Es posible que el gobierno argentino continúe sosteniendo por un tiempo un tipo de cambio nominal en 3,10 pesos por dólar, lo cual significa un esfuerzo fiscal porque el gobierno tiene que adquirir los dólares excedentarios del balance comercial. Esa política tiene sus costos dado que dicho superávit se compró con deuda en pesos mediante Letras y Notas del Banco Central, que conllevan una tasa de interés, afirmó el Lic. Abel Viglione, economista de FIEL y director de la calificadora de riesgo Evaluadora S.A. A continuación se publica un resumen de la entrevista concedida a ECONOMIA & MERCADO.
-¿Está en peligro la actual fase de alto crecimiento global debido a la crisis de los mercados financieros internacionales?
-Existe una posibilidad de reducción, e incluso estancamiento, de la fase de crecimiento del producto y el comercio internacional. Hasta hace sesenta días, el debate se refería al aterrizaje duro o suave de la economía de Estados Unidos, la previsión de una desaceleración o recesión muy corta en ese país y la teoría del "desacople". Hoy sólo queda en discusión el desacople, es decir si la actividad económica del resto del mundo puede compensar una recesión de la economía estadounidense, que representa el 25% del PIB mundial y tiene una alta propensión a consumir.
-¿No estamos llegando al techo de la crisis originada en los préstamos hipotecarios subprime, que ha impactado seriamente al mercado de crédito y la liquidez de los bancos?
-Aún falta por ver el comportamiento de las aseguradoras y, por último, digerir el costo de esta crisis, que de por sí no será nada bajo. En el fondo, todo es un problema fiscal estadounidense. Como hasta ahora sólo se ha visto la parte crítica correspondiente a la política monetaria, todavía deberá pasar mucha agua bajo los puentes.
-Frente a ese panorama, ¿es factible que la actividad económica argentina siga creciendo al mismo ritmo de años anteriores?
-No creo que la economía argentina esté blindada a los impactos negativos externos. En algo la crisis le va a afectar. No obstante, Argentina se librará del efecto adverso que en el corto plazo significará la menor disponibilidad de financiamiento externo para los países en vías de desarrollo. Eso se debe a que no puede acceder al mercado de capitales internacionales en la actualidad, dado que no terminó aún con la refinanciación de su deuda externa.
-¿Se mantendrán los actuales precios de los commodities?
-En el largo plazo, deberían descender y, por tanto, todos los países de la región enfrentarían una caída del valor de sus exportaciones medida en dólares. Una parte de esa reducción será producto de la progresiva revaluación del dólar respecto al euro. Si se produce ese fenómeno solamente, bienvenido sea. Si se reduce la tasa de crecimiento del comercio mundial porque no aparece un país que pueda sustituir la caída de la economía norteamericana, los precios de los commodities descenderán más. En ese caso, Argentina enfrentará una reducción en el valor de sus exportaciones y, simultáneamente, tendrá una tasa de crecimiento más baja que el nivel promedio de 8.5% anual de estos últimos cuatro años.
-Si se revierte el actual ciclo de bonanza para los commodities, ¿cree que Argentina será inmune a la enfermedad holandesa?
-La economía argentina no sufre de la denominada enfermedad holandesa, es decir una concentración de la exportación en un único producto, pese a tener una dependencia considerable de la exportación de semillas oleaginosas, principalmente soja. Las ventas al exterior están bastante diversificadas, pero no son inmunes a una reversión del ciclo de precios internacionales. De acuerdo con el Índice de Precios de las Materia Primas, en dólares, que confecciona el Banco Central de la República Argentina (BCRA), el nivel mejoró un 159% entre abril de 2003 y febrero de 2008, lo que constituye un aumento nada despreciable. Una eventual caída de los precios internacionales del 30%-40% reducirá el monto de las exportaciones -estimadas en US$ 67.000 millones para este año- y afectará la recaudación impositiva por menores ingresos de las retenciones. Además, tendrá un efecto directo sobre el consumo y la inversión dado que los productores dejarían de percibir fondos y, por tanto, habría una contracción de sus gastos en el mercado interno.
Tendencias
-¿Cuál es la tendencia de la inflación en Argentina?
-En 2008 la tasa de inflación, medida por precios al consumidor, se situará entre 8% y 9%, nivel muy similar al del año pasado que fue de 8,5%. Pero esa será la "inflación oficial", es decir el IPC que mide el gobierno a través del Instituto de Estadísticas y Censo (Indec). Las estimaciones privadas señalan que en 2007 los precios subieron entre 18% y 20%. Asimismo, reportan que la tendencia inflacionaria se aceleró durante los primeros dos meses del presente año, alcanzando una tasa anual del 22% a febrero de 2008. Esto estaría indicando una inflación estimada de 25%-30% para el presente año. Incluso, la Encuesta de Expectativas de Inflación de marzo de 2008 realizada por la Universidad Torcuato Di Tella indica que la población espera una tasa de inflación del 27% para los próximos doce meses.
-¿Cómo prevé la evolución de las cuentas públicas este año?
-Por primera vez en más de seis décadas, el gobierno central obtuvo cuentas superavitarias por más de cinco años seguidos. Esto, que es inédito, le ha permitido "no volar por el aire" en los últimos tiempos. Por supuesto, el superávit ha venido decreciendo, pero ha sido lo suficientemente grande para atender el servicio de la deuda reestructurada en 2004. Hoy la discusión se centra en si es necesario subir el superávit al 4% del PIB para contener la exorbitante tasa de crecimiento del gasto y disponer de fondos para adquirir reservas o si se continúa con la política expansiva del gasto público como viene ocurriendo desde 2002. Esta discusión no es superflua; es crucial. Depende de quién triunfe para saber cuál será el patrón de los próximos años en mi país.
-¿Será suficiente el actual nivel de retenciones a las exportaciones de commodities para financiar el mayor gasto del Estado?
-Las retenciones a las exportaciones de commodities, junto al impuesto a las transacciones financieras son los dos impuestos más distorsivos, pero reportan cerca de 4% del PIB, cifra para nada despreciable y algo menor al superávit primario del gobierno central. Aunque hoy su recaudación parece resultar suficiente, sus tasas podrían volver a ser incrementadas, como ya aconteció en noviembre del 2007 y marzo del 2008, si aumenta la voracidad fiscal. Sin embargo, eso dependerá de que los precios internacionales continúen al alza, lo cual es poco probable.
Paro del agro
-¿En qué podría desembocar el actual conflicto del agro?
-Es la primera vez en décadas que las cuatro asociaciones empresarias rurales concuerdan en algo. Pero, además, se plantea un problema similar a lo que sucede con los sindicatos de trabajadores, e incluso con los ambientalistas de Gualeguaychú, donde las "bases" van más allá de los reclamos de sus dirigentes. En el campo ha ocurrido lo mismo: quienes cortan las rutas no son sólo los agricultores, sino que se han sumado los tamberos, los productores pecuarios, etc. Por lo tanto, el paro se ha convertido en un fuerte cuestionamiento a la política agropecuaria del gobierno central. No sé como va a terminar, pero es claro que en algún momento algún funcionario nacional será el "fusible" que saltará por esta discordia.
-¿Considera justa esa posición extrema de los productores teniendo en cuenta que se están beneficiando de un tipo de cambio que mantiene un dólar sobrevaluado?
-Todos los sectores productores de transables se están beneficiando por un tipo de cambio real alto vigente desde 2002. Esa paridad cambiaria no fue un pedido del sector agropecuario, sino una demanda de la Unión Industrial Argentina (UIA). La política de los combustibles baratos, básicamente el gas oil subsidiado, tampoco es un beneficio específico para el agro. Constituye una política general del gobierno nacional que también es usufructuada por los productores agropecuarios. Estimo que el agro aceptaría un tipo de cambio nominal más bajo que el actual, por ejemplo una apreciación del 15% del peso argentino, pero seguramente lo rechazarían los sectores industriales.
Tipo de cambio
-¿Hace bien el gobierno en esforzarse para sostener un valor alto del dólar?
-Sostener un tipo de cambio nominal significa un esfuerzo fiscal, porque el gobierno tiene que comprar los dólares excedentarios del balance comercial, es decir los que no tienen comprador. Las mayores compras de divisas estadounidenses del superávit comercial de 2006 y 2007 no fueron realizadas con superávit fiscal. Tan sólo el 10% de esas compras fueron cubiertas por el mismo. Se compró el superávit con deuda en pesos mediante Letras y Notas del BCRA que conllevan una tasa de interés. Si bien eso permitió acumular un activo, también generó un pasivo. Por lo tanto, las reservas netas no son US$ 50.000 millones ya que hay un pasivo de US$ 20.000 millones; eso sí, denominado en pesos. En síntesis, la acumulación de reservas con deuda para mantener el tipo de cambio nominal tiene sus costos.
-¿Es sostenible la actual política cambiaria de Argentina que mantiene un dólar sobrevaluado mediante la compra de divisas por parte del Banco Central?
-Puede continuar aplicándose por un tiempo si es posible sostener el tipo de cambio nominal en 3,10 pesos por dólar. Sin embargo, el tipo de cambio real (tipo de cambio nominal dividido el precio de los bienes que no se comercian internacionalmente) viene cayendo desde hace tres años. Cae por la suba del denominador, que es la inflación interna, y no por la caída del numerador, que es el tipo de cambio nominal, como ocurre en Brasil, Chile y Uruguay. Por lo tanto, el tipo de cambio real seguirá depreciándose en Argentina a medida que transcurra el tiempo. De hecho, se espera que el tipo de cambio nominal esté cerca de 3,30 pesos por dólar a fines de 2008. Con los precios internos subiendo más del 20% anual, eso significa una fuerte caída del tipo de cambio real.
Los brasileños compran empresas en sectores poco regulados
-¿Cómo evalúa los actuales niveles de inversión extranjera directa en su país?
-Argentina está fuera del "radar" de las inversiones externas directas. Los datos dados a conocer por Cepal dos meses atrás muestran que la inversión extranjera directa fue baja, aunque el gobierno sostenga que creció un 14% el año pasado porque se parte de un nivel ínfimo. Incluso muchos países latinoamericanos con un PIB menor al de Argentina recibieron inversiones mayores en valores absolutos. Eso muestra que la inversión extranjera en porcentaje del producto no sólo es escasa, sino que, además, la mayor parte corresponde a reinversión de utilidades debido a que el país "sacó sus pies del plato internacional" con el default del año 2002. Si bien Argentina reestructuró su endeudamiento externo dos años atrás, aún queda por arreglar una deuda de US$ 5.800 millones con el Club de París y otra de aproximadamente US$ 20.000 millones con los "hold outs", o sea los bonistas que no aceptaron el canje propuesto durante el gobierno de Néstor Kirchner. Para atraer inversiones será necesario que la actual administración solucione esos dos problemas y, luego, demuestre con hechos que no tiene ideas confiscatorias hacia la inversión extranjera. Sin duda llevará tiempo recuperar la confianza de los empresarios.
-Sin embargo, las empresas brasileñas no cesan de adquirir frigoríficos y otros negocios en Argentina. ¿Qué opina al respecto?
-La revaluación del real permite a los brasileños comprar empresas más baratas en Argentina que en su país. Además, adquieren firmas que no se encuentran dentro del sector regulado, más allá de estar sujetas a algunos controles de precios, tales como cementeras, frigoríficos, hilanderías, calzado, combustibles, etc. Por otra parte, los inversores brasileños saben que los controles de precios y los cupos de exportación, una aberración que solamente existe en Argentina, no se prolongarán infinitamente. Por eso, hoy compran barato lo que tendrían que pagar más caro en el futuro. Cabe destacar que quienes adquieren empresas argentina son capitales brasileños y no europeos o norteamericanos, porque estos no pueden entender las regulaciones y los controles que realizan los países subdesarrollados.
-¿Prevé una radicalización del programa económico que impulsó el ex presidente Néstor Kirchner durante la administración de su esposa?
-El gobierno no radicalizará su programa económico, pero sí seguirá interviniendo en la economía. La presidenta Cristina Kirchner, al igual que su predecesor, no concibe la posibilidad de un menor intervencionismo, tal como ha quedado reflejado en las medidas que ya tomó y en las que se espera que implemente en el futuro. Es imposible cambiar el comportamiento del zorro en el gallinero.
Nivel de precios de los energéticos no podrá mantenerse por mucho tiempo
-¿Qué posibilidades hay de que algunos inversores privados se decidan a explotar nuevos yacimientos de hidrocarburos en Argentina pese a las políticas regulatorias existentes?
-Los productores de petróleo y gas natural en Argentina no se benefician de la suba de los precios internacionales. Las autoridades argentinas decidieron aislar las tarifas locales de la energía del resto del mundo, a fin de que la población disponga de energía barata. Es un esquema similar al del gobierno justicialista de 1973, crisis del petróleo por medio. A partir de agosto de 2004 las exportaciones de petróleo han sido gravadas con retenciones móviles y crecientes, de acuerdo con la evolución del precio internacional. Como la escalada del precio del crudo no se detuvo a fines de 2007, se fijó un valor del crudo para los productores locales -US$ 42 por barril- y el excedente, que hoy duplica con creces a esa cifra, es apropiado por el fisco. En el caso del gas natural, hay una situación similar porque los productores locales reciben un precio de US$ 1,5 por millón de BTU por todo concepto. Esa cifra está muy por debajo de los valores de importación desde Bolivia, que son de US$ 6,2 por millón de BTU, y totalmente disociada de los precios internacionales desde hace más de seis años. Con este panorama son escasísimas las posibilidades de que inversores privados ingresen en el negocio de exploración y explotación de nuevos yacimientos. Las petroleras disponen de alternativas de perforación en distintos países y, en consecuencia, lo harán en donde obtengan mayores ganancias. Y ese no es el caso de Argentina. Localmente, seguirán explotando los viejos yacimientos en producción, generándose una reducción de la extracción con el transcurso de los años.
-¿Prevé algún cambio en la política energética, sobre todo en el control del precio de las tarifas públicas?
- Más allá de algunos aumentos puntuales en tarifas industriales y residenciales de mayor consumo, no veo cambios en la política energética, ni en los precios de los combustibles en el corto plazo. Esos precios no reflejan los problemas de escasez actuales, lo cual no es racional, y no podrán mantenerse por mucho tiempo.
-¿Cuándo llegará la hora de la verdad para este tema?
-Nadie actuará y continuarán las tarifas baratas hasta que se necesite importar derivados del crudo. Pero eso ocurrirá más adelante, probablemente en 2010 o 2011. Cuando llegue ese momento tendremos que hacer frente a los precios internacionales y el ajuste será monumental. Deseo y espero que alguien sensato corrija esos precios antes. De lo contrario, festejaremos el Bicentenario de la Independencia (2010) "volando por los aires".
-¿Como prevé el gobierno contrarrestar un eventual desabastecimiento energético?
-El desabastecimiento energético ya es un hecho en el país. Comenzó en 2005 y se agrava año tras año a medida que la economía sigue creciendo y requiere cada vez más energía, Esta, a su vez, es demandada en forma creciente porque sus precios no reflejen la escasez. En 2008 hubo un corte total de gas natural para el sector industrial y, de repetirse un invierno tan crudo, la restricción sería aún mayor. No creo que ello acontezca, pero quedamos en manos de Dios si se produce un fenómeno climático.
Para contrarrestar la falta de gas natural, el gobierno implementó el programa Energía Total, que no es más ni menos que importar fuel oil y gasoil para abastecer, con precios equivalentes al del gas natural subsidiado, al sector industrial y a las centrales térmicas, cuya generación cubre el 50% del consumo eléctrico del país. Ese subsidio directo, que fue de US$ 700 millones en 2007, seguirá creciendo en la medida que la economía continúe expandiéndose.
Ficha técnica
Abel Viglione, argentino, 53 años, es licenciado en economía de la Universidad Nacional de La Plata. Obtuvo un postgrado en economía en el Cema (Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina). Actualmente es economista de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas) y director de la calificadora de riesgo Evaluadora S.A. Dicta el curso de Ciclos Económicos y de Crecimiento en dos universidades privadas.