JORGE CAUMONT
En ocasiones, declaraciones a la prensa de jerarcas que manejan la economía confunden a los analistas económicos y a la población. Tal vez, las definiciones de algunas variables que se manejan son diferentes para unos y otros, aunque no descartamos las divergentes apreciaciones emergentes de una misma información. En todo caso, ellas desorientan pues no permiten entender qué significa lo que se dice o discute por lo que no ayudan a tomar las mejores decisiones. Ocurre algo similar cuando jerarcas de un gobierno dan a conocer intenciones y no realizaciones, ya que también así se desorienta a la población. No menos confusas son las conclusiones que se extraen cuando una autoridad niega la aplicación de cierta política que la realidad comprueba y luego, al cabo de un cierto lapso, se admite esa realidad como si la anterior negación no tuviera efectos económicos. Narraré algunos ejemplos recientes de tales situaciones.
TÉRMINOS DE INTERCAMBIO. En una entrevista que el Ministro de Economía concediera a un corresponsal de El País en Estados Unidos, señaló el error que cometen analistas económicos cuando interpretan las causas del crecimiento económico de años recientes. Expresó que no es correcto afirmar que una razón fundamental de la expansión se debe a la influencia externa. Ha basado su crítica diciendo que si así fuera, la relación de los términos de intercambio no sería negativa, como ha dicho que lo es. El "efecto de la relación de los términos del intercambio" surge de la relación entre el comportamiento de los precios de exportación y los precios de importación. Si los primeros crecen más que los de importación, entonces el país necesita menos recursos locales que anteriormente para importar los mismos recursos que antes. Al subir los precios de exportación más que los de importación dan lugar a una ganancia de poder de compra comparable con un aumento del ingreso del país. El Ministro ha dicho que ello no ha estado ocurriendo y que lo sucedido ha sido justamente al revés. Ha reforzado su argumento aludiendo a los precios del petróleo que han subido significativamente en los últimos tiempos.
Una visita al sitio del Banco Central (BCU) permite observar el cálculo oficial del concepto indicado. Desde 2005 a 2007 la relación ha favorecido al ingreso nacional ya que por mayor y no menor -como señala el Ministro- aumento de precios internacionales de exportación sobre los de importación, el efecto de la relación de los términos de intercambio comercial de bienes ha sido positivo. Las cifras oficiales demuestran que ese efecto ha explicado el 5.2%, el 4.1% y el 3,8% del ingreso nacional disponible para el gasto, respectivamente en esos años. En términos constantes ese efecto, que incluye al comportamiento del precio del petróleo, ha sido 83% en el año 2005, 62% en 2006 y 56% en 2007 del aumento de la producción de bienes y servicios.
Aunque no es una prueba absoluta de la influencia externa sobre el crecimiento en esos años, de todas formas lo es en términos relativos significativos y descalifica -ahora sí de manera absoluta- la declaración del Ministro. Una declaración que confunde en general y particularmente a los analistas económicos y que "arrima agua a su molino".
LA INVERSIÓN. Pocos días después, en una conferencia, un jerarca técnico del Ministerio de Economía resaltó el buen desempeño de la inversión como fruto de la credibilidad en la conducción económica, señalando que llegará a ser 18% de la producción de bienes y de servicios en el país, probablemente al cabo de esta administración. Hurgando nuevamente en las cifras sobre el comportamiento de la economía en 2007, encontramos indicadores que se alejan considerablemente de las proyecciones del técnico y que aunque han podido sonar muy bien en los oídos de los asistentes, es difícil su realización.
En 2006, la inversión total como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) fue 15,05% y, en 2007, 15,02%, registro menor al 15.9% que alcanzara en el año 1998, el "pico" de los últimos diez años. En valores constantes, la relación fue 15,7% en 2007, alejándose aún más de lo que ocurriera en 1998 cuando alcanzara 18,7%. Y si consideramos únicamente a la inversión en maquinaria y equipo, de la cual se habla insistentemente como ejemplo de aumento excepcional, en 2006 la relación ha sido 6,9% frente a 6.7% en el pasado año, una cifra que no alcanzaría para reponer el capital en maquinaria y equipo que se deprecia en el año. Y considerando en ambos casos, además, los montos correspondientes a inversiones excepcionales como la de la papelera finlandesa.
Los datos oficiales actuales proporcionados por el BCU no avalan la proyección transmitida poco menos que como una realidad futura segura.
TIPO DE CAMBIO. Una de las grandes preocupaciones de los productores, consumidores y ahorristas es la evolución del tipo de cambio. La apreciación de la moneda uruguaya ha puesto en aprietos a muchos de ellos y pese al alto costo que tiene para el país el proceso de "desdolarización", el cambio de portafolio -pasar de posiciones en dólares a moneda nacional-, crece progresivamente más. Ello aumenta la oferta de dólares en el mercado de cambios y agudiza la tendencia bajista de esa moneda ante el peso uruguayo. Hay un constante pasaje de los precios que antes estaban en dólares a pesos y un también constante aumento de las colocaciones en moneda local tanto de los bancos como de los inversores. El retorno por posiciones en pesos, arbitrado a dólares, es un buen atractivo; la fijación de precios que antes estaban en dólares y pasan ahora a estar en pesos es también una cobertura parcial de los aumentos de costos en moneda local, fundamentalmente de los salarios, tributos, tarifas y de otros conceptos por el estilo. De manera creciente el proceso alimenta el desconcierto y frena las decisiones de inversión, con excepción de las que no tienen marcha atrás.
Desde el BCU se ha indicado durante mucho tiempo que el tipo de cambio surge de una flotación del peso ante el dólar a pesar de las intermitentes intervenciones de los bancos oficiales en el mercado de cambios para "administrar" al tipo de cambio. Ante la persistencia y la agudización de los desequilibrios entre oferta y demanda de dólares por razones económicas y financieras, la intervención no es efectiva pues en definitiva se "alivia" la baja del dólar a un costo significativamente alto, el de la compensación que se debe pagar para extraer del mercado la moneda local excedente que genera la compra oficial de divisas. En otras palabras, las reservas que "gana" el BCU no son propias ya que eventualmente, pueden ser "reclamadas" por quienes las han vendido, entregando los fondos en pesos que se usaron para la compra de los pasivos monetarios -letras de regulación monetaria- que emite el BCU.
Recientemente, en declaraciones al pasar, desde el ámbito oficial de la autoridad monetaria, se ha admitido al público lo que se había venido negando: que la flotación es administrada. Ello significa que el tipo de cambio es una variable de política y no una variable cuyo valor es determinado por el mercado. Se trata de una política que retarda el ajuste natural que opera en el mercado ante el "juego" de la oferta y de la demanda y que, como distorsión a ese funcionamiento natural, envía malas señales a los agentes económicos y financieros.
Los ejemplos narrados cubren entonces esa diversidad de interpretaciones para un mismo concepto que comentáramos al comienzo. Además, demuestran la distancia que existe entre lo deseado por las autoridades y lo que realmente ocurre y, finalmente, muestran el reconocimiento de algo que ha sido negado durante mucho tiempo.