Lunes 07.07.2008, 18:42 hs. | Montevideo, Uruguay
 
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Competitividad, barranca abajo

JAVIER DE HAEDO

Pero también, siguiendo con títulos extraídos de la literatura, es la crónica de un desplome anunciado. Porque los datos recientemente difundidos por el BCU, sobre la evolución del tipo de cambio real (TCR) en abril y en mayo, confirman lo que desde hace por lo menos un año se preveía: que la competitividad de la producción nacional estaría en franca caída. Lo peor del caso, consiste en que nada hace pensar que esta situación vaya a modificarse en el futuro previsible. Más aún, puede agravarse, si se confirma para los próximos meses un cambio de escenario externo que muestre al dólar tendiendo a fortalecerse, revirtiendo su comportamiento de los últimos años.

Los números a mayo, tanto en lo que va del año (cinco meses) como en los últimos 12 meses, son contundentes: el indicador global cayó 6% y 10% respectivamente, el extrarregional cayó 7% y 13% y el regional bajó 4% y 7%. Dentro de la región, con Argentina se perdió 9% en cinco meses y 18% en un año y con Brasil, 3% en cada caso. Obsérvese que en el caso de la relación bilateral con Argentina, con esos datos es claro que hay deterioro aún considerando el IPC verdadero, no registrado por el Indec de los Kirchner. Fuera de la región, se perdió competitividad con Estados Unidos en un entorno de 9% en cinco meses de 2008 y 19% en los últimos 12. Con Méjico se perdió 7% y 16% respectivamente, con Alemania 5% y 8%, con España 4% y 7%, con el Reino Unido 13% y 21%, con Italia 4% y 8%, y con China, 9% en cinco meses y 8% en los últimos 12 a mayo.

Es decir que toda la lista de países o grupos de ellos que releva mensualmente el BCU nos muestra perdiendo competitividad en forma significativa en los últimos 12 meses a mayo de 2008 y en particular en los primeros cinco del año en curso, cuando la tendencia parece haberse agravado, ya que en todos los casos la caída del TCR entre enero y mayo supera los cinco doceavos, por lo que está cayendo cada vez más rápidamente.

Hasta hace unos meses, cuando los números todavía "daban", desde el MEF se mostraba en cuanto power point se producía, la evolución de estos índices con base en el promedio histórico. Es decir que se consideraba el promedio de los "n" años desde 1977, que es el primero de la serie de que se dispone, y se lo tomaba como referencia histórica, con un criterio salomónico, quizá discutible desde el punto de vista teórico, pero muy entendible desde el punto de vista práctico. Ese mismo indicador hoy no da tan bien: muestra que en agosto pasado se terminó de consumir el margen que había con relación al indicador global de competitividad (o, en palabras más entendibles, se terminó el "adelanto" cambiario) y que en diciembre, entramos en zona de números rojos. Mientras tanto, el indicador extra regional, que a mediados del año pasado estaba 6-7% por debajo del respectivo promedio histórico, en mayo de 2008 se encontraba nada menos que 19% por debajo de esa referencia.

En este contexto, a las gráficas en el power point oficial las han reemplazado argumentos que se exponen de modo un tanto ligero. Uno de ellos consiste en señalar que los números de TCR deben ser considerados junto con los de productividad. Y es muy cierto: si un país se vuelve más productivo, admite un TCR más bajo. No obstante, los contrarios también juegan y también se vuelven más productivos. Entonces, lo que importa en realidad, no es si Uruguay se volvió más productivo en términos absolutos, sino si lo hizo relativamente al resto del mundo, que, muy posiblemente, también progresa en forma significativa en ese sentido. Pero no hay indicadores disponibles de dichas presuntas mejoras en productividad en Uruguay versus el resto del mundo. Y a falta de ellos es que se usan los indicadores habituales de TCR, cuyos resultados ya vimos.

Hay otro argumento que se ha estado utilizando y en este caso no hay dudas de su mal uso oficial: se dice (y se muestra la diapositiva correspondiente, en forma recurrente) que Uruguay es uno de los países donde menos ha caído el dólar, o en otras palabras, donde menos se ha fortalecido la moneda propia. Nuevamente, con ese tipo de argumento, se muestra sólo una parte de la realidad. Porque para hablar de tipos de cambio reales, no basta con hacer referencia a los tipos de cambio nominales, sino a las respectivas tasas de inflación. Es decir que el peso no sólo se aprecia porque caiga el valor nominal del dólar acá sino que lo hace aún más, por el efecto de la inflación local, en pesos.

Una vez más, son los indicadores de TCR los que nos dan esa información completa y no parcial, al cotejar la evolución de los precios en términos de dólares en Uruguay versus el resto del mundo. Y, como vimos, en todos los casos en los últimos 12 meses y en particular en los primeros cinco de este año, hay fuertes caídas en el TCR bilateral de Uruguay frente a todos los países y grupos que releva el BCU. Si esto es así, es porque en esos períodos Uruguay se encareció en términos de dólares bastante más que los otros países y grupos de países. No alcanza con que el precio del dólar haya caído relativamente menos. Al incorporar la inflación de cada país, pasamos a estar en el pelotón principal de apreciación cambiaria en lugar de en el de los rezagados, como se nos pretende mostrar.

Un tercer argumento que se suele exponer consiste en el comportamiento de las exportaciones, que consideradas en su totalidad, tanto de bienes como de servicios, se estiman para este año llegando a los US$ 10 mil millones. Esta cifra incluye el concepto tradicional de exportaciones de bienes desde territorio nacional, por las aduanas, y también las que se realizan desde zonas francas (como en el caso más notorio, de Botnia), pero también las de turismo y otros servicios (fletes, seguros, etc.). En el caso de las exportaciones de bienes FOB desde territorio no franco, que es la categoría para la cual la información se difunde mensualmente y con mayor desagregación, las exportaciones en dólares están subiendo al 27% interanual (en años móviles). Sin embargo, si esa variación se corrige por la del índice de precios de exportación que elabora la CIU, se llega a una variación en términos de volumen físico, de sólo 6%, es decir un ritmo de crecimiento positivo, pero que apenas representa entre un cuarto y un quinto de lo que surgiría de ver números en dólares corrientes.

No es casual que el mayor deterioro en la competitividad se haya empezado a dar desde mediados del año pasado, cuando se decidió endurecer la política monetaria-cambiaria. Una inflación que tiene bastante de su origen en el efecto de cambios en precios relativos internacionales y que tuvo a mediados del año pasado también bastante de su origen en problemas de oferta de frutas y verduras atribuibles al clima. Dicen los teóricos monetaristas que si ello ocurre y se endurece la política monetaria, otros precios bajarán y en promedio, el índice de precios estará donde uno se lo proponga. Pero en la realidad no siempre ocurre lo que dicen los libros, ya que suele ser un poco más complicada y diversa. En la realidad, por ejemplo, hay desde el año pasado un gasto público en franca expansión, creciendo en términos nominales más cerca de 20% interanual que del 10% que debería ser. Y hay también mecanismos de indización que llevan a incorporar como permanentes en los salarios, los aumentos transitorios de los zapallitos.

En ese panorama, se usa y abusa de una política monetaria basada en la tasa de interés, propia de una economía que no es la nuestra. Que sí existe en libros y en otras realidades, en las que la moneda nacional es relevante, naturalmente, y no con fórceps.

Sin embargo, lo peor está todavía por venir, y no es otra cosa que el agravamiento de la situación referida: el gasto público mantendrá su ritmo de crecimiento (con una parte de él, la de educación pública, fija en términos del PIB), los salarios seguirán indizados, el clima podrá seguir complicando a los morrones y los precios internacionales de los alimentos podrán seguir subiendo otro poco. Y, frente a todo eso, estará la única herramienta que le queda a la política económica, el precio del dólar. Porque la otra que tenía, que era ayudar fiscalmente a que algunos precios no subieran tanto, ya no la tiene porque se gastó el colchón y lo que queda de él se usará en bajar el IRPF.

Para colmo de males, en algún momento no muy lejano, el dólar empezará a fortalecerse en el mundo y todo parece indicar que acá vamos a mirar, como en 1999, para otro lado.

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