Qué pasó en el sector pesquero

JULIO PREVE FOLLE

El año pasado una misión de la Unión Europea (UE) visitó el país y, como resultado de su trabajo inspectivo, la mayoría de las empresas exportadoras perdió su habilitación. El tema es grave no sólo por la importancia de la UE como mercado de destino, sino por el efecto dominó que podría suscitarse en otros mercados al caer la aprobación de uno de ellos, muy exigente. Uruguay exporta por valor de 200 millones de dólares anuales, lo que determina que el asunto no es trivial.

LOS HECHOS. En noviembre de 2007, la Comisión de Inocuidad de Alimentos y Defensa de los Consumidores de la UE realizó una visita a cuatro establecimientos industriales y a tres buques pesqueros, resolviendo la inhabilitación de los mismos para la exportación a aquel destino. Es decir que no inhabilitó al país sino a determinadas plantas y buques. En base a la confianza construida por muchos años y en particular en la industria cárnica, se dio a continuación una situación que se considera peculiar, que es parte de un activo alcanzado a lo largo de otras administraciones en su relacionamiento con la autoridad europea. En efecto, la inspección le pidió al MGAP que continuara realizando inspecciones en todo el parque industrial de acuerdo al protocolo actual europeo. Y acto seguido el MGAP llevó a la práctica una muy buena acción: inspeccionó veinticuatro establecimientos entre plantas y buques y los inhabilitó a todos. Si la selección de estos establecimientos se hizo al azar, ya que hay once de ellos que continúan exportando, no puedo menos que destacar favorablemente lo actuado por la Dinara, su rápida reacción en su papel de garante del cumplimiento de los protocolos de los compradores. Su actuación diligente y severa ha sido acompañada según parece de otras gestiones destinadas al rápido restablecimiento de las habilitaciones, que las autoridades esperan ocurra en un mes, y ojalá sea así. Pero no obstante lo anterior, que da cuenta de una reacción oficial favorable, resulta insoslayable analizar responsabilidades.

RESPONSABILIDAD. El MGAP ha ensayado muchos argumentos para zafar la pata del lazo respecto de su responsabilidad en el tema. Ha señalado por ejemplo y con razón, que esta misión hacía once años que no venía, lo que puede explicar algún afloje en los controles, y sobre todo que existe un deterioro muy grande en todo el complejo que viene de muy lejos en el tiempo. Y en todo ello tiene razón. El deterioro es grande, no es fácil aplicar sanciones draconianas, y la UE aplica reglamentaciones de creciente exigencia, las que no obstante en este caso eran conocidas públicamente desde enero del 2006 y según algunos desde aún antes. Lo que ocurre es que no se debe confundir causalidad con responsabilidad. El MGAP no es causante por desidia o por tibieza de los males de la industria pesquera, de los que en primer término con seguridad lo es la propia industria, que por alguna razón resuelve no ponerse en línea con las reglamentaciones. Pero por supuesto sí que tiene responsabilidad, y ha hecho muy bien el parlamento en llamar a las autoridades, por ahora sólo a explicar. Dice Jean-Francois Revel en su extraordinario libro "El Estado megalómano", escrito cuando el advenimiento de Francois Mitterrand al gobierno de Francia, que para los socialistas cuando el capitalismo fracasa es culpa del capitalismo; pero cuando el socialismo fracasa también la culpa la tiene el capitalismo. Algo de este modo de razonar se recoge en las autoridades actuales, hasta cuando no pueden recoger la basura y la culpa la tiene el neoliberalismo, como afirmó un dirigente.

Hay pues y por supuesto responsabilidad técnica y política en no haber aplicado reglamentos conocidos, en no haber sancionado lo necesario, y habrá responsabilidad en las pérdidas económicas si, analizados los resultados de toda la gestión oficial, estas pérdidas finalmente ocurren. También recuerda Rével en ese libro que para el socialismo, juzgar al gobierno por sus resultados económicos es reaccionario. Algo de eso hay en el pensamiento del MEF cuando se niega al balance del gasto público en clave de asignación eficiente de recursos. En efecto, explicó en su momento el ministro Astori, que para analizar el comportamiento oficial en el gasto había que tener presente que el gobierno estaba sirviendo a un compromiso ideológico, su compromiso con los débiles, que para el gobierno se atiende gastando más, lo que es un disparate. Aún así, en este caso de la pesca, estaremos atentos a los resultados, aunque pueda parecer reaccionario.

SUBSIDIARIEDAD. Es éste un caso que me permite además recordar algo que con frecuencia se olvida. No es el Estado el responsable directo, inmediato y total de la situación sanitaria del país. No existe una suerte de soberanía sanitaria, de patrimonio sanitario nacional. Esto es un disparate. Lo que existen son obligaciones de los ciudadanos, y sólo cuando su desatención perjudica a otros se justifica la intervención en subsidio del Estado: pero esto ocurre para la aftosa, el cancro y pocos casos más. En cuanto a todo el sistema de habilitaciones y controles, el mismo sólo es deber del Estado cuando el comprador así lo exige. Pero también se trata de una intervención en subsidio, que deriva de un pedido de parte que bien podría cumplirse con otras instituciones y no sólo con funcionarios públicos. Empresas auditoras internacionales de diverso tipo podrían generar igualmente o aún mejor las condiciones requeridas. Esto no hay que olvidarlo porque de lo contrario, si se cree que el Estado está para proteger patrimonios y no simplemente para atender demandas de compradores, si no se entiende esto los ministerios se pasan armando regulaciones que nadie les pide, de lo que tengo abundantísima experiencia. Esta responsabilidad en subsidio no significa que sea menor, o que pueda implicar una mayor tolerancia por el incumplimiento.

LA MARCA PAÍS. La forma como se usa este concepto de "marca país" tampoco me gusta. Se trata de la construcción de la imagen nacional a partir de la centralización de decisiones estatales de control de calidad o de cumplimiento de reglas internacionales. Eso no es la imagen de país, que tiene que ver un poco con sus mecanismos oficiales de control, pero mucho más con el modo de cumplir los contratos por parte de los privados. Algún país cercano con fama de incumplidor y engañador, no la tiene desde que no paga su deuda externa, sino desde que sus ciudadanos se hacen fama de no cumplir, de no hacer las cosas bien, de ser a veces poco honrados. La calidad suiza no es de alguna de sus instituciones en concreto sino de un modo suizo de funcionar toda la sociedad incluidas sus instituciones. Y esto tiene mucho más que ver con los valores que se premian por la mayoría de la gente, que con el modo de funcionar los controles estatales, que como mucho son la expresión de un modo de ser del país. Tiene más que ver con la imagen uruguaya, incluso para lo comercial, la de un diputado agraviando a la Suprema Corte, que un sistema de controles sanitarios funcionado bien o sin coimas.

En definitiva, es evidente que el MGAP no es causante sino responsable de todo lo ocurrido, además de los empresarios. Y que el resultado de sus rápidas y acertadas reacciones será el modo de juzgar su accionar en todo este tiempo. Por el bien del país y de aquella imagen de seriedad de sus servicios oficiales, cuidadosamente construida en tanto tiempo.

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