¿Quo vadis América Latina?

FRANCISCO ROSENDE | DESDE SANTIAGO DE CHILE

Mientras las economías industrializadas, en especial la estadounidense, sufren los rigores de una profunda crisis financiera, posiblemente la mayor desde la Gran Depresión de los años treinta, la economía latinoamericana disfruta de un cuadro de bonanza de términos de intercambio, el que por ahora ha ahuyentado los temores de un "contagio". No obstante, la extendida implementación de políticas que desconocen la forma en que funcionan los mercados, plantea serias dudas respecto a las perspectivas de mediano plazo de la región.

LA CRISIS FINANCIERA. Si bien se conocieron reiteradas advertencias en los últimos años respecto a la gestación de una "burbuja" de precios en el sector inmobiliario de Estados Unidos, sólo a partir de mediados del 2007 se han hecho visibles los efectos de ésta, al constatarse dificultades en la recuperación de los créditos hipotecarios, en especial de los de alto riesgo o "subprime". Así, en septiembre pasado tanto la Reserva Federal de Estados Unidos como el Banco de Inglaterra debieron iniciar una intensa gestión de salvataje de instituciones financieras en dificultades, garantizando el buen funcionamiento de la cadena de pagos de la economía.

Las intervenciones de los bancos centrales han dejado claramente de manifiesto la asimilación por parte de éstos del clásico dictum de Milton Friedman, en cuanto a que es esencial que -en un contexto de dificultades financieras- la política monetaria concentre sus esfuerzos en garantizar el buen funcionamiento del sistema de pagos de la economía. No obstante, ésta es sólo una parte de la historia, puesto que aún resta por establecer cuán profunda es la crisis, lo que implica dimensionar y asignar las pérdidas asociadas. Dada la sofisticación de los productos financieros envueltos en las operaciones de crédito, ello no será sencillo y tomará algún tiempo.

Por otro lado, las consecuencias de esta incertidumbre son evidentes, manifestándose en altos spreads en los créditos comerciales e importantes pérdidas para las instituciones financieras, las que han golpeado con fuerza a bancos de gran prestigio y tradición, como ocurrió con el banco de inversión Bear Stearns.

Para complicar más las cosas, este cuadro ha sido acompañado por una fuerte inflación en el precio de los alimentos y en el de las materias primas, lo que ha acrecentado los riesgos de una "estanflación", especialmente en Estados Unidos. Si bien una parte del mencionado proceso inflacionario se explica por la caída en la cotización del dólar en los mercados internacionales, éste se ha visto acentuado por problemas de carácter propiamente real -esto es, no monetarios- en el caso específico de los alimentos y los combustibles.

El escenario es ciertamente complejo, puesto que más allá de la activa gestión de la Reserva Federal para normalizar las condiciones de liquidez y crédito, éstas se han mantenido apretadas por el riesgo que rodea la actividad financiera y la carencia de un grado de claridad importante respecto de la magnitud de las pérdidas envueltas, como se indicó antes. A lo anterior, se añade la amenaza que plantea a la actividad el fuerte aumento en el precio internacional del petróleo y la tensión social que en muchas economías ha ocasionado la fuerte alza que han experimentado los precios de los alimentos.

AMÉRICA LATINA. A pesar de las complicaciones que plantea el escenario internacional, la economía latinoamericana ha disfrutado de un cuadro de bonanza de términos de intercambio, lo que originó un importante superávit global en la cuenta corriente de la balanza de pagos de la región en el año 2007. Esta situación marca una diferencia con otros episodios de dificultades financieras internacionales, en los que la región quedó expuesta a los cambios en el influjo de capitales a ésta.

Desafortunadamente la mayor disponibilidad de recursos no ha apoyado la implantación de reformas conducentes a elevar la productividad global y con ello las perspectivas de crecimiento de mediano plazo. Por el contrario, en general se aprecia un importante aumento del gasto de los gobiernos, lo que ha alimentado una caída de los respectivos tipos de cambio real. Más aún, se ha extendido un discurso que trae de vuelta el protagonismo del gobierno y la regulación en las economías, bajo el supuesto de que el así llamado "modelo neoliberal" habría fracasado. Desde luego, este discurso cambia de intensidad de país en país, aunque en general se aprecia una tendencia hacia un mayor protagonismo de las políticas públicas en el proceso de asignación de recursos, en desmedro de los mecanismos de mercado.

A pesar de la importante cantidad de economistas con estudios de postgrado en buenas universidades que existe en la región, la forma en que se ha enfocado el debate de las políticas públicas en ésta, sugiere que la mejor contribución que éstos pueden realizar al logro de un mejor desempeño de sus economías en el futuro próximo, atraviesa por el desarrollo de una eficaz labor pedagógica, persuadiendo a los principales actores del proceso político de un hecho tan sencillo como esencial: las personas -ya sea en su rol de consumidores o productores- responden a los incentivos que enfrentan.

Así, no parece razonable esperar que se logre una provisión adecuada de energía o de alimentos si los precios no reflejan las condiciones de mercado. Tampoco cabe esperar que se logre superar un cuadro de pobreza si no es posible alcanzar altas tasas de ocupación, lo que implica permitir que las remuneraciones reflejen la productividad de los trabajadores. Desde luego, ello no es excluyente con la aplicación de políticas sociales que apoyen el nivel de ingreso de los grupos más pobres.

Junto con la reaparición de añejos discursos para enfrentar los problemas económicos, se aprecia un evidente retroceso en muchos países de la región en lo que se refiere a la institucionalidad dentro de la que se desenvuelve la actividad productiva. Así, sin un marco que garantice -a bajo costo- el desarrollo de los contratos y el respeto a la propiedad, parece difícil que se pueda configurar un cuadro amistoso con el crecimiento y la eliminación de la pobreza.

La mayor integración de la economía mundial -la así llamada globalización- ofrece una oportunidad propicia para esta modernización institucional, lo que exige de una perspectiva en las políticas públicas que en general no abunda en la región. Sin embargo, ello parece tan difícil como improbable en la coyuntura actual, la que resulta propicia para la reaparición de las presiones proteccionistas, junto con demandas por una intervención más fuerte de los gobiernos en la economía, tal como ocurrió en los años treinta. Si bien se trata de reacciones simplistas y por lo mismo poco rigurosas, frente al cuadro planteado reflejan sentimientos estatistas muy arraigados en la cultura política latinoamericana.

UN MUNDO MÁS EXIGENTE. Durante la última década hemos presenciado una expansión notable de la economía mundial, gracias a la decidida incorporación a ésta de países como China, India y de los que antes formaron la Unión Soviética. Este escenario permitió disfrutar de un prolongado ciclo deflacionario global, el que alimentó el crecimiento.

Más allá de las dificultades propias de la coyuntura, parece evidente que la competencia ha aumentado a la par del tamaño de los mercados, siendo elementos fundamentales en la determinación de las perspectivas de crecimiento de una economía: la cantidad y calidad de su capital humano; el grado de integración al comercio mundial y; el desarrollo institucional. En los tres aspectos subsisten tareas importantes para la economía regional, las que no parecen estar siendo abordadas de un modo eficaz.

Más aún, si no se adoptan acciones decididas conducentes a potenciar las perspectivas de crecimiento de mediano plazo, es muy probable que se continúe alimentando un esquema de redistribuciones ineficientes, donde para mejorar a alguien se debe empeorar a otro. Como lo muestra con elocuencia nuestra historia, ello sólo puede originar más conflictos e inestabilidad, en un contexto de altos índices de pobreza y frustración.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar