Lula crea sector gubernamental de una dimensión desmesurada

| En promedio ha añadido 3.000 empleados públicos a la nómina federal por mes y el reloj de la contratación no se detendrá a corto plazo

ALEXANDRE MARINIS | BLOOMBERG

Tantas cosas han ido bien en Brasil durante el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Sí, Lula ha mantenido una sólida política económica. Sí, Brasil ha logrado crecimiento económico más rápido. Sí, la inflación está baja, las reservas internacionales altas y la deuda está bajo control. Sí, sí y sí.

Eso vuelve más desconcertante aún el hecho de que Lula siga decidido a expandir el sector gubernamental, medida que contradice lo mucho que ha logrado durante sus cinco años en el cargo.

Cuando los altos costos de la desmesura gubernamental empiecen a materializarse, el presidente en el poder, quienquiera que sea, tendrá que pagar por ello con un aumento ya sea de la inflación, la deuda o los impuestos, o las tres cosas. Eso pone en riesgo el crecimiento del Brasil.

Lula reforzó los planes de nuevos empleos gubernamentales en una reciente entrevista con el diario O Globo, cuando respaldó la opinión de que el gobierno central brasileño está "raquítico" o desnutrido. Tal concepto fue planteado por primera vez por el economista Marcio Pochmann, que recientemente fue designado presidente del IPEA (Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada), una organización de investigaciones que depende de la Secretaría de Planeamiento a Largo Plazo.

Pochmann ha promovido un plan del gobierno para contratar más empleados públicos y aumentar el gasto, mientras tilda a sus críticos de "ortodoxos".

En noviembre, cuatro economistas que sostenían opiniones ortodoxas sobre la necesidad de recortar el gasto gubernamental y reformar la seguridad social fueron despedidos de IPEA y enviados de vuelta al lugar de donde vinieron o directamente a retiro.

Pero ¿se ha dejado convencer Lula por Pochmann? ¿O ha manifestado Pochmann ideas económicas que Lula siempre compartió pero que mantuvo en secreto por conveniencia? Probablemente lo último.

CONTRATACIÓN FRENÉTICA. Bajo Lula, el número de empleados públicos civiles y militares en la rama ejecutiva federal subió 24 por ciento, de 810.000 en 2002 a un millón en 2007.

En promedio, Lula ha añadido 3.000 empleados públicos a la nómina federal por mes. Y a juzgar por sus últimas declaraciones, el reloj de la contratación no se detendrá en el futuro cercano.

Es más, Lula ha barrido con los esfuerzos de gobiernos previos para achicar y tornar más productiva la fuerza laboral federal. Desde 2003, Lula ha contratado cinco veces más trabajadores que el ex presidente Fernando Henrique Cardoso durante los dos períodos de este en el cargo.

Como la mayoría de los empleados públicos brasileños son fijos, el principal instrumento para reducir la nómina es eliminar la posición dejada vacante por un trabajador que se retira. Pero este proceso es tan gradual que se necesitaron 10 años y tres presidentes anteriores a Lula para reducir la plantilla federal en 188.000 puestos de trabajo.

INGRESO DESIGUAL. Lula tal vez no tenga consciencia de que contratar empleados públicos a ese ritmo frenético podría en realidad entorpecer la distribución del ingreso en uno de los países con mayores desigualdades del mundo.

En promedio, un empleado público federal en Brasil gana cuatro veces más que un trabajador del sector privado. Hace diez años, un empleado público ganaba solo dos veces más que un trabajador privado.

Para hacer las cosas aún más desparejas, la brecha entre el ingreso de los trabajadores públicos y privados se amplía después del retiro. La pensión promedio en la rama ejecutiva federal es siete veces mayor que la del sector privado. En las ramas legislativa y judicial, es veintidós veces mayor.

Mientras el programa social más importante del Brasil, la Bolsa Familia, ayuda a 40 millones de los ciudadanos más pobres y cuesta 9.000 millones de reales (US$ 5.300 millones) al año, el generoso sistema de retiro de los empleados del gobierno federal produce un déficit anual de 35.000 millones de reales y beneficia a solo un millón de retirados.

GOBIERNO DESMESURADO. La preferencia de Lula por un gobierno desmesurado no se limita a contratar una multitud de empleados públicos bien pagados. También se extiende a otras áreas del gobierno.

La participación de compañías controladas por el gobierno federal en la economía brasileña se ha disparado en los últimos años.

La empresa estatal Petróleo Brasileiro SA, o Petrobras, ya representa más de 20 por ciento de la capitalización de mercado del Índice Bovespa, el referente de la Bolsa de Sao Paulo.

Bndes, el banco nacional de desarrollo, es responsable de más de 17 por ciento de todos los préstamos en circulación del país.

En solo cinco años, el gobierno federal aumentó su participación en la industria petroquímica de 46 por ciento en 2002 a 63 por ciento en 2007, según la revista Veja.

En el mismo período, la cuota gubernamental en las plantas termoeléctricas subió de 11 por ciento a 44 por ciento y en las compañías de distribución de combustible, de 24 por ciento a 32 por ciento.

CRECIMIENTO EN RIESGO. El resultado es que el gobierno brasileño crece más rápido que la economía, lo que no suele ser un buen indicio. El gobierno ya consume 20 por ciento del producto interno bruto del Brasil. Esta cantidad supera la mediana de 13 por ciento que calculé para los mercados emergentes usando datos compilados por las Naciones Unidas.

Durante el llamado milagro económico de 1968 a 1973, la economía brasileña creció a una tasa promedio anual de 11 por ciento, similar al ritmo de crecimiento de China hoy. Desde entonces, el tamaño del gobierno brasileño se ha duplicado y, previsiblemente, el crecimiento económico se desaceleró a un tercio del avance de los años del "milagro".

Lula merece elogios por poner la redistribución del ingreso en la agenda económica del país. Promover el gigantismo gubernamental y dejarles la factura a futuras generaciones podría obstaculizar el crecimiento y terminar siendo una enorme mancha negra en un historial por lo demás sorprendente.

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