Problemas ético-laborales

NÉSTOR GANDELMAN

En las últimas semanas hubo declaraciones muy similares en referencia a la forma en la que los uruguayos desarrollamos nuestra vida laboral. Estas declaraciones han sido hechas desde ámbitos distintos y de allí el interés en ver qué nos dice eso sobre nuestros valores. Sin embargo, hay diferencias en cuanto a la generalidad con la que fueron hechas y hay diferencias en las circunstancias que las detonaron. Esto lleva a que un caso pueda con matices ser compartido y otro caso ser netamente condenable.

PRIMER CASO. Luego de los magros resultados deportivos cosechados bajo la dirección de Gustavo Matosas, el Club Atlético Peñarol salió a la búsqueda de un nuevo cuerpo técnico. Esta búsqueda culminó con una oferta a Mario Saralegui quien estaba dirigiendo la Primera División del Club Atlético Progreso. Si bien desconocemos los detalles, es de imaginar que la oferta económica de Peñarol era superior a lo que el profesional recibía en Progreso. Finalmente, Saralegui se desvinculó de Progreso cuando aún no se había llegado a la mitad del campeonato Clausura. Esto motivó la reacción de la directiva cuyo presidente Gabriel Franco expresó: "Son situaciones que nos sorprenden y nos desconciertan" y que "es poco ético ofrecerle un cargo a un profesional que está dirigiendo a otro equipo".

Según lo que trascendió en la prensa, el Consejo Directivo del Club Atlético Progreso declaró "Rechazamos las formas y procedimientos realizados por instituciones y personas que, determinaron que nuestra institución quedara sin Cuerpo Técnico en Primera División" y señala que la "sociedad toda está viviendo una crisis de valores" que atentan contra "la Moral y la Ética".

SEGUNDO CASO. Una semana antes de estos sucesos, hubo declaraciones de la Ministra de Salud Pública María Julia Muñoz que al menos en apariencia son muy similares. De acuerdo a una información publicada en la página web del MSP en oportunidad del lanzamiento del nuevo Certificado de Vacunación, la ministra se refirió a la falta de pediatras en el país. Comentó asimismo que debido a la entrada en vigencia del Sistema Nacional Integrado de Salud, muchos niños pasaron a ser atendidos por el sector privado. Pero, ¡sorpresa!, según la ministra también se está dando un traspaso "no legítimo" de profesionales del sector público al privado. Más aún, en opinión de la ministra "no resulta ético" tentar a un profesional con un mayor salario para que trabaje en el sector privado.

SIMILITUDES Y DIFERENCIAS. En las dos situaciones de referencia se realizan cuestionamientos éticos a quien ofrece mejores condiciones laborales a un profesional que se encuentra desempeñando sus labores en otra institución. No resulta claro, pero parecería estar implícito además un cuestionamiento al profesional que considera dicha oferta. En el primer caso se refiere a la cabeza técnica de una institución mientras que el segundo se refiere a la generalidad de los profesionales de la salud.

La contratación de un director técnico se realiza generalmente con un horizonte temporal que abarca al menos el próximo torneo. Progreso seguramente entiende que el acuerdo con Saralegui implicaba asumir la responsabilidad de la dirección técnica al menos hasta el fin de la actual competencia. La declaración de sus dirigentes resulta comprensible en la medida que su molestia obedezca al incumplimiento de responsabilidades por parte de su ex director técnico y la inducción de Peñarol a que esto suceda en medio del campeonato.

En el mundo del fútbol son muchos los casos que conocemos de jugadores que solicitan que se estipule una cláusula de rescisión en su contrato en caso de recibir una oferta del exterior. Esta cláusula es la forma en la que los jugadores dicen que están dispuestos a brindar sus servicios al club pero que no se comprometen a terminar la temporada.

A menos que Saralegui tuviera una cláusula similar, la molestia de la dirigencia de Progreso es justificada. Pero no por el ofrecimiento de una mejor remuneración por parte de Peñarol, sino por el incumplimiento del acuerdo laboral.

En cambio, las afirmaciones de la ministra Muñoz son mucho más preocupantes ya que denotan un desconocimiento de los elementos más básicos del funcionamiento de los mercados. El ministro de Salud no debería de ser el médico técnicamente más capaz, sino aquel que pueda articular las políticas públicas del área en beneficio de la población. No hay forma de hacer esto sin entender el funcionamiento de los mercados.

La ministra comenta que una cantidad importante de niños dejó el sector público para comenzar a ser atendido en el sector privado. Asimismo, la ministra reconoce la "falta" de pediatras. En Economía diríamos que los pediatras son un recurso escaso. ¿Cómo piensa la ministra que las instituciones de atención médica del sector privado van a brindar servicios a los niños que antes se atendían en el sector público? La propia ministra al reconocer que estas instituciones tienen que atender a más chicos y que no hay pediatras ociosos nos lleva a la conclusión que lo único que pueden hacer los cuadros gerenciales de las instituciones privadas es intentar contratar profesionales que estén trabajando en otro lugar. En caso de no hacerlo, la calidad del servicio que brindan se verá seriamente afectada. Ahora, si tienen que contratar nuevos profesionales, ¿cómo pretende la ministra que los atraigan?

Pero más allá de la necesidad de las mutualistas de incrementar su personal médico para atender este shock permanente de demanda, los dichos de la ministra suponen una valoración negativa hacia los intentos de superación económica personal. ¿Por qué está mal que un profesional se desempeñe donde es mejor remunerado?

Cada uno tiene derecho a decidir dónde trabajar. Todos conocemos casos de personas que, por las más variadas consideraciones, optan por trabajos de menor remuneración a otros que podrían tener disponibles. Muchos voluntarios brindan su esfuerzo personal, su trabajo, en forma totalmente desinteresada.

Pero esto no quiere decir que aquellos que miramos nuestro bolsillo y procuramos obtener la mejor remuneración posible por nuestro trabajo tengamos un problema ético. Todo lo contrario, el problema ético lo tiene aquel que no respeta la libertad de elección, aquel que no respeta el derecho de todo trabajador de hacer valer su esfuerzo y de pretender que este esfuerzo se transforme en ingresos monetarios que le permitan tener a él y su familia la mejor vida posible. La búsqueda de la superación personal en todas las dimensiones, también en la económica, es la base sobre la que este país puede avanzar. Pretender lo contrario no solo afecta a los profesionales en cuestión sino a la sociedad toda.

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