Dos frascos de garbanzos, veinte barras de jabón, tres paquetes de cigarros y seis sachets de champú, todo esto y más hay a la venta en una tienda de pueblo a cinco horas de la ciudad india de Hyderabad. Es el más magro de los inventarios, y sin embargo en él descansan grandes esperanzas. Combinado con un negocio de chatarra, la tienda es suficiente para elevar a sus propietarios a las filas de la mítica clase media india. Ellos y sus camaradas en América Latina, África y la emergente Asia pertenecen a un grupo demográfico vago que nadie puede definir con precisión, pero que todos están de acuerdo que es vital para la estabilidad y prosperidad del mundo en desarrollo.
"Las virtudes de una clase media son aquellas que conducen a hacerse rico, integridad, economía y emprendimiento", observó John Stuart Mill luego de la revolución industrial. ¿Comparten las nuevas clases medias estas virtudes? En un trabajo reciente (*) Abhijit Banerjee y Esther Duflo, dos economistas del Massachusetts Institute of Technology, han intentado descubrirlo. Junto con visitas a tiendas de pueblo en las afueras de Hyderabad, se basaron en encuestas de hogares de trece países en vías de desarrollo, desde Méjico y Panamá hasta Tanzania, Sudáfrica y Timor del Este. El resultado es una secuela de su retrato en 2006 de las vidas de aquellos que viven con aproximadamente un dólar por día.
Los dos autores definen a la clase media como aquellos que gastan por día entre dos y diez dólares medidos con el poder de paridad de compra de 1993. En otras palabras, los que tienen más o menos el mismo acceso a bienes y servicios que los estadounidenses que gastan anualmente entre 1.050 y 5.200 dólares de hoy. Si esto parece un estándar muy austero, debe tenerse en cuenta que el 88% de los indios rurales en sus encuestas vivían con menos de esto, y que los británicos de clase media que se ganaron el elogio de Stuart Mill no ganaban mucho más.
¿Tienen las clases medias de las economías emergentes las virtudes que Stuart Mill elogiaba? Las encuestas mostraron que al igual que los burgueses de todas partes, invierten en su salud y en sus hogares. Casi todos también tienen una televisión, y la proporción de su gasto que se dedica a entretenimiento crece sistemáticamente con el ingreso. Ser de clase media es permitirse más libremente el confort. Para los más pobres, por el contrario, hasta tomar té es una extravagancia derrochadora.
¿Y qué sobre los emprendimientos? ¿Arde el espíritu del capitalismo en las nuevas clases medias? Usualmente son descriptos como "emprendedores en espera", señalan los autores, prontos para transformar sus vidas y sus economías si solamente pudieran contar con un título de propiedad seguro y capital para financiar sus negocios. "Es asombroso cuán extendida está la visión de que los pobres están sentados en la cúspide de una gran oportunidad para hacerse ricos, actualmente es casi un axioma", dice Banerjee.
ADAM SMITH LO DIJO. De hecho, las clases medias urbanas tienen tantas chances de tener un negocio como los pobres (en el medio rural, el patrón es mixto). E incluso cuando tienen uno, sus corazones no están realmente en él. Sus emprendimientos son en general pequeñas empresas unipersonales que hacen prácticamente lo mismo que hacen sus vecinos. En Hyderabad y sus alrededores, el 21% de la clase media tiene tiendas de ramos generales, 17% sastrerías, 8,5% cabinas telefónicas y el 8% vende frutas y verduras. Otros revuelven la basura para encontrar objetos de valor, venden leche o recogen estiércol. Los negocios arrojan una ganancia modesta, pero sólo si el valor del tiempo del propietario no es tomado en cuenta.
Los negocios tienen escaso capital. El pobrísimo inventario que los autores descubrieron en la tienda del pueblo afuera de Hyderabad es solamente un ejemplo. Pocos negocios tienen maquinaria, o aún una bicicleta. Los dos economistas citan un experimento, financiado por el Banco Mundial, que otorgó al azar entre 100 y 200 dólares de capital extra a negocios pequeños en Sri Lanka. El retorno anualizado del dinero fue un impresionante 94% en promedio.
Si los negocios están tan hambrientos de capital, ¿por qué las clases medias no invierten más en ellos? Endeudarse, como los proponentes de microcréditos señalan, es caro. Pero no hay nada que impida a los hogares acumular capital con el ahorro. Después de todo, postergan su satisfacción para "invertir" en sus hogares y televisores, ¿entonces por qué no en sus emprendimientos?
Los autores especulan que la nueva clase media no es un grupo de pequeños comerciantes que aspiran a ser una burguesía. Son, en cambio, aspirantes a asalariados. Ser de clase media es recibir un ingreso semanal o mensual, más que diario o por hora. A una hora de Udaipur, otra ciudad india, los autores detectaron hogares bien instalados con motocicletas en el jardín y niños en uniformes escolares almidonados. Como era de esperar, una fábrica funcionaba cerca.
Para aquellos que no pueden conseguir esos trabajos normales, un negocio pequeño es la siguiente mejor opción. Son muchas horas, pero no muy intensas. El propietario de la tienda en las afueras de Hyderabad conversó alegremente con el par de inquisitivos economistas durante dos horas. Solamente dos compradores aparecieron en ese tiempo. Uno compró un cigarrillo, el otro un palito de incienso.
Ese segmento de la clase media puede no tener la iniciativa de expandir su negocio, o quizás saben algo sobre sus perspectivas que aquellos que los alientan desconocen. Sus negocios podrían beneficiarse con un poco más de capital: algunos frascos extras de garbanzos o palitos de incienso. Pero una vez que esos negocios alcanzan un cierto tamaño, dicen los autores, los retornos a escala disminuyen rápidamente. Un pueblo puede soportar varias tiendas idénticas, pero no si se agrandan mucho.
Adam Smith, quien describió a Gran Bretaña como una nación de comerciantes, tenía un claro sentido de lo que podía esperarse de la clase media. El hombre prudente, escribió, "no va en busca de nuevos emprendimientos y aventuras, que pueden poner en peligro, pero pueden no aumentar, la tranquilidad segura que disfrutan actualmente". ¿Alguien quiere una taza de té?