HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN
La inflación no cede. El aumento que registró el IPC en el último mes superó largamente las expectativas del mercado. Mientras la mediana de la encuesta que releva el BCU entre distintos analistas económicos indicaba una expectativa de aumento de los precios de 0,74%, el dato real marcó un aumento de 1,28%, el registro más elevado de los últimos diez meses.
EL MES. Para entender el por qué de un aumento puntual tan alto, hay que analizar al interior del IPC el comportamiento de los distintos rubros. Tres de ellos explican la mitad del aumento: las verduras, los combustibles y las tarifas de UTE.
Ese análisis nos sirve para entender qué pasó en junio, pero no para entender el fenómeno inflacionario en sí. En efecto, una determinada variación mensual del índice, cualquiera sea su signo, puede responder a un fenómeno puntual de oferta y demanda, pero que en ningún caso puede asociarse a un aumento sostenido en el tiempo. No hay que perder de vista que la inflación, por definición, es el aumento generalizado de los precios.
Tal es el caso de las verduras, que en el último mes se incrementaron un 15,74%, guarismo que responde a fenómenos estacionales en esta época del año. Se trata claramente de un ítem muy volátil, pero cuyo comportamiento no responde a una inercia inflacionaria, ya que hacia fin de año se revierte.
El caso de las tarifas es distinto y se explica por el ajuste parcial ante el aumento del precio internacional del petróleo. Aquí hay presente un fenómeno de inflación importada, y los esfuerzos del gobierno por evitar que se traslade a precios todo el aumento del petróleo tiene como contrapartida un costo fiscal cada vez mayor, en momentos en que precisamente se discute en el Parlamento una Rendición de Cuentas que aumenta el gasto.
Por todo ello, un análisis de más largo plazo nos permite aquilatar si efectivamente la economía se ve enfrentada a un fenómeno de inflación creciente.
En primer lugar, debe quedar bien claro que la inflación es ante todo un fenómeno monetario, y que el accionar conjunto de la política monetaria y la fiscal, y su impacto en los agregados monetarios, son causas fundamentales a la hora de analizar la evolución del IPC.
Ello se ve amplificado por una serie de shocks que pueda recibir la economía, como el caso actual de las materias primas que, como se puede ver en el cuadro adjunto, incide fuertemente a nivel de los precios mayoristas agropecuarios.
A su vez, el aumento de los commodities se explica en buena medida por un contexto inflacionario internacional. Las últimas declaraciones de los presidentes de la Fed y el Banco Central Europeo al respecto son bien elocuentes.
Agreguemos políticas distributivas internas con mecanismos indexatorios, caso de modalidades de ajuste salarial, y es difícil no concluir que efectivamente la inflación es un problema que aqueja a la economía uruguaya y tiende a agravarse.
LA TENDENCIA. Para mostrarlo recurrimos al Gráfico Nº 1 donde se muestra la evolución del IPC acumulada en los últimos doce meses. Se observa allí que el índice mostró una clara tendencia al alza, que se revirtió en el último trimestre del pasado año, para volver a acelerarse en los dos últimos meses.
Nos parece relevante centrar el análisis en el cambio de tendencia de fines de 2007, ya que como señaláramos en anteriores oportunidades, no respondió a una real desaceleración de la tasa de crecimiento del IPC a largo plazo, sino que estuvo altamente influenciado por una serie de medidas de carácter heterodoxo, como ser controles de precios y rebajas de algunas tarifas.
Por definición, este tipo de medidas son de rápido impacto, pero de duración limitada, lo que estaría explicando, en parte, la aceleración de los últimos meses, que ubica nuevamente a la variación anualizada del IPC en niveles similares a los que presentaba con anterioridad a la adopción de los controles.
En los últimos doce meses la variación del IPC ascendió al 8,42% y amenaza con seguir subiendo. Nuevamente la meta de inflación, entre el 3% y el 7%, no se estaría cumpliendo.
Esto revive otra vez el temor desatado a fines de 2007 cuando la inflación amenazaba romper la barrera de los dos dígitos, fenómeno que de haberse constatado, hubiese provocado dos aumentos salariales en el sector público en el presente año y, debido al mandato constitucional, similar cantidad de ajustes de pasividades, nada menos que el 70% de los gastos corrientes del gobierno.
Ante esa situación fue que las autoridades adoptaron las medidas mencionadas, que impidieron que se llegase al 10%, pero que los hechos demostraron su transitoriedad.
Debido a la escalada actual, las autoridades han vuelto a mostrar preocupación, y nuevamente han recurrido a medidas de corto plazo. A vía de ejemplo cabe mencionar los acuerdos que se han alcanzado con varios sectores alimenticios, para ofrecer determinadas líneas de productos a precios más bajos, o compromisos para mantener esos precios "hasta la primavera", tal cual anuncia una importante cadena de supermercados.
También anunció el gobierno su intención de eliminar el IVA a la importación de frutas y verduras, para contribuir así a evitar las bruscas variaciones estacionales que estos productos presentan.
Pero son medidas de corto plazo, y en todo caso contribuirán a disminuir la tasa de crecimiento del IPC en los próximos meses, que será alta por factores estacionales.
En el presente mes habrán de ajustarse los salarios. Si bien aún no han comenzado a reunirse los distintos Consejos de Salarios, tal cual informara el pasado miércoles El País, los empresarios pronostican que los aumentos se ubicarán entre 5,3% y 7,7% retroactivos al 1º de julio. Los precios de julio se verán afectados por ello.
INERCIA. En materia de inercia inflacionaria el comportamiento de los salarios ha sido crucial. En el Gráfico Nº 2 se presenta la evolución de los salarios privados y de la inflación subyacente, esto es el IPC sin tener en cuenta las frutas y verduras y las tarifas públicas. Esta última se ubica en el entorno al 10% anual.
Es claro que a partir del año 2006, cuando ya había transcurrido el primer año del funcionamiento de los Consejos de Salarios, ambas variables evolucionan en forma paralela.
De ahí la importancia que reviste el tipo de acuerdo que surja de la presente ronda de negociaciones. En ese sentido, el dato inflacionario del último mes no fue una buena noticia, ya que para comenzar a desmantelar el aparato indexatorio el gobierno debe convencer a las partes de que la evolución del IPC se irá desacelerando con el correr de los próximos meses.
Por lo pronto, y antes de haberse conocido el dato de junio, las pautas oficiales para la presente ronda recibieron el rechazo de la central sindical, previéndose duras negociaciones.
Del resultado de éstas depende no sólo la posibilidad de frenar la escalada de los precios, sino también la evolución de la competitividad de la economía.
En el cuadro se aprecia con claridad que en el último trimestre, Uruguay fue el país que más se encareció en dólares, lo que por otra parte vienen reflejando mes a mes los índices de competitividad global que divulga el BCU.
El fuerte aumento que experimentaron los precios en dólares en Uruguay en el segundo trimestre del año respecto a igual período de 2007 se explica por el doble impacto del aumento de los precios internos y la apreciación del peso.
Parece claro a esta altura que en materia cambiaria, más allá de la depreciación que sufre el dólar en el mundo, la prioridad pasa más por el impacto que pueda tener en la contención de la escalada de los precios, que por preservar un determinado nivel de competitividad, que se verá afectado a su vez por el aumento del gasto público.