El éxito en el deporte y en la política no siempre van de la mano. A medida que los españoles se deleitan con la victoria de sus atletas, saben que la verdadera fiesta, en la que se celebra una década de crecimiento efervescente, ha terminado.
El presidente del gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, preferiría que centraran su atención en los deportes y no en la economía. Pero a pesar de que fue elegido para un segundo mandato en marzo, actualmente su popularidad tambalea, al igual que la economía.
La letanía de las malas noticias se ha vuelto interminable. El crecimiento ha detenido su marcha drásticamente y crece el desempleo. La burbuja del mercado inmobiliario ha estallado y la construcción residencial se ha paralizado. Los precios del combustible, la electricidad, los alimentos y una gran cantidad de otras cosas que compran los españoles han aumentado abruptamente, así como lo hicieron las tasas de interés del área del euro (el 3 de julio).
No es sorprendente que la mitad de los españoles consideren que su posición financiera personal está peor que en marzo. Es posible que esto no sea todo culpa de Zapatero, pero es el hombre a quien acusan.
La huelga de los camioneros provocó caos en las rutas y dejó las estanterías de los supermercados vacías durante una semana, en junio. El liderazgo de cuatro puntos que tenían los socialistas respecto de su oposición, el Partido Popular (PP), en marzo, se ha evaporado. No ayuda el hecho de que el gobierno continúa negando que se enfrenta a una crisis. El ministro de Economía, Pedro Solbes, se niega a pronunciar la palabra "crisis" por completo.
Zapatero manifestó al periódico El País que su uso era "una cuestión de opinión". Ellos están respaldados por el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, quien compara el estado de la economía con una fiebre infantil: dramático, pero de corta duración. Aun así, "crisis" puede ser un término demasiado suave: muchos economistas piensan que pronto será "recesión" el más adecuado. Solbes admite que el crecimiento del segundo trimestre habría estado por debajo del irrisorio 0,3% del primer trimestre. Su predicción respecto del crecimiento durante 2008 se ubica en algún punto "por debajo" del 2%. El 2 de julio, un Zapatero desafiante le dijo al Parlamento que no consideraba que la recesión estuviera cerca.
Durante su primer mandato, un Zapatero sonriente montaba la cresta de la ola económica, con una buena imagen de optimismo y pensamiento positivo. Esparció un mensaje de buena voluntad para todos (desde la delegación de poderes a regiones al matrimonio entre homosexuales). Se le prestó poca atención a la economía, dado que arrojaba índices de crecimiento que superaban el 3% anual. La cura para todo mal social o político parecía posible, ya que abundaba el dinero.
Las cosas empezaron a funcionar mal cuando la "banal" industria española de la construcción comenzó a mostrar deflación el año último. Un saludable superávit presupuestario y una promesa de que Solbes dirigiría la economía y el compromiso de devolver 400 euros (630 dólares) a cada contribuyente ayudaron a los socialistas a ganar las elecciones. Zapatero estaba de regreso antes de que los votantes se dieran cuenta de lo mal que estaban las cosas. Sus 400 euros de desgravación bombearán alrededor de 6.000 millones hacia los bolsillos de los consumidores.
Gran parte de ello ya fue absorbido por pagos hipotecarios más altos, así como por precios de combustible y de alimentos en rápida alza. El superávit presupuestario ha desaparecido. El presente año, Solbes sólo promete cuentas "casi equilibradas". ¿Qué más puede hacer Zapatero? No tiene control sobre las tasas de interés, las finanzas internacionales ni los precios de las commodities.
Se intenta vender una mayor inversión en infraestructura como posible respuesta, pero con la promesa de los socialistas de no reducir la inversión social, ello implicará más préstamos o bien disminuciones del gasto en compensaciones. Una mayor privatización tal vez ayude, como también lo hará una reducción en la cantidad de burócratas y un congelamiento en el sueldo de los funcionarios del Estado que tienen mayor antigüedad, aunque los montos no son tan significativos.
Según el Banco de España, lo que la economía necesita es frenar el crecimiento del salario y hacer el mercado laboral más flexible. Zapatero ha convocado a los sindicatos y a los empleadores para comenzar con las negociaciones. Solbes manifestó que abaratar costos en relación con los bomberos no es una prioridad. Las reducciones en las tasas de impuestos corporativos también fueron descartadas. Otras reformas del sector de la oferta, por ejemplo en la educación, tendrán poco impacto inmediato.
En el sector político, Zapatero está preparado para un segundo mandato agitado. El líder del PP, Mariano Rajoy, ha inclinado su partido hacia el centro después de una prolongada batalla ideológica. Su recompensa, según una encuesta, fue volverse más popular que Zapatero por primera vez. Zapatero dirige un gobierno minoritario que está a siete bancas de una mayoría parlamentaria absoluta. Los pequeños partidos nacionalistas de Cataluña, el País Vasco y el resto del territorio conservan el equilibrio de poder. Ya están haciendo un difícil trabajo para respaldar el presupuesto del año próximo.
IMAGEN EN DECADENCIA. Si la economía no le da respiro, ¿hacia dónde se inclinará Zapatero para levantar su imagen en decadencia? Un paso adelante dio el primer ministro regional vasco, Juan José Ibarretxe, que ha llamado a un doble referéndum respecto de negociaciones con los separatistas armados, ETA, y de un vago "derecho a decidir" de los vascos. Asimismo, es posible que también haya sobornado a Zapatero. El referéndum le brinda una oportunidad para ser severo con ETA y con la descentralización, ambas áreas en las cuales los votantes consideraban que fue demasiado flexible durante su primer mandato. Zapatero dijo que haría invalidar el referéndum por medio del tribunal constitucional antes de que se lleve a cabo.
No es el único ejemplo con el que Zapatero decide ser severo. Los inmigrantes españoles, la mayoría de los cuales arribaron en los últimos siete años, representaron una gran porción del crecimiento económico. Ahora están comenzando a perder sus trabajos. Los inmigrantes constituyen el 11% de los trabajadores, pero la mitad de ellos están recientemente desempleados.
El gobierno ofrece pagarles una suma global en carácter de beneficio de desempleo si regresan a sus países. Un plan para evitar que traigan a sus padres o hijos adultos tal vez desaliente a nuevos inmigrantes. Ambas medidas están orientadas a los votantes preocupados por la rapidez de la inmigración.
Zapatero ha detectado un problema que muchos españoles enfrentan por primera vez, dado que compiten con los inmigrantes por los escasos puestos de trabajo. En su segundo mandato, es posible que sean evaluadas las relaciones de raza en España, las cuales hasta el momento eran relajadas. La recomposición de la economía sería la mejor respuesta. Pero antes que promover reformas económicas poco deseadas, volverse severo contra los inmigrantes puede resultar una manera más sencilla de conservar la popularidad.