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¿"Gracias a" o "a pesar de"?

JAVIER DE HAEDO

El discurso del presidente Vázquez en Paso de los Toros, realizado el lunes 10 de marzo tras la reunión del itinerante Consejo de Ministros, me lleva a plantearme la pregunta del título. ¿Estamos como estamos hoy, gracias al Gobierno, como dice el Presidente, o a pesar del Gobierno, como dice el Presidente que piensa la oposición?

En primer lugar, ¿cómo estamos hoy? En términos generales, la macro anda de bien para arriba y eso da lugar a que se reduzcan las vulnerabilidades que nos dejó la crisis, tanto las sociales como las fiscales y financieras. La economía crece a tasas mayores a las históricas, suben el empleo y el salario real, bajan la pobreza y la indigencia, la inflación permanece en un dígito, el resultado fiscal gira en torno al equilibrio, la deuda pública neta cae como proporción del producto, hay una significativa inversión extranjera directa (IED) y el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos tiene una magnitud que no denota problemas y que en parte es explicado por la propia IED.

Pero también hay aspectos negativos. La inflación tiende a subir y que no basta con una política monetaria que ha cambiado de instrumento en reiteración real (y que ninguno ha terminado de convencer) para que vuelva al trillo sin producir daños colaterales: se observa un firme deterioro de la competitividad, que ya se encuentra por debajo del promedio histórico, especialmente con fuera de la región, que requeriría un dólar a $ 25 para estar en aquel promedio. Y las exportaciones de bienes, no en valor sino en volumen, se han desacelerado considerablemente, subiendo menos de 5% en el año finalizado en febrero comparado con los doce meses anteriores, considerando las cifras corregidas por el índice de precios de las exportaciones que elabora la CIU. A todo esto, y a pesar de que la economía crece más de lo previsto cuando se hizo el Presupuesto y de que se pagan menos intereses de los entonces programados, el resultado fiscal es el que se previó en 2005, por lo que el gasto primario crece y mucho.

Se podría entrar a evaluar si los resultados positivos son suficientes o escasos, pero esto implicaría entrar en un terreno subjetivo y por lo tanto discutible: por ejemplo, admitir que el salario real subió, pero señalar que podría haber subido más. Seguramente en filas de la propia izquierda se pueda encontrar una lista frondosa en este sentido, producida por quienes critican al Gobierno por mantener lineamientos de política de sus antecesores que, paradójicamente, ayudan a explicar los buenos resultados obtenidos ahora.

En cambio, sí se debe tener en cuenta el contexto exógeno en el cual se dio la política económica, ya que ese contexto puede explicar de un modo significativo los resultados alcanzados. ¿Acaso alguien puede dudar que el pésimo contexto externo que enfrentó el Presidente Batlle explica de modo determinante los resultados de su gobierno?

Todo lo contrario ha ocurrido en el presente período e, igualmente, contribuye a explicar el desempeño observado, en este caso para bien. Porque, al menos hasta ahora, el contexto externo ha sido tremendamente favorable al Uruguay. Salvo por el precio del petróleo, ha sido extraordinario. Y a esta altura, no se puede poner en el debe del balance a Argentina, ya que considerada en su conjunto, la economía y especialmente la política argentina nos han dado una buena mano: los cortes de los puentes son un mal menor comparados con todo lo bueno que nos mandó, a pesar suyo, por las pésimas políticas que ha llevado adelante, expulsando productores que vinieron a trabajar acá y cerrando sus exportaciones a mercados que nosotros aprovechamos a abastecer. Situación que se acentuó antes de Semana Santa con nuevas subas de las detracciones a los oleaginosos. Todo nos ha venido bien: el empuje de China, India y Asia en general, los precios de nuestra producción en las nubes, el dólar débil en el mundo, Brasil estable y caro, las tasas de interés bajas. Yendo a los números, bastaría con señalar que el Gobierno esperaba que el PIB creciera 20% en los cinco años y su última estimación eleva esa tasa al 34%.

No es poca cosa haber aprovechado bien la excelente circunstancia externa, ya que no había sido lo habitual en nuestra historia económica, muy poblada de oportunidades perdidas y daños auto infligidos. Por ejemplo, a mediados del siglo pasado nos cerramos y perdimos las oportunidades de crecer que nos daba el mundo.

Pero, ¿alcanza con eso? Es decir, la pregunta del título sigue siendo relevante. Ciertamente, no es fácil contestarla, dado que implicaría hacer una comparación que no se puede verificar: la realidad tal como ha transcurrido, versus lo que hubiera ocurrido si determinadas políticas que se siguieron y que seguramente han jugado en contra, no se hubieran realizado.

Y entre esas políticas, y también mensajes y señales al inversor, ubico mucho de lo que se ha hablado y se ha hecho en materia laboral, en materia de imponer restricciones a la propiedad de la tierra, en materia de regulaciones en el sector agropecuario y, last but not least, en materia de inserción internacional. A pesar del discurso y las políticas del MEF, amigables a los mercados y las inversiones. Pero el Gobierno no es sólo el MEF.

Bien se puede decir que aquí y ahora se da aquello del "lucro cesante", es decir lo que dejamos de ganar por los errores y las omisiones en que se incurrió. En el corto plazo el "daño emergente" no es obvio, no se ve, pero a la larga queda el lucro cesante como perjuicio. Es lo que tienen los errores en la microeconomía, en el corto plazo pasan inadvertidos pero en el largo plazo surten efecto. Los errores en la macro, en cambio, se pagan más temprano.

La prueba de que los buenos resultados macro no son necesariamente consecuencia de las políticas que se llevan adelante está precisamente en Argentina. En 2005-2007, Argentina creció 29%, varios puntos más que Uruguay (22%). ¿Significa acaso esto que allá hicieron mejor las cosas que acá? Para nada, es notorio que en Argentina se han venido acumulando desequilibrios que se buscan ocultar llegándose al extremo de tergiversar las estadísticas públicas. Pero ellos, además de verse beneficiados por los precios de las mismas materias primas que nosotros, tienen al petróleo del otro lado del balance, por lo que les suma en vez de restarles, como sucede acá. Nuestros precios de exportación, según la CIU, subieron 62% entre enero de 2003 y enero de 2008. Allá, según el BCRA, los precios de las materias primas de exportación subieron 128% en el mismo período. Los conceptos no son exactamente comparables, pero la diferencia entre las magnitudes es enorme. Quienes venimos pronosticando que Argentina explotará no le erramos al concepto sino al supuesto de escenario externo, que es cada vez mejor y le estira la carretera que la conduce al precipicio.

Esta situación en materia de precios de exportación, más la generosidad argentina de exportarnos sus productores, más el hecho de que la globalización llegó, finalmente, a estas costas, más el hecho de que nuestros activos y nuestras empresas estaban (y aún están) a precio de oferta, contribuye a explicar gran parte de las inversiones y en particular de la IED. A pesar de los goles en contra que nos podamos hacer, mientras no sean demasiados.

El shock externo positivo que hemos estado recibiendo es tan grande y contribuye a explicar tanto de lo bueno que nos ha estado pasando, que eclipsa las malas señales que se emiten y las malas políticas que se están llevando adelante. Pero no las eliminan, ni a sus efectos, que a la larga se producirán y contribuirán a disminuir la tasa de crecimiento de tendencia, de largo plazo.

Entonces, y para responder con claridad la pregunta del título, digo que la respuesta es doble. Estamos bien como estamos gracias al Gobierno, por aprovechar la oportunidad que nos da el mundo, a diferencia de lo que ocurrió muchas veces en el pasado y por aplicar políticas razonables, pero opuestas a las que siempre pregonaron cuando estaban en la oposición y a las que siguen pregonando quienes desde dentro del Gobierno son oposición a su política económica. Pero también estamos bien a pesar del Gobierno, que al mismo tiempo que políticas macro razonables, impulsa y aplica, como si se tratara de dos gobiernos, políticas sectoriales, laborales y de inserción internacional que juegan en contra o como freno para un mejor futuro.



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