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Destrucción creativa en la industria

JORGE CAUMONT

La semana pasada El País recogió declaraciones del ex subsecretario de Industria sobre la intención del Ministerio de implementar "políticas industriales activas" para estimular a ciertos sectores. El jerarca ha indicado que "éste va a ser uno de los temas más importantes" de 2008 para la cartera y es uno de los lineamientos propuestos en la Memoria Anual del gobierno, enviada al Parlamento. Ha agregado que "no se excluye como herramienta al subsidio" pues es una más de las que pueden aplicarse.

Varias son las definiciones de política. En nuestro contexto no es la de Maurice Duverger que dice que es una lucha entre individuos y grupos para conquistar el poder y usarlo en su beneficio. La que sí cabe en las declaraciones del jerarca tiene un sentido ético cual sería la de la disposición del Ministerio a actuar utilizando el poder público para lograr objetivos que beneficien a la sociedad en su conjunto.

No se encuentra en la literatura económica definición de "políticas industriales activas". Aunque, innovando, se ha usado el adjetivo "activas", generalizada e innecesariamente en el ámbito laboral desde que el alto desempleo en la España de los setenta provocara reclamos sindicales. Pero no se conocía adjetivar de ese modo también a la política industrial. En Argentina, durante el gobierno del Frepaso se han implementado medidas, calificándolas como "activas", que procuraban corregir distorsiones provocadas por el desajuste de variables macroeconómicas que alteraban la competitividad de algunos sectores manufactureros. Pero lo cierto es que, de la propia definición de "política" -en el sentido ético señalado-, emana el sentido de su propósito que es el de fomentar la producción para beneficio de la sociedad. En otras palabras, basta con indicar que se empleará tal o cual política industrial para darle el sentido que innecesariamente se busca enfatizar con el adjetivo mencionado. Suena bien transmitir el propósito de llevar adelante "políticas industriales activas", pero no agrega nada a lo que realmente ya se procura con el empleo de una política determinada.

POLÍTICA INDUSTRIAL. Los aranceles a la importación, los impuestos a las exportaciones, los subsidios a éstas o a las producciones de cierto sector, las exoneraciones de impuestos por inversiones, los tipos de cambio diferenciales por tipo de producto y otras medidas por el estilo -a tasas altas, bajas o inexistentes-, constituyen los instrumentos de la o de una política industrial. Ya su naturaleza da la impresión o implica una acción en el sentido de desear algo que puede o no, ser beneficioso para la sociedad en su conjunto. Podría, para un público desprevenido, parecer que el subsidiar, por ejemplo, a un sector específico que se calificaría como una política industrial "activa", es una preocupación justificada del poder público por brindar mayor beneficio para el sector involucrado con ventajas además, para la sociedad toda. Pero lo que es necesario indagar, es si el conjunto de los efectos económicos que tiene tal o cual instrumento, tanto si se aplica generalizadamente como particularmente para la producción de determinado sector manufacturero, es realmente un paso adelante en el beneficio general del público. Y es en ese aspecto en el que se deberían enfatizar las propuestas de instrumentos de una política industrial, mucho más que en brindar la impresión que por ser "activas" serán buenas.

DISTORSIONES. Los instrumentos de política industrial indicados pueden o no alterar el funcionamiento de los mercados pues podrían constituirse en distorsiones sobre las señales que ellos envían y que son, probadamente en la mayoría de los casos, las que deben guiar las inversiones o desinversiones. Si un sector deja de ser competitivo porque en el mundo los competidores por diversas razones son más eficientes, como en el caso de los textiles japoneses en los cincuenta o los surcoreanos en los ochenta o los tailandeses en los noventa, esas industrias desaparecen, la desinversión se concreta y la nueva inversión busca los sectores que las señales del mercado le inducen. Japón abandona los textiles para pasar a producir bienes cada vez más sofisticados tecnológicamente; Corea del Sur igual y también Tailandia. Lo mismo se puede decir de Hong Kong, de Taiwán, de Singapur primero y luego de Filipinas, Malasia e Indonesia y seguramente de a poco observaremos esa misma dinámica en China, en Vietnam y en otras naciones por el estilo. La desinversión en sectores no competitivos frente a los externos no es algo malo sino que por el contrario, es algo necesario en una sociedad que desee avanzar y que para ello se aparte del voluntarismo industrial -siempre ejercido por el Estado- y se interne en el dinamismo del cambio productivo que provoca la competencia. Ni más ni menos que el concepto de la "destrucción creativa" de que nos hablaba Schumpeter.

Otra perspectiva es cuando, reconociéndose la inconsistencia entre las políticas macroeconómicas -como ocurriera en la Argentina del Frepaso-, las distorsiones que introduce esa inconsistencia llevan a soluciones de "segundo mejor": si algo te castiga es bueno imponer otra medida también "mala" para otros, para compensarte. ¿Es que estamos en esa posición? ¿Hay inconsistencia en la política macroeconómica que lleva a que como esa situación es tan perjudicial para unos sectores manufactureros como transitoria en el tiempo haya que aliviar su situación mientras no cambie?

Los instrumentos que se manejan para implementar "políticas industriales activas", subsidios u otras medidas similares según el ex jerarca, distorsionan el funcionamiento de los mercados. Provocan alzas de precios o disfrazan costos mayores de producción que el valor de mercado de lo que se produce; brindan ganancias extraordinarias a quienes participan en el sector -propietarios y trabajadores-; inducen traslaciones de ingresos del público, generalmente menos pudiente a ellos o de los contribuyentes de impuestos, tampoco necesariamente justificables ya que toda la sociedad paga impuestos. Y, sobre todo, generan un costo escondido para el país por inducir producciones usando recursos a un costo mayor al del valor de mercado del bien producido o porque impiden -como en el caso de los impuestos a las exportaciones- que se produzca tanto como lo que es posible producir con eficiencia internacional.



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