Lo ideal sería que el crecimiento del gasto público acompañase los ingresos que son permanentes y no los que dependen de esta fase favorable de la economía mundial, sostuvo el Dr. Tomás Málaga, economista jefe del Banco Itaú en San Pablo. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, el entrevistado analizó las perspectivas económicas de Brasil, incluyendo un pronóstico de la herencia que dejará el presidente Lula a final de su mandato. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-¿Cómo evalúa la situación económica de Brasil?
-Los avances en el área económica son innegables, pero ninguna economía es inmune a los efectos negativos de dos fenómenos recientes a nivel mundial: la crisis del crédito y el alza pronunciada de los precios de los commodities. Aunque Brasil no tiene una exposición directa a la crisis internacional del crédito resultante de los problemas del sector inmobiliario estadounidense, la volatilidad de los mercados ha afectado a la bolsa de valores y al riesgo país. Por otra parte, la inflación local ha subido más de lo previsto a pesar de que Brasil es un gran exportador de alimentos y prácticamente autosuficiente en energía. En consecuencia, el ciclo de suba de las tasas de interés no va a ser corto y, seguramente, la economía habrá de desacelerarse.
-¿Cómo está respondiendo el gobierno brasileño a la onda expansiva de precios a nivel internacional?
-El Banco Central de Brasil ha sido bastante activo en los últimos tiempos. Primero, detuvo la reducción de la tasa de interés de referencia (Selic) en octubre del año pasado a efectos de acelerar el crecimiento económico. Luego, a partir de abril de este año, ha comenzado a elevar mensualmente la tasa Selic para combatir la inflación. La propuesta bancocentralista consiste en anticipar los movimientos de inflación internacional preventivamente para evitar una corrección mayor de las tasas más adelante.
-¿En qué medida se ha visto afectada la economía de Brasil por la volatilidad de los índices bursátiles internacionales de los últimos tiempos?
-Cuando el país recibió la calificación de grado inversor en abril pasado, se pronosticó una valorización significativa de las empresas brasileñas. Sin embargo, esas expectativas se frustraron porque la acentuación de las fluctuaciones de los mercados accionarios internacionales contagió a Brasil pese a que el índice Bovespa es uno de los que ha tenido mejor desempeño en el mundo en 2008. Ahora se presenta una segunda onda negativa que proviene de las expectativas de una desaceleración de la economía mundial, lo que ha generado una mayor volatilidad de los precios de los commodities que va a afectar a las grandes empresas locales, sobre todo a Vale do Rio Doce y Petrobras, que son dos referentes en la Bolsa local.
Perspectivas
-¿Cuáles son las expectativas de crecimiento económico de Brasil para este año?
-En 2008 la economía va a crecer por debajo del 5,8% registrado en 2007. Es razonable pronosticar un crecimiento entre 4,5% y 5%, que sería una performance interesante teniendo en cuenta que el PIB brasileño se expandió a una tasa de 2,5%-3% durante varios años de esta década. No podemos desconocer que gran parte de esa mejora de la actividad económica responde al contexto internacional netamente favorable a las exportaciones de Brasil que, a su vez, atrae mucha inversión extranjera para diferentes sectores, tales como agronegocios -básicamente carne y soja-, minería, petróleo, material de transporte, telefonía celular, etc., que están enfocados tanto hacia el consumo interno como a la exportación.
-¿Qué tendencia exhibirá la economía brasileña el año próximo?
-La política monetaria contractiva iniciada en abril de este año va a impactar en el crecimiento del PIB en 2009, que estará en torno a un 3% a 3,5%. En efecto, la expansión económica va a encontrar algunas resistencias como son los costos logísticos internos que ya están subiendo y, por tanto, complican una situación de por sí compleja en materia de infraestructura vial, aérea y marítima. También se comienza a visualizar una cierta falta de oferta de mano de obra calificada en algunas áreas, sobre todo en industrias extractivas y manufactureras, que encarece los costos de producción. Por esta razón, el gobierno procura que una política monetaria restrictiva modere el crecimiento de la economía y evite una aceleración de los precios internos.
Inversión
-¿Son suficientes los actuales niveles de inversión para garantizar que el crecimiento de la actividad económica de Brasil se mantenga al ritmo actual?
-El nivel de inversión ha sido suficiente para que se estime que el crecimiento potencial del producto brasileño está en torno al 4%. Además, se ha registrado un incremento de la productividad debido a que Brasil ofrece mayor estabilidad macroeconómica y mejor disponibilidad de crédito que en el pasado. Pero, para crecer más, es preciso que la tasa de inversión aumente del 20% del PIB a un 24%, por lo menos.
-¿En qué factores podría basarse un incremento de esa magnitud en la inversión?
-Si el gobierno tuviera la voluntad de eliminar el déficit público, eso significaría un aumento del ahorro nacional de casi dos puntos porcentuales del producto que irían directamente a la inversión. Sin embargo, difícilmente Brasil podrá lograr grandes superávit en la cuenta corriente este año y el próximo como el registrado en 2006. Al contrario, se espera un déficit de dos puntos porcentuales. Por eso, sería recomendable que el sector público hiciera un ajuste para que puedan aumentar las tasas de inversión.
Gasto público
-La situación fiscal de Brasil es buena en cuanto al superávit primario, pero el gasto se ha expandido notoriamente, entre otros factores, por la creación de más de 3.000 empleos públicos por mes en la nómina federal . ¿Está creciendo la asignación de gastos corrientes más que el PIB?
-Lamentablemente, ese es el talón de Aquiles de la economía brasileña. El gasto crece tanto como los ingresos fiscales; sólo que la recaudación no crecerá siempre al ritmo actual, pero los gastos van a mantenerse en un nivel alto. Lo ideal sería que el crecimiento del gasto acompañase los ingresos que son permanentes y no los que dependen de esta fase favorable de la economía mundial.
-¿Qué herencia dejará el presidente Lula al final de su mandato?
-Si la economía internacional continúa creciendo aparentemente desacoplada de la economía norteamericana, el presidente Lula va a entregar a su sucesor una economía expandiéndose a una tasa anual de 4%-5%, una inflación de 4% y una tasa de desempleo por debajo de 7%, en comparación con un nivel cercano al 13% cuando asumió su mandato.
Le será más difícil dejar una herencia positiva en el sector fiscal. El gasto público corriente del gobierno federal equivale al 18% del PIB, lo que significa una suba de tres puntos porcentuales durante su presidencia. Como resultado, las tasas de interés han caído muy poco en términos reales y la moneda brasileña se ha valorizado en exceso.
Las cifras de cuenta corriente externa estarán en rojo, representando un 2% del producto, debido a que buena parte del aumento del ingreso de la población y la mayor disponibilidad de crédito se han destinado al consumo, lo cual está haciendo crecer fuertemente las importaciones de bienes y servicios. Además, ha aumentado la remisión de utilidades de las empresas extranjeras porque sus casas matrices tienen necesidad de captar la rentabilidad de las filiales obtenidas en el último año. En síntesis, si la economía mundial sufriese un retroceso más serio al final del mandato de Lula, la situación no será superada con tanta facilidad en Brasil y, por tanto, su sucesor deberá esforzarse para hacer frente a ese problema.
-¿De qué modo los futuros gobiernos podrán financiar los sucesivos déficit en cuenta corriente?
-No es un escollo muy difícil a sortear ya que Brasil tiene una composición de deuda mucho más saludable de la que existía en la década del noventa. El gobierno brasileño ya no es más deudor, sino que se ha convertido en acreedor internacional. Si se aplicasen políticas consistentes aprovechando los enormes recursos naturales y productivos del país y se diese mayor participación al sector privado, que tiene una considerable capacidad empresarial y una mano de obra que se está volviendo cada vez más calificada, no habría mayores problemas porque la inversión extranjera está buscando radicarse en países con programas económicos que sean consistentes y ofrezcan crecimiento sostenible. Por ello, habría que continuar flexibilizando la economía. Desgraciadamente, cuando la mayoría de los indicadores económicos son positivos, siempre disminuye la urgencia para aprobar reformas estructurales importantes.
-¿Pondrá mayor énfasis el gobierno de Lula en los objetivos sociales durante los últimos dos años de su mandato?
-En realidad, Lula ha cumplido los objetivos sociales con un éxito singular. El Programa Bolsa Familia ha logrado cubrir a un mayor número de pobres que cualquier otro plan gubernamental para combatir a la pobreza aplicado en el pasado. Incluso sus efectos han sido mucho más beneficiosos que los aumentos en el salario mínimo que, en general, no están focalizados en los sectores de menores ingresos de la población. Estimo que el gobierno continuará proporcionando más fondos para el área social, cuyos montos no pesan demasiado en el total del gasto público.
Tipo de cambio
-¿Cuánto estima que se apreciará el real brasileño este año?
-Probablemente, el tipo de cambio va a cerrar el año por debajo de 1,55 reales por dólar en comparación con la cotización de 1,77 a fines de 2007, lo que significa una apreciación de la moneda brasileña de más del 12% en 2008. Sus efectos no son favorables para la economía local porque los precios del sector manufacturero pierden competitividad debido al alza relativa de los costos internos.
-¿Es posible que el gobierno brasileño pueda detener en el mercado interno la tendencia de depreciación del dólar que viene desde fuera y que está dando la vuelta al mundo?
-No. Lo que puede hacer es que el real no sea el campeón mundial de apreciación frente al dólar. Si bien la divisa estadounidense se está depreciando frente a todas las monedas y el real no ha sido una excepción, la combinación de políticas monetaria contractiva y fiscal expansiva, que la administración Lula viene practicando desde hace tiempo, es lo que genera un diferencial muy grande entre la tasa de interés de referencia de Brasil con relación al resto del mundo.
Sin duda, el desafío más importante del gobierno es mantener la política cambiaria actual y encontrar una solución para esas políticas contrapuestas. Sin duda el excesivo gasto público es el principal obstáculo para lograr un tipo de cambio más competitivo que permita desarrollar una serie de actividades que hoy son económicamente inviables por causa de una moneda muy apreciada.
-Algunos analistas han señalado que el gobierno debería imponer controles o impuestos a capitales especulativos que hacen que se aprecie aún más la moneda brasileña. ¿Qué opina al respecto?
-Cada vez que el gobierno ha planteado la posibilidad de adoptar ese tipo de medidas, la sociedad las ha rechazado porque la experiencia internacional así como la local ha demostrado que los resultados de aplicar diversos tipos de control de capitales no son significativos. Por lo tanto, el ministro de Hacienda no ha vuelto a proponer esa política. Cualquier alternativa de esa naturaleza conlleva un desestímulo muy grande a la atracción de capitales, lo cual despertaría la aversión al riesgo de invertir en Brasil.
Reservas y deuda
-Hasta ahora el Banco Central de Brasil ha aprovechado la debilidad del dólar para comprar divisas estadounidenses y acumular reservas, convirtiéndose en acreedor externo neto por primera vez en la historia. ¿Continuará Brasil atesorando una moneda que corre el riesgo de seguir perdiendo valor?
-Lo más importante es que las reservas internacionales comiencen a ser aplicadas en inversiones diversificadas y no precisamente en activos de corto plazo. Incluso podrían adquirirse papeles accionarios, pero esa política requiere mucha transparencia y profesionalismo. De lo contrario, solo traerá problemas políticos.
-¿Se está reduciendo el endeudamiento interno del gobierno brasileño del mismo modo que lo ha hecho la deuda externa?
-La deuda interna podría haberse reducido mucho más rápido dado que los ingresos del gobierno han crecido a una tasa de casi 12% anual, en términos reales, durante los últimos seis años. Si toda esta recaudación extraordinaria se hubiese ahorrado, el nivel de la deuda interna representaría hoy sólo un 38% del PIB y su tasa de interés, que es actualmente del 6%, sería mucho más baja. De ese modo, el gobierno podría haber evitado la desaceleración de la economía que ahora tendrá que enfrentar por un tiempo.
Inflación y credibilidad de la política del Banco Central
-¿Podrá cumplirse el rango meta de inflación definido por las autoridades económicas para 2008?
-Si bien existe un cierto riesgo de que la inflación supere el techo de la banda, que está fijado en 6,5%, lo más probable es que oscile entre 5% y 6,5% a fines de año.
-Si la inflación local siguiera subiendo aceleradamente en el segundo semestre de este año, ¿qué medidas debería tomar el gobierno brasileño?
-En muchos países se han otorgado subsidios a los combustibles, alimentos, etc. para desacelerar la inflación. En el caso de Brasil, donde se cuenta con un canal como el programa Bolsa Familia muy focalizado en la pobreza, los subsidios terminan siendo contraproducentes porque, al hacerse transferencias indiscriminadas a ricos y pobres, sus resultados son generalmente insignificantes.
Considero que la política antiinflacionaria del gobierno brasileño ha sido bastante coherente. Lo único que se puede hacer ante un escenario de creciente inflación es continuar elevando las tasas de interés hasta que se calmen las expectativas de alza de precios y, si fuera posible, subir el superávit primario a 4,5%. No hay alternativas más efectivas que esas.
-¿No afectaría esa política antiinflacionaria el crecimiento económico?
-Ese razonamiento es discutible. En este momento, la economía brasileña se ve afectada por un impacto monetario del exterior que determina una apreciación del real, pero la inflación interna es también menor a la internacional. De esa manera, los costos internos son más bajos que los internacionales, con lo cual se pueden mantener los niveles de las exportaciones. No obstante, Brasil necesita desacelerar su expansión económica porque el ritmo actual está por encima de su crecimiento potencial. Eso contribuye a que la inflación se dispare; pero, una vez que la economía local alcance un ritmo de expansión de 4%-4,5% previo pasaje por niveles algo inferiores, no habría ningún sacrificio de crecimiento. En el mediano plazo, el costo de combatir la inflación, en términos de pérdida del PIB, es prácticamente cero si las políticas son creíbles. Si el Banco Central convence al público de que se va a aminorar el ritmo de la inflación, la necesidad de aumentar las tasas de interés es sumamente reducida. Entonces, todo va a depender de la credibilidad de la política bancocentralista.
Brasil se convertirá en el quinto mayor exportador de petróleo
-¿Qué va a significar la explotación de los yacimientos petrolíferos recientemente descubiertos en la plataforma continental brasileña?
-Hoy Brasil se autoabastece prácticamente de petróleo y en cinco años se va a convertir en el quinto mayor exportador de hidrocarburos del mundo. La producción de crudo pasaría de dos millones de barriles diarios a cuatro millones aproximadamente en 2013 o 2014.
-¿Qué destino se le piensa dar a los recursos provenientes de la futura extracción de petróleo?
-Todo dependerá de la participación que se le asigne a Petrobras. Si esta empresa estatal estuviese a cargo de toda la operación que va a empezar en 2009, el aumento de la inversión pública sería enorme ya que podría representar el 0,5% del PIB durante cuatro o cinco años. En ese caso, no se sabe aún si los recursos financieros para la explotación petrolífera saldrán de la emisión de deuda pública o de la reducción en la distribución de dividendos de Petrobras. Esa inversión inicial tendría un enorme impacto fiscal, aunque se vería compensada años más tarde ya que significará una duplicación de la producción de petróleo de Brasil. Otra posibilidad que se está discutiendo es aplicar el modelo noruego, lo cual implica que una empresa estatal sería dueña de las nuevas reservas de petróleo y subcontrataría a otras compañías privadas para efectuar los trabajos de extracción del crudo.
-¿En qué medida la creación de un Fondo Soberano de Inversión de unos US$ 200.000-300.000 millones, que será financiado mayoritariamente con lo producido por los nuevos yacimientos petrolíferos, podría contribuir a reducir las fuertes limitaciones en infraestructura?
-Es posible que tenga algún efecto positivo. Sin embargo, la mejor política industrial siempre es ofrecer condiciones estables para los inversores, reglas de juego claras, seguridad jurídica y aplicar la menor cantidad posible de subsidios. Hoy la actividad privada está creciendo en varios sectores en los que anteriormente no había siquiera empresas. El problema es que los costos de la infraestructura son crecientes y el gobierno está inmovilizado porque piensa que cada concesión que otorga constituye una pérdida de patrimonio nacional, cuando es exactamente lo contrario. En otras palabras, alcanza con que se mantengan las políticas de estabilidad macroeconómica aplicadas en los últimos años y que se profundicen las reformas estructurales más urgentes.
Ficha técnica
Tomás Málaga, 54 años, es peruano y reside desde hace veinticinco años en Brasil. Se doctoró en economía en la UCLA (EE.UU.). Ocupa el cargo de economista jefe del Banco Itaú S.A. con sede en San Pablo. Con anterioridad se desempeñó como director de riesgo de GE-Capital y economista jefe de Unibanco. Fue profesor adjunto de Economía de la Fundación Getulio Vargas. En 2001 ganó el premio Mario Henrique Simonsen por el mejor artículo profesional publicado ese año en la Revista Brasileña de Economía.