HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN
El fuerte crecimiento que viene mostrando la economía en los últimos años se ha visto reflejado en el mercado de trabajo. La tasa de empleo, que es la variable que mide la participación de aquellos que efectivamente están trabajando en el total de la población en edad estadística de trabajar (mayores de 13 años), se ubicó promedialmente en el primer trimestre del presente año en el 56,7%, lo que equivale aproximadamente a 1.450.000 personas trabajando.
En el Gráfico Nº 1 se presenta la evolución de la tasa y el número equivalente de puestos de trabajo que ella representa. Se observa allí que durante el año 2006 la generación de empleos fue muy dinámica, habiéndose creado casi 100 mil nuevos puestos de trabajo.
Que el empleo siguiese creciendo a ese ritmo no era sostenible, y a partir del año 2007 la demanda de trabajo por parte de las empresas comenzó a enlentecerse, estabilizándose la tasa de empleo en niveles similares a los actuales. Estimamos que en estos últimos cinco trimestres se ha generado la mitad de nuevos trabajos que en el año anterior.
Pero para tener una idea más acabada de la cantidad total de trabajo que hay en la economía, no sólo hay que prestar atención a la creación de empleo, sino también a las horas trabajadas.
Si se combinan estas horas trabajadas por persona ocupada con la tasa de empleo y con el crecimiento de la población en edad de trabajar, se obtiene una idea del total de horas que se trabajaron en la economía. Es una variable explicativa de la incorporación de trabajo en el valor agregado o en el PIB que se puede apreciar en el Gráfico Nº 2. Se constata una relativa estabilidad desde el pasado año 2007; de hecho, en el primer trimestre del presente año la cantidad total de trabajo cayó un 1,2% en relación al mismo período de 2007.
La explicación de la caída no es otra que el descenso en las horas trabajadas promedialmente por semana. El dato del primer trimestre del presente año muestra que se trabajaron en promedio 39,3 horas; en el mismo período de 2007 las horas fueron 40,4.
Otro síntoma de que el mercado laboral se estaría enfriando, muy relacionado con el anterior, es el relativo a las características de la ocupación. El aumento del empleo formal y sin restricciones que acompañó el crecimiento económico de los últimos años parecería que comienza a revertirse, si nos atenemos a las cifras recientemente divulgadas por el INE.
El Gráfico Nº 3 muestra la evolución del porcentaje de la población que tiene un empleo sin restricciones. Se ve claramente que en los últimos trimestres se revierte el crecimiento que mostrara esta variable en el pasado reciente. Como contrapartida, aumenta el subempleo, o sea aquellas personas que trabajan menos de 40 horas semanales, pero que están dispuestas a hacerlo por más tiempo.
DESEMPLEO. Como contrapartida del aumento de la tasa de empleo, se redujo drásticamente la tasa de desempleo, que en la última medición se situó en el 8,5% de la población mayor de 13 años dispuesta a trabajar. En cantidad de personas, se trata aproximadamente de 133 mil uruguayos que buscan trabajo y no lo encuentran.
Como se puede apreciar en el Gráfico Nº 4, la tasa de desempleo se ha reducido a la mitad desde el pico que alcanzara en medio de la crisis.
Pero también se puede observar allí que el actual nivel de desempleo es similar al que registrara el país en momentos de gran dinamismo durante los años noventa. De hecho, el piso de la desocupación en el Uruguay se ubica entre el 8 y el 9% (el nivel actual), de donde podemos extraer un par de conclusiones.
En primer lugar, difícilmente continúe descendiendo el desempleo, el que se ubicaría en el nivel friccional o natural. En tal sentido, en la medida que disminuya la cantidad de personas desocupadas sin ningún tipo de restricción en el empleo que busca, se puede afirmar que el desempleo es de mejor calidad. Se entra a asemejar más al desempleo natural que existe simplemente porque el período de búsqueda del trabajo ideal lleva tiempo y en el ínterin la persona está desocupada.
Sin embargo, esta variable, que en los últimos tiempos mostró el comportamiento esperado dado el crecimiento económico, muestra un cambio abrupto en el primer trimestre del presente año, al ubicarse en el 66% de la población, cuando un año atrás se situó en el 64,7% y en el último trimestre de 2007 en el 59,9%. Habrá que ver en los meses venideros si el aumento responde a un cambio en la calidad del desempleo, o si se trata de algo meramente coyuntural
MERCADO RÍGIDO. Por otra parte, el hecho de que en momentos de fuerte expansión la tasa de desocupación alcance tal magnitud es una clara señal de la existencia de rigideces en el mercado de trabajo, que impiden un funcionamiento eficiente.
En los años noventa, cuando el crecimiento económico no se traducía en un aumento similar del empleo, comenzó a preocupar el tema, que pasó a un segundo o tercer plano en medio de la crisis y en la posterior recuperación, momentos en que había amplio espacio para el crecimiento armónico de ambas variables, dada la existencia de abundantes recursos ociosos.
Al volver nuevamente la economía a su normal funcionamiento, como en la actualidad, el tema vuelve a cobrar relevancia.
Las rigideces o trabas que presenta el mercado laboral uruguayo son varias. En primer lugar está el propio Estado, principal empleador de la economía, que paga salarios promedialmente superiores a los del sector privado.
Los incentivos erróneos que se derivan de los salarios pagados y de la inamovilidad de los funcionarios (formalmente no abarca a todos, aunque en los hechos sí), tienden a disminuir la productividad del sector público, con el impacto negativo que esto tiene en el sector privado.
Ello genera también otro tipo de problemas para las empresas privadas, relacionado con el premio (salario) que deben pagar para contratar nuevos trabajadores, que prefieren claramente al Estado como patrón.
Un claro ejemplo son los llamados de personal que han realizado en los últimos tiempos distintas dependencias estatales: a cada uno de ellos se presentaron miles de personas. No hay registros de que ante llamados similares por parte del sector privado, la respuesta haya sido similar.
La calidad de la mano de obra es un problema no menor. Recientemente, durante la construcción de la planta de Botnia se constató la falta de operarios calificados para determinadas tareas, por lo que debieron "importarse" obreros para llevarlas a cabo.
Esto está estrechamente vinculado con el tema de la educación, área en la que han sido difundidas últimamente noticias nada alentadoras, como el bajo rendimiento de los estudiantes uruguayos en el programa PISA.
Otra causa de rigidez puede derivar de los arreglos institucionales bajo los cuales se negocian los aspectos relacionados con el trabajo.
Actualmente, en Uruguay rigen los Consejos de Salarios, ámbito en el que se negocia el ajuste de las remuneraciones en función de pautas establecidas por el gobierno. Pero también se negocian otros aspectos como ser la organización del trabajo al interior de las empresas, las categorías laborales, etc., y cuyo resultado puede repercutir negativamente en la competitividad empresarial debido a los mayores costos que generan.
En todo caso, como señaláramos en alguna nota anterior, se está agotando el tiempo de las subas generalizadas en el salario real. Desde la salida de la crisis hasta el año pasado, se pudieron pautar incrementos reales de referencia, que operaron con relativa facilidad como un piso para toda la economía.
Este nivel mínimo de aumento real pudo ser respetado por prácticamente todos los sectores de actividad y todas las empresas.
Los indicadores de coyuntura empiezan a dar señales de que esto ya no será posible sin pagar consecuencias muy caras en materia de nivel de actividad y empleo.