El negocio más viejo del mundo

| En muchos sentidos, la industria del sexo pago es muy parecida a cualquier otra actividad

Es demasiado fácil convertirse en un alma perdida en Nueva Orleans. La reunión anual de la Asociación Económica de Estados Unidos realizada el pasado mes de enero fue parte de un inmenso encuentro de científicos sociales, extendido por toda la ciudad. Cada sitio era a su vez un laberinto de salas de reunión. En caso de equivocar el camino, algún interesado en asistir a un simposio sobre salario mínimo inocentemente podía terminar en una sesión de una conferencia dedicada al mercado del sexo pago.

La atracción estelar aquí fue Steven Levitt, un profesor de economía de la Universidad de Chicago y coautor de "Freakonomics", un best seller. Levitt presentó conclusiones preliminares (1) de un estudio realizado con Sudhir Venkatesh, sociólogo de la Universidad de Columbia. Su estudio de la economía de la prostitución callejera combina informes de arrestos oficiales con datos sobre 2.200 "tricks" (transacciones), reunidos por Venkatesh en cooperación con trabajadoras del sexo en tres distritos de Chicago.

Los resultados son fascinantes. Casi la mitad de los arrestos por prostitución en la ciudad se realizan en sólo 0,3% de sus esquinas. El negocio se concentra en muy pocos lugares porque las prostitutas y sus clientes tienen que poder encontrarse. Los ingresos son elevados comparados con otros trabajos. Las trabajadoras del sexo reciben entre U$S 25 y U$S 30 por hora, aproximadamente cuatro veces lo que podrían ganar fuera de la prostitución. Pero esta prima salarial parece muy escasa considerando el estigma y los riesgos inherentes al trabajo. El sexo sin preservativo es la norma, por lo que la probabilidad de contraer una enfermedad de transmisión sexual es elevada. Levitt calcula que las trabajadoras del sexo sufren un ataque violento una vez por mes. El riesgo de acciones legales es bajo. Las prostitutas tienen más probabilidades de tener relaciones sexuales con policías que ser arrestadas por ellos.

Las estrategias de precios son similares a las de cualquier otro negocio. Las tarifas varían de acuerdo con el servicio provisto y las prostitutas maximizan las ganancias segmentando el mercado. Se cobra a los clientes de acuerdo a su posible capacidad de pago; pagan más los clientes blancos que los negros. Al negociar los precios las prostitutas hacen una oferta a los clientes negros, pero piden una oferta de un cliente blanco. Hay algunas anomalías. Si bien los precios aumentan con lo arriesgado de un acto, la prima que se cobra por no usar preservativo es mucho menor que la que aparece en otros estudios. Y las prostitutas atractivas no obtienen tarifas más elevadas.

Por casualidad, los autores pudieron estudiar los efectos de un shock de demanda. Al reunirse la gente para las festividades de la fecha de la independencia norteamericana, el 4 de julio, alrededor de Washington Park (uno de los barrios estudiados), la actividad aumentó alrededor del 60%, pero los precios sólo subieron 30%. El mercado pudo absorber esta alza en la demanda, en parte por una oferta flexible. Las prostitutas del lugar trabajaron más horas y las de otros lugares fueron atraídas por la demanda. También hubo mujeres que no son prostitutas habituales, pero que estaban dispuestas a trabajar por los salarios más elevados ofertados temporariamente.

Una conclusión controvertida es que a las prostitutas les va mejor cuando tienen proxeneta: trabajan menos horas y tienen menos posibilidades de ser arrestadas por la policía o molestadas por miembros de bandas. La presentadora del trabajo en la conferencia, Evelyn Korn, de la Universidad de Marburg, en Alemania, dijo que su resultado favorito del estudio es la conclusión de que los proxenetas pagan "salarios por eficiencia". En otras palabras, pagan más que la tarifa mínima solicitada por las trabajadoras del sexo para atraer, retener y motivar al mejor personal. Levitt dijo que unas cuantas prostitutas pidieron a los investigadores que les presentaran proxenetas.

Otro trabajo (2) sobre trabajadoras del sexo en Ecuador se hace eco de algunas de estas conclusiones. Al igual que en Chicago, el mercado de sexo pago en Ecuador tiene niveles: las trabajadoras de prostíbulos con licencia ganan más por hora que las prostitutas callejeras sin licencia. Estos niveles reflejan gustos distintos: las trabajadoras de prostíbulos tienden a ser más jóvenes, más atractivas y con mejor educación. También tienen menos probabilidades de contraer enfermedades de transmisión sexual. El uso de preservativos es la norma; 61% de las prostitutas callejeras lo usaron en las transacciones previas. En Chicago sólo se usaron en un cuarto de las transacciones.

LOS CLIENTES. Estos estudios contribuyen a comprender a las proveedoras de sexo pago, pero dicen poco de sus clientes. El organizador de la sesión, Taggert Brooks, de la Universidad de Wisconsin, intentó cubrir este vacío en el conocimiento. Echó luz sobre la demanda en la industria del sexo en su análisis (3) de hombres que frecuentan clubes de strip-tease. Sostuvo que los habitués de clubes con bailarinas desnudas o semidesnudas buscan "casi sexo", una experiencia de intimidad en vez de satisfacción sexual. Son conscientes de que se ofrece sexo pago en otras partes si lo desean.

Los habitués de clubes de este tipo suelen tener educación universitaria (cuando dijo esto hubo ruido de hombres que se acomodaban en sus asientos), son proclives a haber tenido una enfermedad de transmisión sexual y a haber alterado su conducta sexual por el sida, en porcentajes superiores a quienes no frecuentan este tipo de establecimiento. En general son hombres solteros, relativamente jóvenes (desmintiendo el estereotipo de hombres viejos y casados) y caracterizados como "buscadores de sensaciones fuertes".

Si bien todos los que hablaron en la sesión se cuidaron de sacar conclusiones definitivas de datos preliminares, aparecieron sin embargo algunos temas generales. En muchos sentidos, la industria del sexo pago es muy parecida a cualquier otro negocio. Las estrategias de precios son parecidas a las de otros ámbitos. Las evidencias de una actitud miope respecto del riesgo en el sector tienen su correlato en los abundantes ejemplos que se ha visto de ello recientemente en la industria financiera. La ilegalidad y la falta de normativa tienden a aumentar los riesgos de la salud pública. El estudio de Ecuador concluyó que un control policial riguroso de la prostitución callejera podría limitar la diseminación de enfermedades de transmisión sexual al dirigir a las trabajadoras del sexo a los ambientes más seguros de prostíbulos con licencia. La audiencia, que se enfrentaba a una noche lejos de casa en la ciudad más permisiva del país, tuvo mucho para considerar.

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