JULIO PREVE FOLLE
Este gobierno pasará a la historia entre otras razones, por la de haber fabricado inmensos problemas donde no los había, propiciando batallas donde no existían adversarios, contribuyendo de esta forma a dividir más la sociedad.
REFORMA TRIBUTARIA. Salvo por un compromiso con el pasado, en particular en ocasión del balotaje en el que el partido de gobierno perdió las elecciones, nadie puede señalar que el país tenía un problema grave en su estructura tributaria o en la administración de ésta. Como en todo sistema impositivo -en el actual también- siempre hay elementos que la vida va convirtiendo en injustos; a veces se hacen necesarias correcciones y es claro que hay una tensión de hierro de la que no se puede zafar. Me refiero a que los mecanismos más justos para retratar con exactitud los ingresos, se van haciendo progresivamente más complejos de administrar y controlar, con lo cual es necesario ser más sencillos para que la administración tributaria -nuestra DGI- no tenga que convertirse en un monstruo. Por esta razón se puede caer en generalizaciones injustas para algunos contribuyentes, pero se trata de temas absolutamente instrumentales, fríamente técnicos, por los que no vale la pena pelear.
Decir por ejemplo que este gobierno se caracteriza por hacer realidad que pague más el que tiene más, como se señala con frecuencia, es un lugar común ingenuo: todos los gobiernos de todos los países de todos los tiempos concordarían con esa máxima. El asunto es pensar si el sistema anterior agraviaba de hecho ese concepto, y de qué forma el actual, luego de la inicua reforma, lo mejora. Claramente no había un espantoso problema de justicia, y sí lo hay ahora hasta que se arreglen algunos problemas. Es probable que en el régimen anterior a lo mejor había que retocar tasas del Imeba, ajustar mecanismos en la liquidación de la renta, quizás introducir algún mecanismo tributario adicional en algunos profesionales y algunas empresas de servicios, y tal vez unificar los mecanismos de aportes previsionales. Todo instrumental. En lugar de ello e invocando la justicia se creó un gigante, la DGI actual, para introducir un modo de retratar la renta que tampoco coincide con ella, ya que se debe apelar aún a múltiples fictos como es lógico; una renta así, está tan alejada de lo real como los sencillos y denostados impuestos indirectos, de los que soy cada vez más partidario, cuando analizo el modo de instrumentar el cobro y control de los directos. Pero además, hoy paga lo mismo un contribuyente con hijos que uno que es soltero, tributan menos las rentas de capital que las de trabajo, y así podríamos citar más ejemplos de inequidades derivadas de la práctica, del modo elegido para concretar principios en los que todos estamos de acuerdo. A cambio de esto está en contra por el mínimo no imponible el Pit-Cnt, los maestros por el medio aguinaldo, los profesionales, los partidos tradicionales, las gremiales del campo, etc. ¿Valía la pena tanto conflicto dado el resultado? Creo que no.
DEVOLUCIÓN DE IMPUESTOS. Este fue otro tema para tirarse encima todo el sector empresarial exportador ya tensionado por el tema cambiario y por la política salarial. Se fabricó un conflicto por una discusión que debiendo ser sólo técnica, basada en analizar qué impuestos se consideran o no indirectos, finalmente se terminó bajándolos todos a una tarifa plana, cuando no había reclamos de nadie ni pruebas notorias de estar el sistema desfasado de la realidad. Y se lo cambió por un ficto. ¿Valía la pena el lío?
GASTO PÚBLICO. Hay otro conflicto inútil, de contenido ideológico tal como lo presenta el MEF de modo dicotómico y maniqueo. En efecto, para esa secretaría de Estado el país estaba atrasado en términos de gasto. No es verdad. Una sociedad que gasta más de 30 puntos del producto no puede decirse que gasta poco; a lo mejor sí que lo hacía mal, y en eso todos podemos estar de acuerdo. Pero se prefirió otra vez la creación de un falso conflicto: los gobiernos anteriores no gastaban en temas sociales y éste sí, se señala. Pero la afirmación es falsa y deja sin resolver la pregunta central: cómo se gasta, que es la relevante, y por ejemplo qué contrapartidas se exigen a quienes la sociedad les regala recursos: la Universidad, el Panes, por citar dos ejemplos de aumentos notorios de gasto. O las mutualistas, que reciben fortunas sin compromisos serios de mejora de gestión, no sabiendo en definitiva la población qué pasará con todos esos fondos.
SOCIEDADES ANÓNIMAS. Otro conflicto inútil. Se las prohibió en el campo, solo en el campo, se introdujo así inseguridad, irritación, pero no para cambiar nada, ya que finalmente el tema quedó en autorizaciones una a una que nadie sabe muy bien en qué casos se conceden. Hubo conflicto, lo habrá, y nadie mejoró ni su acceso a la tierra ni se logró avance alguno en ningún terreno por saber quiénes son los titulares.
Ahora se amenaza establecer un conflicto que hoy no existe por el uso del suelo, proponiéndose regular lo que nunca este Estado podrá controlar.
El tema sigue con las frutas y verduras, cuya importación estaba aberrantemente prohibida. El gobierno asumió un conflicto con los granjeros para abrir la importación y finalmente termina no abriendo de hecho nada.
En el terreno sindical alienta conflictos, propicia el resentimiento donde debe haber cooperación, da alas a los gremialistas contra los empresarios, para luego intentar moderar los ánimos.
ESTADOS UNIDOS. Cuando la mayoría de la sociedad está de acuerdo con un tratado de libre comercio con Estados Unidos, tema para discutir casi que sólo técnicamente, el gobierno introduce otra vez el conflicto ideológico para volver a separar uruguayos como en plena guerra fría. En cambio, establecemos relaciones carnales con Venezuela, que adquirieron formas que han humillado a muchos uruguayos, y todo para no tener beneficio alguno conocido.
Me queda el tema de los acuerdos de precios, conflicto inútil si los hay, en los que se amenaza con perjuicios fuera de la ley, a cambio de fijaciones que se sabe no tienen el menor efecto en la inflación, alentada por la política de gasto, y solo quizás en el IPC. Otro conflicto que no tiene ningún sentido y seguro pronóstico final.
En definitiva, este gobierno sigue por una pendiente cada vez mayor, la promoción de divisiones que no nos benefician en nada y que, aunque todavía estamos lejos, nos hacen parecernos a nuestros hermanos de Argentina. Si el estilo no cambia, si no se entiende que se trata de poner puentes en lugar de volar los que hay, la próxima administración cualquiera sea se las verá en figurillas.