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Los precios de los alimentos

CARLOS STENERI | DESDE WASHINGTON DC

Los días pasados continuaron mostrando movimientos inéditos en los precios de la energía, los alimentos y la tasa de interés interbancaria. Cada uno a su manera está mostrando la complejidad del momento, la dificultad para arribar a un diagnóstico único, los desafíos que impone a la política económica tanto de los países desarrollados como de los emergentes, incluyendo a los más pobres. Como muestra vale pensar que el precio del petróleo supera con comodidad los 115 dólares por barril, el del arroz está por encima de los 1.000 dólares por tonelada, y la tasa Libor a noventa días subiendo a niveles superiores al 2,9% a pesar de las inyecciones masivas de liquidez hechas por la FED, el Banco de Inglaterra y en menor manera, aunque muy importantes también, por otros países desarrollados.

La complejidad del momento deviene de que junto a la implosión de una burbuja inmobiliaria con sus coletazos naturales sobre el sector financiero de algunos países desarrollados, se producen en paralelo cambios sustanciales en los precios relativos a escala internacional de bienes que aparentemente están incorrelacionados con esos eventos.

El desafío para todos radica en conocer cuánto de esto es transitorio y cuánto es permanente. De ello dependerá el signo de las políticas adecuadas para paliar lo que es circunstancial en contraposición a lo permanente, lo cual pertenece al ámbito profundo de un cambio estructural a escala mundial.

El costo de los préstamos entre instituciones bancarias continúa en ascenso, síntoma que hay desconfianza entre colegas del mismo giro. Eso muestra que el sistema financiero de Estados Unidos sigue afiebrado, lo que muestra que la liquidez que se le ha inyectado no fue suficiente para erradicar sus focos de vulnerabilidad. Hay más para resolver por delante en lo que será una etapa donde la consolidación y la reestructura del sistema financiero será su eje principal. Quizás marque el fin de las instituciones convertidas en verdaderos supermercados oferentes de todo tipo de productos financieros, para mutarse en instituciones cada una más especializada en un rubro de actividad específico. Entre otras cosas, eso permite que todas las partes puedan evaluar los riesgos inherentes del giro.

Este aspecto sin resolver demuestra que la baja de la tasa de interés para ayudar a salir de una crisis financiera tiene un límite: las reformas estructurales del sistema por más penosas que resulten, son su contrapartida necesaria.

Sin duda, más temprano que tarde habrá más novedades en la materia.

PRECIOS GLOBALIZADOS. Por si quedaban dudas que el mundo está intrínsecamente globalizado, basta mirar lo que viene pasando con el precio del petróleo, y la mayoría de los bienes agropecuarios.

En su formación venía operando la demanda creciente proveniente del despertar de China e India. A esa trayectoria caracterizada por un exceso de demanda permanente que ya preveía precios al alza, se le agregan otros impulsos de índole transitoria que van en el mismo sentido.

El primero es que la tasa de interés fijada por la FED a 2.25% ya es negativa en términos reales, ante una inflación esperada en Estados Unidos superior al 4%. Al mismo tiempo, e inducido por esas circunstancias, la cotización del dólar decae frente a otras monedas. Quedan así dadas las circunstancias para que los agentes busquen todo tipo de cobertura para protegerse de la inflación esperada promovida por la laxitud monetaria y la caída del dólar. Un camino obvio es posicionarse en bienes cuyos precios son los que explican en mayor medida el índice de precios. Con su oferta inelástica, los alimentos son uno de los candidatos perfectos para tales fines, más cuando el costo de tal cobertura está "subsidiado" por un entorno donde imperan tasas reales de interés negativas. No es extraño entonces observar esa burbuja anómala reciente en la evolución de sus precios.

Para complicar más la situación, dice presente la política de subsidios de Estados Unidos para producir etanol con maíz. Eso duplicó su precio en el último trienio arrastrando el precio de toda la cadena de sus sustitutos. Además, desplazó otros cultivos alimentarios con la caída de oferta consecuente y otra ronda de subas de precios.

Con el petróleo ocurre algo similar. Más allá de la demanda creciente de energía a escala mundial que explica una trayectoria ascendente en sus precios, los niveles actuales tienen un componente relacionado con "posiciones" en petróleo tomadas como cobertura ante la inflación esperada y el debilitamiento concomitante del dólar.

DÓNDE ESTAMOS. En Estados Unidos, la situación es diferente a la imperante a mediados de los setenta. Su característica fue un escaso crecimiento, acompañado por la mayoría de los países desarrollados, alta inflación, precio récord de la energía y caída del dólar. Hoy se agregan precios récord en la mayoría de los rubros de la cadena alimentaría.

La salida de aquel evento fue penosa. Una contracción monetaria con el cometido de quebrar la inflación y fortalecer el dólar fue la receta. Las tasas de interés reales se hicieron positivas en niveles inusuales. La economía mundial se contrajo bajo el imperio de la caída del crecimiento norteamericano. La mayoría de los países emergentes entraron en una fase recesiva ante la reversión del financiamiento externo y el alza del servicio del endeudamiento contraído.

Lo que nos diferencia de aquella época, es que hay otra parte del mundo que puede contribuir a mitigar los efectos de un reacomodamiento necesario de equilibrios básicos que recién ha empezado. Nos estamos refiriendo a China y a los países exportadores netos de petróleo. Pero eso requiere cambios sustanciales en ciertas líneas de política. La principal está referida a sus políticas cambiarias, que deberán rotar hacia una flotación más limpia de su tipo de cambio. Con ello incentivarán su demanda doméstica y le pondrán al mismo tiempo freno a su inflación.

La revaluación nominal de sus monedas también ayudará al fortalecimiento del dólar. Con ello se recuperará una de las anclas del sistema económico mundial. Por más que el euro ha ganado prestigio como unidad de valor, todavía no tiene la estatura necesaria para reemplazar al dólar en ese cometido.

Y lo que es más importante, ayudará a esparcir más equitativamente los efectos de un ajuste que hoy se aplica sobre quienes flotan libremente, como Canadá y los países de la Unidad Europea.

Por último, y no por eso menos importante, los coletazos de la situación actual recaen sobre países muy pobres, importadores netos de alimentos. Esto es fuente de desestabilización política, con sus penurias consiguientes que agregan costos a una crisis que comenzó en el mundo desarrollado.

NUESTRA COMARCA. Para los países exportadores de alimentos es crucial estimar cuál es la componente permanente de la actual trayectoria de los precios internacionales. Sin duda hubo un cambio estructural en la demanda que no tendrá marcha atrás, donde se destaca la entrada de China e India como demandantes de bienes agropecuarios.

El tiempo afinará con precisión las estimaciones. Pero en el ínterin nos han quedado lecciones valiosas. Primero se ha constatado una vez más que la oferta agropecuaria responde a los precios con velocidad sorprendente. Cae así uno de los supuestos básicos sobre el que se apoyó nuestra política de sustitución de importaciones, que asumía que gravando al agro y transfiriendo a la industria no se afectaba al primero y se promocionaba al segundo.

En segundo lugar, la mejor política de descentralización y de mitigar el éxodo rural hacia las ciudades es creando actividad en ese ámbito. Es interesante observar cómo aumentaron las tasas de empleo en el interior del país gracias a la eclosión de actividad promovida por el nuevo escenario de precios.

Como corolario, también se viene demostrando que el cambio tecnológico se adopta cuando los precios y las reglas de juego lo permiten. En muchos rubros se opera ya con niveles de sofisticación elevados, que ponen los rendimientos por hectárea en los primeros planos. Otros van en ese camino, seguidos de nuevos rubros que se agregan a la cadena productiva.

Eso es en gran parte la explicitación de un capital social, cuyo potencial sale a luz cuando se dan las condiciones adecuadas. Su estandarte son los precios. Casi sin darnos cuenta estamos en esa senda, en la que entiendo debemos perseverar.



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