualquier caso los aumentos de oferta de carne sólo parecen poder provenir a corto plazo de Brasil y de Uruguay.

Tengo dificultades, por todo lo anterior, para aceptar como lo hace un ex director del Banco Central, que puede haber problemas en los precios de los granos. Si los hay, ello ocurrirá seguramente como resultado de un nuevo equilibrio de oferta y demanda, que por el momento no hay información que lo avale.

Sí me preocupa algo más el movimiento espectacular de costos, no sólo el más notorio del combustible. En el caso del gasoil, es también impulsado al alza por una errónea política doméstica de alineamiento de este combustible con las naftas, solamente para salvar el espacio de una cada vez más insostenible refinería criolla. Pero no sólo el gasoil. En el último año y medio el fertilizante fosforado se multiplicó por tres, la urea por cuatro, el glifosato por 2,5, y las semillas con variaciones entre especies han seguido tendencias de esta magnitud.

LA TRADUCCIÓN INTERNA. Ésta sí es de temer. La expansión agrícola, así como la de la producción de carne, no derivan sólo de una situación de precios internacionales favorable, que por otra parte no es la primera vez que ocurre. Esta es una verdad a medias. El éxito está en que desde hace ya muchos años, más concretamente desde la primera mitad de los noventa, la traducción de los precios internacionales a la realidad doméstica se realiza a través de una política de nula intervención del Estado en la formación de los precios, que se refleja en una participación de todos los agentes económicos en la porción que le toque, en competencia con otros, del precio internacional. No siempre fue así; detracciones, precios mínimos de exportación, precios de referencia, permisos previos para exportar o importar, certificados de necesidad, todo esto y mucho más integra el recuerdo de algo no tan alejado en el tiempo, cuando el país no era tan claramente exportador agrícola. El mantenimiento por años de una política de apertura, de desregulación, es la causa más importante de la expansión agrícola. En ello tiene mérito también el MEF actual, porque ha debido soportar con relativo éxito hasta ahora, no solo presiones sectoriales, sino esencialmente del MGAP, al que hasta ahora ha controlado razonablemente bien.

ARRENDAMIENTOS RURALES. Entre las desregulaciones vigentes hay que recordar y reverenciar todos los días la introducción en 1991 de la libre contratación en materia de arrendamientos rurales, que ha permitido que buena parte de la expansión agrícola se apoye en la libre determinación de arrendadores y arrendatarios, acordando por tres años, por cuatro, con rentas en cualquier moneda y modo de reajuste, en un ancho espacio para el ingenio y la libertad de todos. Sin aquella reforma, con plazos y rentas de orden público como eran, la expansión agrícola sería imposible.

No depende por tanto el crecimiento agropecuario, como lo sostiene un modesto trabajo del MGAP, de la "nueva" ley de inversiones, o de la creación de la agencia para la innovación, o de la reforma tributaria del agro, todos episodios menores y en todo caso recientes. Depende exclusivamente de los mercados internacionales y de unas políticas públicas que, pese a diversos intentos no se han modificado. El tiempo dirá si prevalece el buen sentido, y todas las amenazas de reforma quedan en eso, en sólo amenazas y, como mucho, en algún intento menor de arreglos de precios, sin tocar su formación libre.

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