Próxima ronda deberá ser más flexible

| Las diferencias en las condiciones de demanda, precios relativos y en la realidad sectorial, exigen que futuros convenios sean a nivel de empresas

HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Se está agotando el tiempo de las subas generalizadas en el salario real. Desde la salida de la crisis hasta el año pasado, se pudieron pautar incrementos reales de referencia, que operaron con relativa facilidad como un piso para toda la economía. Este nivel mínimo de aumento real pudo ser respetado por prácticamente todos los sectores de actividad y todas las empresas. Los indicadores de coyuntura empiezan a dar señal que esto ya no será posible sin pagar consecuencias muy caras en materia de nivel de actividad y empleo.

En efecto, la recuperación de la economía luego de la crisis permitió la fijación de pautas por parte del gobierno para asegurar determinados resultados en la disputa distributiva entre trabajadores y empresarios. También fue posible la estrategia de los sindicatos tendiente a centralizar los reclamos y de los empresarios a negociar en forma conjunta. Los criterios generales que se fijaron se pudieron cumplir porque la economía en términos generales tenía por delante una recuperación que aseguraba el incremento en el salario real. El piso real no operó prácticamente nunca como limitante ya que el incremento real que se tenía que dar fue superior. Los anuncios a su vez fueron incorporando grados mayores de flexibilidad.

Para la próxima ronda de negociación salarial esto parece que no podrá ser posible. En primer término, ya se alcanzó la recuperación que se debía dar en forma generalizada y hay sectores que enfrentan dificultades para crecer. Segundo, se procesó en el último año un fuerte cambio de precios relativos que hace que sectores y empresas se encuentren en situaciones muy distintas. Tercero, la incertidumbre sobre el futuro nivel de actividad también muestra diferencias sustanciales entre sectores de actividad y en algunos casos se puede dar un escenario contractivo.

AUMENTO DE ENERO. El índice medio de salarios registró en enero un incremento del 5,6%, fruto de una variación del 10,5% en el sector público y del 3,1% en el sector privado. La diferencia entre los dos sectores se magnifica porque en el primer caso es prácticamente el único ajuste en el último año, mientras que en el caso de los privados ha habido una corrección salarial cumplidos los seis meses del convenio. Si se toman los aumentos en los doce meses terminados en enero del 2008 se observa que los salarios públicos aumentaron más que los privados, pero la diferencia no es tan sustancial: 14,1% contra 11,9%.

Estos aumentos de salarios comparados con la inflación registrada en la economía permiten tener una idea de la evolución del poder de compra de los salarios. En el Gráfico Nº 1 se observa la variación en períodos de doce meses de estos dos componentes del índice medio de la economía. Se observa cómo en el sector privado ha oscilado en torno al 4,5% de incremento real, mientras que en el sector público, la tasa de crecimiento real tiene una tendencia creciente, con una aceleración desde el 3,5% anual al 5,3%.

Dentro de cada categoría no se observa un aumento parejo. En el caso del sector público el salario líquido promedio de los empleados del gobierno central registró un aumento del 16,1%, mientras que para aquellos que trabajan en las empresas públicas y los gobiernos departamentales los aumentos fueron del 11,0% y 12,3% respectivamente. En términos reales la recuperación ha sido por lo tanto diferente para las distintas actividades. Es una situación que se repite en los tres últimos años, ya que el aumento de salarios en el gobierno central supera el de los restantes organismos públicos en aproximadamente un 11% (50% de incremento contra 35%).

SALARIOS PRIVADOS. Mirando la tendencia de los tres últimos años también se registran diferencias en la evolución de los distintos sectores de la actividad privada. En el Cuadro adjunto se pueden observar, para las principales categorías agregadas, lo que fueron las variaciones reales de salarios en diferentes períodos. Se comparan promedios de períodos largos en lugar de meses puntuales para evitar fluctuaciones circunstanciales. En la primera columna se muestra la variación del promedio del primer año de convenios salariales (doce meses a junio del 2006) contra el promedio de lo que se considerara como período base (los doce meses a junio del 2005). En la segunda, se muestra la variación del año siguiente y en la tercera se promedia el segundo semestre del 2007 y se compara con el promedio del mismo período el año anterior. Finalmente, se muestra la variación de enero del 2008 contra el mismo mes del año pasado.

El ritmo de crecimiento promedio para el sector privado ha sido sostenido, entre 4% y 5% en los diferentes períodos de comparación. Sin embargo, hay diferencias notorias entre actividades. La industria manufacturera por ejemplo, venía registrando incrementos reales superiores al promedio del sector privado pero en enero revirtió esta situación. ¿Quiénes son los que aumentan más que el promedio? En el último año se destacan los aumentos ocurridos en la actividad comercial, hotelería y restaurantes y en la atención de la salud.

Si bien la industria ha marcado las variaciones más cercanas al promedio, los diferentes sectores que la componen muestran comportamientos disímiles. Son las industrias más intensivas en materias primas las que registran mayores incrementos: alimentos, plásticos y metalúrgicos. Esto hace pensar que la evolución del precio internacional de las materias primas y de los productos que con ellas se generan ha permitido una mejora en los salarios involucrados en dichas actividades.

Esta realidad internacional, con fuertes cambios de precios relativos, hace que la distinción tradicional entre sectores de bienes y servicios transables y no transables no sea suficiente. Dentro de los transables hay una realidad muy distinta según lo que les toque vivir en materia de precios finales y la intensidad en mano de obra que requiera el producto final. Si los salarios aumentan en forma generalizada, entonces el costo de la mano de obra en dólares aumenta en forma similar para todos los sectores y el impacto sobre la competitividad no será parejo.

El salario promedio en dólares ha aumentado fuertemente desde que se iniciara la recuperación de la crisis. El aumento ha permitido que su medición en enero sea similar al promedio del año 1999, de acuerdo a lo que muestra el Gráfico Nº 2. Llegado este punto, y ante un escenario internacional muy incierto para los próximos años, surge la señal clara de la necesidad de dotar al mercado de trabajo de mayor flexibilidad para no impactar en el nivel de actividad.

EFECTO FONASA. La evolución comparativa del salario nominal y del salario líquido en enero permite concluir el impacto que ha tenido sobre la masa salarial promedio la reforma de la salud. La diferencia entre los dos índices del INE es que el salario líquido descuenta los aportes jubilatorios personales, los aportes personales al seguro de salud y el aporte al fondo de reconversión laboral. A partir de enero, también considera el descuento adicional que se creó junto al Fonasa en la reforma del sector salud.

El Gráfico Nº 3 es elocuente en cuanto al efecto del mayor impuesto. El valor de la línea refleja la variación en el mes del conjunto de impuestos sobre el salario líquido que reciben los trabajadores. En tal sentido, los valores oscilan entorno al cero si no hay modificaciones en las tasas de los impuestos. Un valor positivo implica aumento de impuestos y uno negativo refleja la reducción.

El aumento del salario nominal promedio de enero fue del 6,84%, mientras que el salario líquido que recibieron los trabajadores aumentó en promedio 5,6%. Esto determina un impacto impositivo de 1,2%. Este aumento promedio de los impuestos sobre el trabajo tiene impacto distinto a nivel de los individuos, según las prestaciones que le brinde el nuevo sistema de salud: hay personas y sectores que reciben beneficios que antes no recibían y otras que simplemente pagan más impuestos.

Esta variación entre los índices trae a la discusión otro tema que generará polémica. Si la inflación sigue baja y la recaudación del BPS se sostiene: ¿cuál será el criterio para ajustar las pasividades dentro de un año?

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