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El rescate de las firmas hipotecarias

Fue otra de esas semanas frenéticas por la que no debería pasar la economía más avanzada del mundo.

El 13 de julio, Henry Paulson, el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, se paró frente a su departamento, como un ministro de finanzas de algún país emergente, y dio a conocer un plan de emergencia para salvar Fannie Mae y Freddie Mac, dos gigantes firmas hipotecarias que deben o garantizan 5,2 billones de dólares. Dos días después, Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, instaló el miedo de Dios en los mercados, alertando al Congreso de los Estados Unidos sobre una peligrosa amalgama de inflación y dificultades económicas.

La lección inmediata es que la crisis financiera, que ya casi lleva un año, está lejos de haber terminado. Sombríos inversores están en la búsqueda de bancos de todo tipo. En Estados Unidos, los precios de las propiedades y de las acciones están bajando y el costo de los alimentos y de la energía se ha disparado. Es casi seguro que los consumidores recortarán sus gastos.

La economía de la zona del euro puede haberse reducido en el último trimestre. Los bancos centrales en todo el mundo se ven obligados a aumentar las tasas de interés para frenar la inflación y el dólar parece vulnerable. Incluso si la recesión demuestra ser menos pronunciada de lo que temen los pesimistas, es probable que dure más tiempo de lo esperado por los optimistas.

Freddie y Fannie han cambiado la ecuación apenas levemente. Su importancia radica en lo que su rescate dice sobre el sistema financiero. En Fannie y Freddie y, sorprendentemente, en los bancos de inversión, las ganancias fueron privatizadas, pero los riesgos se socializaron. Un senador republicano se quejó de que pensó haber "despertado en Francia".

Paulson hizo lo correcto al intervenir, el colapso de Fannie y Freddie hubiera sido una catástrofe. Pero al no nacionalizarlas oficialmente ha defraudado a los contribuyentes y ha cometido el mismo error profundamente anticapitalista que el gobierno británico cometió inicialmente con Northern Rock, un banco hipotecario fracasado al que intentó apoyar.

La deuda es lo que importa en el caso de Fannie y Freddie, pero las acciones fueron el disparador. Cuando los inversores se dieron cuenta de que finalmente necesitarían más dinero para cubrir las pérdidas que se avecinaban, hubo una corrida en el mercado bursátil. Éste se convirtió rápidamente en una prueba de un gobierno que se comprometió tácitamente a respaldar sus deudas.

Si el gobierno hubiera insinuado que quería escaparse de sus vagas promesas, la deuda haría sufrido una caída, el sistema bancario se habría paralizado por las nuevas pérdidas, los inversores extranjeros habrían huido de un país que rompió con su palabra y el mercado inmobiliario, con pocos prestamistas en este momento, habría perdido sus principales inversores.

Paulson juró prestar dinero a Fannie y Freddie y comprar sus acciones si fuese necesario. Estas empresas también podían entonces solicitar préstamos de la Reserva Federal. Al día siguiente los inversores hicieron cola para comprar bonos de Freddie.

Esto claramente no es el final de la historia para el contribuyente. Parece curioso que un tiempo atrás los críticos se quejaban de que, en las finanzas, todo se trata finalmente de mercados sin límites y de desregulación. El 11 de julio, reguladores estadounidenses tomaron control de Indy Mac Bancorp, un prestamista hipotecario de California, después del fracaso del segundo banco más importante en la historia de los Estados Unidos. Después del rescate de Bear Stearns, en marzo, la Reserva Federal acordó respaldar a los bancos de inversión con su balance. El Congreso se encuentra debatiendo sobre un pequeño subsidio para los propietarios con problemas hipotecarios. Si otro gran banco se torna vulnerable, se pedirían más rescates.

LA DURA REALIDAD. El capitalismo se basa en un principio claro: los que obtienen las ganancias deben soportar el dolor. Para que el sistema funcione, los banqueros algunas veces deben perder sus puestos de trabajo y los inversores, sus camisas. Sin embargo, si empresas como Bear Stearns o Fannie Mae, en situación de colapso, sembraran la destrucción en aras de un principio, impondrían sobre los demás un terrible precio en relación con puestos de trabajo y producción perdidos. La desagradable verdad es que cuando llega una crisis financiera, el Estado con frecuencia debe comprometerse, esto es imponer tanto dolor como sea posible, por supuesto, pero de todas maneras asumir una gran parte de las pérdidas.

Esta fórmula llega a un precio muy alto. Se suponía que Fannie y Freddie ayudarían a los estadounidenses a comprar sus propias viviendas, haciendo que el mercado hipotecario funcione mejor. Pero ha sido un terrible negocio para los contribuyentes. Un economista de la Reserva Federal calculó el valor implícito deuda-garantía en un entorno de entre 122 mil millones de dólares y 182 mil millones de dólares. Dado que Fannie y Freddie apenas redujeron el costo de los préstamos, muy poco de este subsidio fue destinado a impulsar la propiedad inmobiliaria. En cambio, algo más de la mitad -alrededor de 79 mil millones de dólares- fue directamente a sus accionistas.

Las empresas de servicios financieros normales deberían haber negociado hipotecas seguras y populares, la especialidad de Fannie y Freddie. Pero fueron empujadas hacia las subprimes. Fannie y Freddie nunca deberían haber crecido tanto. Pero quisieron aprovechar el margen entre los costos de los préstamos garantizados por el gobierno y los ingresos generados por los préstamos comerciales. Deberían haber sido detenidas por el Congreso y por su regulador, pero gastaron parte de su subsidio en una feroz máquina de hacer lobby.

En el pasado, hemos abogado por la privatización total de Fannie y Freddie. Pero ahora que la garantía es explícita, Paulson debería tratar de garantizar los beneficios para los contribuyentes y tratar a Fannie y Freddie como una de sus propias hipotecas, nacionalizándolas, dividiéndolas y vendiéndolas. Eso casi duplicaría la deuda pública, pero sólo en términos de contabilidad. La responsabilidad ya está implícita (como en el caso de Northern Rock) y, a diferencia del Tesoro, en última instancia se encuentra respaldada por las viviendas puestas como garantía.

Es más difícil saber qué hacer con todas las demás garantías implícitas del Estado, aparentemente otorgadas a cualquier empresa financiera. El primer instinto debería ser asegurarse de que alguien sufra; accionistas y gerentes, al menos. Fue una valiosa lección cuando algunos de los depositantes de Indy Mac no pudieron apoderarse de su dinero porque habían superado la garantía del gobierno.

Si no puedes dejar que las empresas fracasen en un mercado en baja, entonces debes contenerlas en un mercado en alza. Eso ayuda a explicar por qué los bancos de inversión ahora necesitan más supervisión; por qué las empresas financieras tendrían que tener más capital mientras el mercado va en alza y por qué la política monetaria debería inclinarse en contra del aumento de los precios de los activos.

La regulación es necesaria, pero se debe tener cuidado con un Estado que es seducido a aceptar tareas que no podrá llevar a cabo. Como lo demuestran Fannie y Freddie, los reguladores son fácilmente capturados y engañados. Los mejores controles son la transparencia y la competencia. Cuando sea posible, el gobierno deberá dar un paso atrás. Por desgracia, fue precisamente lo que no hizo en el caso del mercado hipotecario estadounidense.

COLAPSO

Para impedirlo, el gobierno de Estados Unidos socializó los riesgos

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